domingo, 31 de diciembre de 2006

VASOS Y BESOS


Hoy será una noche para alcoholizarse y bailar…
Gran fiesta gran en el country con fuegos artificiales, champán y dj. Corre el rumor de que, como corolario del festejo, cada familia deberá encender un globito aerostático y volarán todos juntos a modo de saludo fraterno. Por las dudas ya cerré las ventanas y tengo agendado el teléfono de los bomberos.
Me costó, pero al fin logré elaborar la lista de metas para el próximo año. Obviamente, más de la mitad quedará tan sólo en buenos deseos. Peor es nada.
1) Vacaciones en Brasil
2) Terminar los Etudes Techniques pour le Piano de Liszt, cuaderno No. 1 (ughhh!)
3) Comprar una agenda nueva
4) Coger y acabar, coger y acabar
5) Ir mucho al teatro
6) Aprender a manejar
7) Depilación definitiva (esto debería ir primero en la lista)
8) Ser más tolerante
9) Comprar un cuadro para el dormitorio
10) Llegar viva al 2007
Muchas felicidades para todos!!!

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Histerico

Ahora pienso que tal vez sólo estás jugando y eso me angustia por demás. ¿Por qué ilusionarme al pedo? ¿Qué ganás? ¿No es mejor decir lo que querés decirme claramente en lugar de apelar a mis actitudes con un “qué pasó”, “hoy no te veo bien, te noto rara”, “por qué no me mirás a los ojos”…? No quiero más este tironeo. ¡Basta! Si me querés besar, besame. Si me querés tocar, tocame y listo.
Mi doctor está cada vez más cariñoso y eso me fascina. A veces habla despacito, onda murmullo, y me da órdenes suavecitas: “Ponete boca abajo, mi vida”, “No, ¿por qué tan lejos? Vení más cerca mío, amor”. Todo eso mientras me toca la cola “con gasa interpuesta”. Pero no avanza. Y a mí no me alcanza con eso. Sufro pensando que se terminan las sesiones y no nos veremos más. ¿Por qué me hacés esto?
La semana pasada me saludó con un beso fuerte y sonoro en la mejilla, abrazo incluido y un “Chau, hermosa”. Me morí.
Me pregunto, ¿cuáles son mis probabilidades con este nabo que no se decide?
Debo pedir opiniones autorizadas.

martes, 26 de diciembre de 2006

I may be going to HELL

but at least all my friends will be there.

Me duele la cabeza. No tengo ganas de escribir.
Ayer me enteré que las hijas de H van a instalarse en casa la próxima semana. Por cuatro o cinco días, creo. Nadie me pregunta si estoy de acuerdo, aparte siempre soy la última en enterarme.
La noticia me quitó el apetito.
¿Anti-regalo de Navidad?

lunes, 25 de diciembre de 2006

Kala Christouyenna!

Noche Buena sin familia y con amigos. Así decidimos que sería este año.
H rechazó amablemente la invitación de su cuñada que cocinaba un lechón desde la mañana y yo, por primera vez, le dije “No” a mi papá. Esta vez quisimos hacer algo distinto.
Llegamos a eso de las 20:30 hs a la casa de Morena, en Martínez. Los chicos todavía estaban en la pileta y aprovechamos el momento de distracción para esconder los regalitos. Al rato vino Vivian envuelta en una toalla, con Juli en brazos. Saludó y subió rápido a bañar a las nenas.
De a poco iban asomando todos los integrantes de la familia, recién bañaditos y con olor a limpio. El perro casi me come. Incapaz de imaginar que esa carita de peluche aterciopelado escondía un feroz demonio escapado vaya a saberse de dónde, me acerqué para hacerle un mimo y por poco me descuartiza. Inmediatamente lo ataron bien lejos, aunque no dejó de ladrarme y mirarme mal.
El marido de Morena, desde el quincho, pedía a gritos la sal gruesa para el asado que iba a demorar todavía un par de horas.
Iara me llevó a recorrer la casa y nos perdimos en un laberinto de corredores, baños y altillos. Al rato, se nos sumaron los demás chicos que ya empezaban a preguntar “¿Cuándo comemos?” Viéndolos jugar tuve así como una nostalgia de mis Navidades de niña, cuando el misterio de Papá Noel no me dejaba dormir e ideaba planes estrambóticos para atraparlo in fraganti.
La comida estuvo riquísima. Me empaché de tabule y provoletta y me mantuve firme para que H no mezclara cerveza con vino blanco, tequila y champán como suele hacer si nadie lo detiene. A propósito, mi maridito tenía el papel estelar de Papá Noel y a medianoche hizo su aparición sorpresiva por el balcón terraza que da al fondo, portando una gigantesca bolsa de regalos ante la mirada de estupor de los niños que, una vez más, se quedaron con las ganas de saber cómo, dónde, cuándo… Iara murmuró “Pero acá falta alguien…” y Vivian la pellizcó con fuerza para acallarla. “¡Sos botona, nena, callate la boca!”
El reparto de regalos fue obviamente bastante agitado y se complicó cuando descubrimos que Francis había pisado caca de perro y la repartía generosamente por toda la casa sin parar por ello de abrir sus numerosos obsequios. Matías ya tenía preparado el arsenal de fuegos artificiales y nos esperaba en la calle para prender la mecha. Casi cuarenta minutos de petardos, cañitas silbadoras, chasqui boom y estrellitas. El vecino de al lado intentó hacernos la competencia, pero nosotros teníamos más.
Finalmente nos reunimos para continuar la comilona. Pan dulce, turrones, frutas, más champán y tequila. Y a las cuatro de la mañana, alguno pidió mate.
Fue una linda noche. Y no nos quedamos con culpa por haber renunciado a nuestras familias esta Navidad.

sábado, 23 de diciembre de 2006

Diamonds

Hay dos maneras de difundir la luz… Ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.
(Lin Yutang)


viernes, 22 de diciembre de 2006

BLANCA NAVIDAD


Para variar, dejé los regalos para último momento y ahora no consigo nada. En el shopping no se puede ni caminar. Una señora que corría de un local a otro con navideña desesperación, perseguida por dos mocosos mal educados (probablemente sus hijos), me embistió brutalmente y en segundos me encontré inmersa en una maraña de bolsas y bolsitas soportando improperios (para nada navideños), como si yo hubiera querido detener su loca carrera consumista. Como pude, emergí del desastre. La dejé hablando sola mientras recogía sus incontables paquetes. ¡Anda a la con… de tu hermana !)(/$·(&/·$@¿?%&= !!!!!!!
Entré a un local de Kosiuko a preguntar por una mini de jean. La vendedora prácticamente me ladró cuando le pedí un talle más grande que el de vidriera que parecía ropa de muñeca. Di dos vueltas completas al shopping, de un lado y del otro, y finalmente me probé una remera en Ona Saez (que no pensaba comprar) sólo para darme el lujo de descansar cinco minutos en ese espléndido sofá de cuero negro. Ahhh!!
H apareció dos horas más tarde con una bolsita que me pareció muy vacía. “Mirá, ¿te gustan? Me compré unas ojotas.” (sin comentarios…) Dos horas para comprar un triste par de ojotas. Y todavía faltaba la excursión al Mundo del Juguete, objetivo: La fábrica de Tattoos para su hija y un exponente de los Power Rangers para su sobrino. Renuncié al privilegio de inspeccionar los juguetes para dedicarme a chequear mis sms. Un mensaje muy cariñoso de mi esteticista saludándome por la Navidad y otro de mi hermana preguntando cuánto tiempo se cocina el peceto para preparar Vitel Toné.
Al rato volvió H con sus costosas adquisiciones infantiles asegurando que éste es seguramente el último “juguete” que le compra a su hija próxima a cumplir 10 años. Eso espero.
Intenté canjear un ticket de compra por la botella de champán que ofrecían como promoción. La cola era kilométrica y se murmuraba que ya se había acabado el champán. Dolor de cabeza y ganas de respirar aire puro.
Todavía quedan regalos por comprar pero me fallan las fuerzas. Mientras caminamos despacio hacia la salida, no puedo evitar sonreír al escuchar la voz de Sinatra…

I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know
Where the treetops glisten
And children listen
To hear sleigh bells in the snow…

The King is dead. Long live the King!

Hoy descubrí que mi vida está superpoblada de ALEJANDROS.

jueves, 21 de diciembre de 2006

Confort + Vida sedentaria = CELULITIS

Ni bien me instalé en el country, me atacó la celulitis. Es la pura verdad. Fui presa fácil del sedentarismo. Entonces supe que el ritmo de la ciudad me mantenía firme, lisa y flexible y extrañé mucho todo aquello y odié mucho esta saludable vida de campo que un día se metió con mis piernas. Decidí ponerle un corte y sin dudar pedí un turno en el Beauty Center que está a pocos kilómetros de casa.
Conocí al médico, que resultó ser “el cirujano plástico del barrio”. Con no poco orgullo comentó al pasar que había operado a casi la totalidad femenina de los countries de la zona. Entonces traté de evocar mentalmente el tamaño de las tetas que pueblan mi barrio, sólo para constatar la veracidad de su afirmación.
Tuve suerte porque mi caso no revestía una gravedad tal que hubiera que recurrir a métodos drásticos como la liposucción o laserlipólisis. (¡Me encantan estos términos!) Con unas cuantas sesiones de… (enumerar las fases del tratamiento resultaría en extremo tedioso) sería suficiente para recuperar el aspecto lozano de la piel.
Si hasta entonces había mantenido sólo un trato ocasional con mis vecinas “mujeres-de-country” aquí, en el Beauty Center, encontré a la creme de la creme, un abanico de personajes realmente de temer. Conchetas putarracas rellenas de botox e implantes. Me sentí sapo de otro pozo y de golpe tuve un flash de Inesita, el personaje de Gasalla. Obsesionada con mi celulitis incipiente no podía evitar observar los estiramientos patéticos de caras sexagenarias, labios inflados de colágeno a reventar (¿se acuerdan de Raquel Mancini?), tetas ultra voluptuosas (los dibujos de Manara, un poroto…), rostros que de tanto botox han quedado irremediablemente asombrados…
Entré muy tímida al consultorio. Sobre el escritorio del médico, se apilaban las curiosas lolas de silicona, de todas formas, texturas y tamaños. Las toqué y apreté. Las sigo tocando y apretando cada vez que voy y fantaseo con esa sensación impúdica de saber cómo será… tal vez…
Con la primera sesión se me quitó el miedo. Temía al dolor pero no lo hubo. Sólo cinco minutos de pinchacitos como de mosquitos y ya está. Después hay que esperar que se vayan los puntitos rojos que, en mi caso, tardan varios días en desaparecer.
El médico es muy simpático. Normal, lindos zapatos, nada del otro mundo pero tiene un atractivo peculiar que no sé cómo definir. Lo voy a observar mejor. Por ahora sólo reparo en sus actitudes galantes, como cuando me da la mano para bajar de la camilla sin que yo tome conciencia de ello hasta que me tiene agarrada. ¡Faltan hombres así! Me pareció que el otro día se puso un poco nervioso cuando me desvestí, no sé, se le caían las cosas de las manos y no encontraba lo que buscaba… Cuidado, doc. Se ha convertido usted en mi nuevo foco de atención.
Cómo gozo al ver las caras de sorpresa de mis vecinitas preguntándose qué voy a hacer al consultorio del cirujano. Ay esssha, tan flaca… ¿Qué se estará haciendo?
Volveré y seré millones. El Beauty Center es casi una adicción.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

CONFESSION

Se encontraron en el cyberespacio por esas cosas del destino. O tal vez lo buscaste. No sabías que era él. ¿O sí? De todos modos, lo hubieras averiguado en seguida. Unas pocas palabras bastaron para revelar su identidad. La tuya permanecía en el misterio más absoluto. Mentiste para crear el juego -tu juego- tejiendo una telaraña en la que muy pronto quedaste atrapada. Y también él. Imposible desprenderse. Imágenes sin rostro y un sexto sentido que le permitía percibir cada emoción en tu silencio, arrancarte las palabras que morías por decir y obligarte a permanecer horas sentada frente a la pantalla estremecida por un diálogo que crecía en intimidad y pasión. Él reclamaba y vos rehuías, dilatando un encuentro que nunca se haría realidad. Hubo peleas, risas, confidencias, excitación y enamoramiento. Pero vos querías un amigo “especial” y él, una mujer. Llegó un día en que no pudiste prescindir de sus palabras mas el miedo a descubrir la trampa era muy grande, al punto de intentar una separación forzada, desaparecer imprevistamente sin importar su desesperación y sus ganas de saber. Él insistió. “¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué huís de mí?” Y cediste. Pero ahora querías algo más. Ya no se trataba de un simple juego de seducción. Querías que hurgara en tu alma laberíntica, abrir tu corazón y descubrir tu verdad. Tal vez entonces comprendería. Te sumergiste en un crescendo de emociones y dolor. Tu mente acongojada no resistió la presión de sus reclamos y al fin el misterio fue develado. Confusión y entendimiento. Sorpresa, desconcierto y decepción. Arrepentimiento. Vergüenza. Y el ocaso precipitándose como una sombra sobre tu cuerpo anhelante. No hubo rencores, ni enojo, ni venganza. Sólo un prolongado silencio y el vacío inmenso. Nunca más sus mensajes titilando en la pantalla. Y entre ambos el fantasma de lo que no pudo ser.

martes, 19 de diciembre de 2006

¿HORMONAL?

Llevo dos horas haciendo el pedido de Coto por Internet y cada tanto chequeo compulsivamente mi casilla de email. Nada. Ni noticia. ¿Por qué tardan tanto tus respuestas? ¡NECESITO LEERTE YA!



Estoy terriblemente ansiosa. Y sigo comprando sin parar.

lunes, 18 de diciembre de 2006

LA VIDA EN "ALTOS DEL ORT.."

Los que decían que la vida de country es más barata que la de ciudad le pifiaron feo, o mintieron impunemente. Acá tenés que tener mínimo dos autos (o un tercero para que la mucama vaya a buscar a los chicos al colegio) y ya damos por hecho que no podemos vivir sin la mucama; ni hablar del jardinero, porque no en vano hemos comprado un lote de 1000 metros cuadrados y queremos verlo siempre mejor que el del vecino; para los chicos, colegio bilingüe y clases de hockey y natación; la señora de la casa desayuna en el spa, almuerza en el shopping y toma el té con las amigas en el Club House. La seguridad es de puertas adentro, aunque por aquí todavía vivimos “como en el campo” y nos podemos dar el lujo de ir a la verdulería y dejar el auto abierto sin miedo a que nadie toque nada.
La convivencia no es fácil. Aún subsisten algunos ejemplares de la clase enriquecida de los 90, los nuevos ricos que antes veraneaban en Saint Martin y ahora se conforman con una semana en Villa Gesell. Esos que estacionan el Mercedes frente a la suntuosa fachada de una casa estilo Dallas, pero que se quedaron sin mucama porque le adeudan cinco meses de sueldo y están a punto de embargarles la casa porque no pagan las cuotas del golf. También están los que trabajan de sol a sol sólo para mantener el estilo de vida que tanto les costó conseguir, que pagan puntualmente sus expensas pero apenas están en casa el tiempo suficiente para comer y dormir. La “clase alta” es minoría, aunque muchos crean lo contrario. Y también, al revés de lo que la gente piensa, mantienen un bajo perfil aunque con ese toque de distinción tan high society. Y después están los habitantes típicos, el Figureti que se anota en todas, la concheta hoy-entreno-con-mi-personal, el equipo de fútbol que pierde todos los partidos, las señoras “té canasta”, la organizadora de eventos “a beneficio” (nunca se sabe de quién), el que se la da de gran señor y es un grasa cualquiera, las amas de casa full time y los chismosos de siempre. Eso sí: todo es muy prolijo… y muy verde. Porque la regla número uno es “cuidar y preservar la naturaleza”. ¡A cualquier precio!

Detesto

- (con toda el alma) los pantalones chupin;
- que Ralph siga diciendo que por qué no quise ser su novia;
- la gente que aplaude el primer movimiento de las sonatas;
- hacer pis en un frasquito y que me miren cuando saco el frasquito y lo entrego para analizar;
- abrir el email y no encontrar tu respuesta;
- que una lata de atún de 300 gramos cueste más cara que dos de 170 gramos y la publiquen como oferta;
- los pies ampollados;
- la frase célebre de mi papá: “si antes no espicho”

domingo, 17 de diciembre de 2006

Y TODO A MEDIA LUZ...

No hay luz.
La tormenta nos dejó a oscuras por tiempo indeterminado.
Prendí velas y las distribuí estratégicamente por toda la casa. Incluso recurrí a las luces de emergencia made in China que compré en Coto el mes pasado, esas redonditas que se encienden pulsando sobre el “caparazón” y que dan una luz blanca bastante potente. Son simpáticas y sumamente prácticas.
Me pone triste estar sin luz.
H encendió la radio y ahora escucho la voz adormecedora de Nora Perlé: “Canciones son amores”.
Me duelen los ovarios. En la oscuridad no encuentro ni los tampones.
Hay cera derretida por todos lados.

Me voy a dormir.

Noche de premios

Es domingo.
Amaneció nublado.
Bah, “amaneció” es un decir porque abrí los ojos a las 10:40. Bastante temprano considerando que nos acostamos a las 4:00.
Ayer fuimos a la cena de entrega de premios del equipo de fútbol del barrio que salió subcampeón (en el torneo anterior porque en éste debieron conformarse con el último puesto).
Mi marido es uno de los pilares del equipo y tal parece, uno de los más queridos.
Hacía mucho calor.
Por suerte estaban Marian y Cris (mis únicas amigas en este barrio pedorro), de modo que nos sentamos juntas y aprovechamos para ponernos al día con los chimentos.
No había mucha gente. Se notaba la segregación entre el grupito de los “que se la dan pero no tienen con qué” y la plebe, o sea nosotros. No podía faltar Vanina con su cara avinagrada de “¿che, no sienten olor a caca?” luciendo, como siempre, algún modelito caro y exclusivo (eso sí, no usa perfume y huele a desodorante baratieri). Se pasó toda la noche charlando animadamente con la asquerosa de Clarita. Lástima que faltó my dear friend Susie para completar el trío. Ni siquiera se acercaron a saludar y al irse esbozaron a la distancia un pálido gesto de Reina Nacional de la Concha Frita, seguramente por miedo a contaminarse con la chusma en la cual me incluyo.
El ambiente era muy familiar. No daba ni ahí para ponerse en pedo y bailar semidesnuda arriba de una mesa. Cómo me hubiera gustado escandalizar un poco… y alguno que yo sé lo hubiera disfrutado en grande. Especialmente Marcelo, lástima que no vino. Sólo estaba su hijo, el del medio, que es el auténtico Figureti. Comió para el campeonato y se fue sin pagar.
La cena no fue nada del otro mundo. Falló un poco el menú: por bajar el costo del cubierto nos quedamos sin postre y al final ni música había. Pero el objetivo se cumplió. Repartieron los premios (a H no le tocó ninguna mención especial como otros años) y nos fuimos todos muy contentos cantando bajo la lluvia. Después de tanto calor parecía que del cielo caían enanos de culo.
Cuando llegamos a casa H descorchó un champú y lo disfrutamos charla mediante hasta empezar a decir incoherencias.
No hicimos el amor porque me vino y estaba en uno de los peores días. Lástima… Tenía ganas. La noche, el calor, el champán… todo parecía muy apropiado.

sábado, 16 de diciembre de 2006

SINTESIS

Con H(usband) nos casamos hace 3 años pero convivimos desde hace siete. Mejor dicho, hace unos siete años se instaló en mi departamento de San Telmo -trabajo de hormiga mediante- y no se fue más. Debo reconocer que es un divino, buen compañero, cariñoso, gran consejero, emprendedor, suertudo y un excelente asador. Me cuida como a un tesoro, “SU” tesoro. Y desde el primer día supo ocupar un lugar de privilegio en mi vida y en mi corazón.
PERO… (siempre lo hay)
H tiene dos hijas de su matrimonio anterior: Daughter1 (adolescente) y Daughter2. Pesadilla I y II continuadas.
No me soportan. No las soporto.
No me quieren. No las quiero.
Me ignoran. Las ignoro.
La historia es larga y difícil de resumir. Y los problemas con las niñas son de muy larga data.
H pugna porque sus hijas me acepten y, por supuesto, yo a ellas. Sueña con que seamos una familia al estilo “Flanders”, aunque a lo largo de estos últimos años parece haberse dado cuenta de que “los sueños, sueños son” y difícilmente se hacen realidad (adiós Alcoyana Alcoyana).
De una vez por todas: no tengo onda con ellas, no es cuestión de esforzarme por hacerme agradable o intentar compartir cosas, abrirles mi corazón y todas esas huevadas... lo intenté todo y nada da resultado. Desistí. Me declaro vencida y no me importa.
Empecé a ver a sus hijas con asiduidad (demasiada para mi gusto y necesidad) desde que nos mudamos al country. O sea, un motivo más para detestar esta vida verrrrde y natural que me tocó en gracia.
Antes H no les podía decir “Vamos a instalarnos al departamento de Menta”. En cambio ahora declara con inocultable orgullo “Vamos a la casa de papá” (que es más de Menta que de papá pero de eso ya nadie se acuerda…) y ellas sobreentienden que la casa es por defecto patrimonio hereditario y se comportan como si tal cosa. Organizan su fin de semana con amigas en MI casa (todos absolutamente todos los fines de semana llueva o truene), pijama parties con película de terror incluida y algún que otro cumpleaños (claro, cómo se iban a privar…)
El padre, chocho.
Y yo, la idiota útil a quien nadie consulta, encerrada en mi dormitorio llorando por enésima vez con Cinema Paradiso o taladrándole el cerebro a alguna amiga con mis penas de fin de semana.
Si me quejo, H se enoja.
“Vos no querés a mis hijas.” Y… la verdad… las quiero LEJOS!!!! Pero no me atrevo a decírselo. En realidad, cada día me estoy atreviendo un poco más. Llegará el momento en que pueda decirlo sin tapujos. Tampoco es cuestión de dejarle el corazón con agujeritos, pero sí aclarar de una vez por todas que no soy feliz de esta manera, que sus hijas invaden mis espacios y mi intimidad and I can’t stand it anymore.
Lo triste es ver cómo de a poquito se va desmoronando la pareja. Nos estancamos en esta cotidianeidad, no avanzamos y cada vez es más difícil liberarnos de la rutina.
Extraño mucho vivir sola en mi “departamentito”, como dice a veces H despectivamente. Porque ahí fui feliz, realmente FELIZ. Era libre de abrirle las puertas de mi casa (y de mi vida) a quien yo quisiera. Y al que no, ¡quedate afuera, acá no entrás! Y listo el pollo.
Ahora no puedo hacerlo. Aunque me muera de ganas.
Por suerte Daughter1 ya casi no viene. Hace planes con sus amigas del colegio, va a la matinée y se gasta en el shopping la plata que le da el padre. Pero por lo menos boludea por otros pagos. Fue duro soportarla pero lo peor pasó. Espero que más temprano que tarde Daughter2 siga el mismo rumbo.
Todo lo que digo debe sonar horrible, ¿no? Sólo quien ha pasado alguna vez por lo mismo será capaz de comprender…
Soy egoísta. H también lo es. Y sus hijas lo son más aún. Somos unos egoístas. Pero no somos ni seremos los “Flanders”. Not in this life!!

viernes, 15 de diciembre de 2006

Verde que te quiero verde


Hace casi 5 años me mudé al country. En plena crisis, la plata en el corral... Todavía no sé cómo logré pagar la casa. Era la apuesta a una vida de seguridad y confort que muy pronto se transformó en torbellino de disputas familiares, deudas y ansiedad. Principio y fin del sueño dorado.
Pese a todo, lo logré. Pero no sentí la euforia que me invadió aquella vez, cuando me mudé sola a mi pequeño departamento en Capital. Especialmente cuando el camión de mudanzas me depositó frente a la casa nueva con todos mis petates y mi guitarra voló por los aires al ser literalmente arrollada por “Barbie” en rollers. Escuché disculpas que se perdían a la distancia y contuve el llanto.
Que mundo distinto... Mucho lujo, mucho auto importado, mucho “espacio verde”… En el fondo, no es más que pura hipocresía. Realmente no logro sentirme parte de esto.
Yo era una chica independiente, un poco malcriada, llena de energía y feliz. Tenía una vida saludable, novio, amante, amigas de verdad y para salir de juerga. Ahora que senté cabeza, me casé y me mudé al country estoy cada vez más cerca del estereotipo de “ama de casa desesperada”. La vida saludable se transformó en cautiverio, el novio se convirtió en marido, el amante se borró y a mis amigas las veo en los cumpleaños de los chicos. (Los chicos de ellas porque yo aún no tengo hijos…)
Me siento sola en mi jaula dorada. Y también un bicho raro. ¿Le pasará esto a alguien más? Porque aquí todos parecen irradiar felicidad… Como en las publicidades que se ven en la ruta: “Un lugar para toda la vida”, “Una apuesta a la naturaleza”…
Es lindo despertarse a la mañana escuchando el canto de los pájaros. Lo malo es que no se escucha otra cosa. Y entonces me vuelvo a preguntar qué estoy haciendo acá. Dónde quedaron las noches en vela de vodka con naranja y cigarrillos Yves Saint Laurent (qué cursi), los domingos de paseo por la feria de San Telmo probándome por quincuagésima vez el mismo sombrero de terciopelo marrón y sin comprarlo nunca, las escapadas matinales a Eleven "todo x 2 pesos", las caminatas por la Costanera que siempre terminaban con un "chori con chimi" de parados (imposible resistirse) ...
Definitivamente estoy en el lugar equivocado. Esto no es para mí.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Bellos Cabellos



Cuando éramos pequeñas, mamá nos llevaba a mi hermana y a mí a la peluquería de Celeste. No era una peluquería de verdad: Celeste atendía a las clientas en su casa, una especie de petit hotel venido a menos con enormes escaleras de madera e innumerables recovecos y pasillos. Era una mujer mayor, italiana, vivía con el marido y sus dos hijos “cara de nardo”. El menú de cortes y peinados era harto limitado. A mamá le hacía la permanente-bien-tomadita y eso nos proporcionaba al menos cuatro horas para jugar con ruleros, “pinchitos”, peinetas y demás accesorios peluqueriles.
Para la Primera Comunión se esmeró con un peinado especial. Me sentó frente al espejo, el pelo repartido en mechones, y se aproximó con rollos de papel de diario y unas pinzas de metal que utilizó para retorcer los mechones. Olía a quemado y dolía. El resultado fue una montaña de bucles horripilantes capaces de resistir incólumes un misil antiaéreo. Como broche de oro, me colocó un moño blanco con piedritas y flores de nacar que mi mamá había comprado especialmente. Lo gracioso es que cuando terminó conmigo, descubrí que Claudia y Roxana (compañeras de colegio) hacían cola para someterse a las manos de Celeste. Me encantó que quedaran igual de pacatas que yo.
Más tarde decidí probar suerte en una peluquería muy moderna en el centro de Barracas, propiedad de un tal Marcelo Nosecuanto a quien nunca llegué a conocer. Me atendió una chica petisita llamada Patricia que, en opinión de la asidua clientela, era un as en el arte de interpretar el corte que una deseaba. Sólo que no interpretó mi deseo de una permanente suave, con ondas grandes y voluptuosas. Luego de dos horas de tortura oliendo a amoníaco y vaya a saber qué más, mi cabeza ostentaba una maraña de rizos pequeñitos, como resortitos que se estiraban hasta alcanzar el triple de longitud para volver indefectiblemente a su estado ruloso original. Creí morir. No daba crédito a lo que veía. ¡Mi cabeza era un afro total! Patricia me dijo: “Para mantener bien los rulos, ponete todas las noches la crema tal con placenta de tortuga. ¡Quedaste divina!” Imposible disimular mi cara de odio y frustración (ojalátequedenasílospelosdetuchacon). Quería volver a casa y esconderme. Paré en el kiosco a comprar una gomita para atarme la abultada melena. En el intento, la gomita se rompió y entonces no pude aguantar el llanto. No sé cómo llegué a casa. Grité, pataleé, lloré y volví a gritar. Nada aflojaba los rulos, ni las cremas, ni el peine fino, imposible hacer un brushing…
Mamá dijo sabiamente: “En unos meses te va a quedar como vos te gusta.”
Al fin un día conocí a Amílcar. Él me entiende, me cuida, me corta divino y siempre dice “Sos mi musa”. No permito a nadie más meterse con mi cabeza. A él me entrego en cuerpo y alma. “Amil, soy tuya, haceme lo que quieras”. Y él hace y deshace, corta, plancha, peina, enrula… y siempre queda bien. Cómo te adoro, Amílcar. Él tan lindo, encima tiene ojos claros y es re piola. Aunque también es re gay y eso me re calienta.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

IMAGENES RETRO


Extraño fumar. Extraño muuuuucho fumar…
Extraño las noches de larga charla con las “jabrus”, alcohol mediante.
Extraño esperarlo despierta buena parte de la madrugada para gozar en sus brazos tan sólo instante… y después cada cual a lo suyo.
Extraño mi vida solitaria de mujer sola. Odio mi vida solitaria de mujer casada.
Extraño viajar colgada en el 60, conciente de urgencias, de olores, ritmos y tactos.
Extraño el tostado de árabe-jamón-queso-y-tomate-con-mayonesa del bar de Dany, comido a las apuradas en el cambio de horas.
Extraño besos húmedos y caricias atrevidas. Odio engañarme a mí misma pensando que volverá.
Extraño asarme bajo el sol, recostada en la terraza, mientras pulula sobre mi cabeza el helicóptero de la policía y yo en bolas total.
Extraño esa noche de verano, de tu mano por las calles del Centro, creyendo tontamente tus palabras de amor.
Extraño ese tiempo pasado que siempre fue mejor.

martes, 12 de diciembre de 2006

FORGIVE AND FORGET

A los 9 años me mandaron a la colonia de vacaciones.
A mis lágrimas y protestas se oponía el incontestable argumento materno: “Las hijas de Angelita van todos los años y la pasan de maravillas”.
El primer día, las hijas de Angelita me tiraron a la pileta y casi me ahogan.
Yo era el patito feo del grupo. O así me sentía. Mariana y Marité tenían ojos claros y eran tan pero tan lindas… Todos querían jugar con ellas, invitarlas a sus casas, convidarles coca-cola.
Me llevó un tiempo hacer amigos. Pero afortunadamente conocí a Anetta que muy pronto se convirtió en mi sombra. Éramos tan parecidas, teníamos tantas cosas en común, como almas gemelas… Compartíamos la ansiedad por escapar de la colonia y planeábamos huidas disparatadas. Me parece estar viéndola con su malla a lunares verdes y sus anteojos de sol demasiado grandes, dibujando con el dedo en la arena el mapa de la evasión.
El día de la competencia de natación decidimos hacer mutis por el foro. Nos escondimos en el baño y esperamos a que las demás nenas se fueran. Luego salimos y sigilosamente nos alejamos del radio de la pileta hacia lugares más recónditos. No encontramos escondite apropiado y nos parecía que huir del club no era la alternativa más aconsejable, previendo la consabida reprimenda de nuestros padres. En la disyuntiva, optamos por camuflarnos con el paisaje y fue así que pusimos en práctica nuestras innegables dotes de trepadoras de árboles. Anetta subió primero y yo la seguí. Llegamos bastante alto hasta encontrar una rama confortable donde aposentarnos. No sé cuánto tiempo estuvimos allí. Tampoco recuerdo bien de qué hablábamos. Sólo sé que al rato nos dio sueño y empezamos a cabecear. De repente escuché un golpe seco e instantáneamente el llanto agudo de Anetta que yacía despatarrada en el suelo y los anteojos de sol completamente aplastados. Sus gritos llamaron la atención de niños y profesores y en menos de cinco minutos nos encontramos rodeadas de una multitud vociferante que intentaba socorrer a Anetta y me señalaba con el dedo como si yo fuera la culpable del desastre. Tan asustada estaba que no atinaba a bajar del árbol. Me aferré al tronco con todas mis fuerzas y sólo después de varios intentos uno de los profesores logró sujetarme y bajarme con suavidad. Anetta hipaba vergonzosamente y yo pugnaba por contener el llanto ante las burlonas miradas de nuestros compañeros. Nuestros padres fueron notificados de inmediato, a Anetta la trasladaron al hospital más cercano y a mí me encerraron en la oficina de la Administración hasta que mi mamá viniera a buscarme. Imposible transcribir el rosario que me largó mamá esa tarde, los supuestos castigos que me esperaban… Creí que me iba a echar de casa. Pero preferí callar antes que traicionar a mi mejor amiga. Luego supe que Anetta (a quien la caída sólo ocasionó algunos rasguños) descargó su conciencia diciendo que todo había sido idea mía y que ella actuó obligada por la amistad y las circunstancias. Y ese fue el final de nuestra “amistad”.
La colonia terminó con un gran festival que incluía exhibiciones deportivas, danza, juegos y sorteos. Me tocó bailar una coreografía al son de “Sunshine reggae” enfundada en calzas brillosas color lila y polainas multicolores. Nunca supe bien si era parte del castigo por el “asunto del árbol”. Pero fue peor para mi hermano: desfilar ante cientos de personas disfrazado de Mario Baracus a la edad de 5 años puede resultar altamente traumático.