lunes, 30 de abril de 2007

El budín

Cociné un budín de pan con pasas absolutamente irresistible.

M: Probalo, está rico.
H: No me gusta el budín de pan.
M: Pero el mío es riquísimo. Es una receta familiar.
H: Tiene mucho caramelo.
M: No es cierto… Dale, probalo.
H: ¿Y las pasas?
M: Si no te gustan, sacalas.
H: Hum, bueno… Sí, está rico. (ñam ñam)
M: ¿Te sirvo una porción?
H: No… mejor después.

Hoy abro la heladera ilusionada con hundir la cuchara en mi súper budín y, completamente abatida, veo que queda menos de la tercera parte. Un pedacito insultante flotando en caramelo. ¿No era que no le gustaba? Grrrrr…
Empezó mal mi semana.

domingo, 29 de abril de 2007

Psycho Circus

Otra vez mi suegra que se invita sola a comer. Y no sólo a comer ya que aparece a las once de la mañana y se va en la combi de las siete. “Yo llevo el pan”, dice. ¡Qué caradura! Se empacha de asado, morcilla y lechón (ensalada no, porque a ella las verduras le caen pesadas) enfatizando lo sabroso que está el pan que a mi gusto es un masacote.
Para entretenerla un tiempo prudencial, preparo el mate y la dejo cebar a su gusto. Hace unos mates almibarados que perforan el hígado. Al cabo de cinco minutos los palitos de yerba flotan en el agua tibia y dale que va, le sigue echando azúcar como si nada.
Pensar que es un día precioso y, en vez de estar panza arriba tomando sol escuchando música en mi Ipod, me toca tomar mate dulce con mi suegra que no quiere asomar la nariz por miedo a que la coman los mosquitos.
Qué abulia, por Dios… Pongámosle un poco de onda.
¿Si le echo un poco de pimienta al café se notará? No, a ver si es alérgica y se hincha toda y hay que salir corriendo a hospitalizarla.
Para colmo el sobrino de H volvió lloriqueando de la cancha de fútbol y con la remera rota y embarrada.
-¿Qué pasó, Alejo?
-Me pegaron (hip).
-¡¡¡¿Quién te pegó?!!!
-Unos (hip) chicos.
-¿Por qué? ¡¡¿Qué pasó?!!
-Pe-pe-ro yo les pegué (hip) más fuerte.
-¿Por qué se pegaron?
-Ellos me di-di-jeron “boludito” y yo les di-dije “conchetos putos del orto, que me chupen la p…” (hip hip)
Caras de incredulidad y consternación. Pensar que el angelito apenas tiene 6 años...
No sirve de nada que la madre le lave la boca con jabón, que le impidan ver los Power Rangers y le corten el suministro de Coca-Cola. El pibe es de naturaleza pandillera. De buen corazón, eso sí, pero le sale el negro de adentro. No hay nada que hacer.
Y a mí, a este ritmo, me van a echar del country.

sábado, 28 de abril de 2007

"Tal vez" no entiendo

Resumen de la discusión de ayer por la noche:

H: Mañana voy a buscar a mi hija, ¿sabés? Tal vez se queda el domingo también porque la madre trabaja todo el fin de semana.
M: ¿“Tal vez” significa que “tal vez no se queda el domingo”?
H: Sí… se queda.
M: ¿Qué entendés vos por “tal vez”?
H: Bueno…
M: ¿Qué tengo que entender yo? ¿Qué todo esto es un plan premeditado para cagarme otra vez el fin de semana? ¿Cuándo va a ser el día que tu hija entienda que no es ella la que programa y nosotros los que nos acomodamos a sus caprichos?
H: Pero la madre trabaja todo el fin de semana. ¿Qué querés? ¿Qué se quede con la vecina?
M: “Esta vez” trabaja todo el fin de semana. ¿Y las demás veces qué? Si tu hija es siempre la organiza: “vení a buscarme el sábado, no mañana no puedo porque tengo un cumple, vení el domingo, llevame, traeme, haceme, comprame..."
H: Si tanto te molesta, andate.
M: ¿Cómo me voy a ir yo de MI casa? ¡La que no tiene por qué instalarse acá es tu hija! Quiero ser dueña de recibir a quien se me canta en MI casa. Y tu hija no me soporta, ni siquiera me saluda. ¿Me querés decir para qué carajo viene?
H: ¡Es mi hija y ésta también es mi casa!
M: TU casa y MI casa, pero no la casa de tus hijas. Sería bueno que lo aclares.
H: Vos no entendés que tengo dos hijas y las veo sólo los fines de semana.
M: Que son también mis fines de semana y da la casualidad que siempre están acá y no me queda otra que aguantarlas. Al final todo el mundo hace planes menos yo. Y cuando planean instalarse en mi casa yo me tengo que callar la boca.
H: Bueno, las cosas son así. Si no te gusta ya sabés lo que tenés que hacer.
M: ¡Por supuesto que lo sé! Que te siga bancando no quiere decir que no lo sepa y que no tome mis propias decisiones.

La conclusión es siempre la misma: la hija se instala todo el fin de semana (para colmo con una amiguita) como si nada importara, mi marido se va a dormir al altillo y yo empiezo a buscar un Ph en San Telmo con patio para el perro y me ilusiono pensando que "tal vez"...

El retorno del rey




Gracias, Sra. Tecnología, por tanta magia.

viernes, 27 de abril de 2007

Hace frío y estoy lejos de casa

Junio de 1987. Me fui de campamento a Tanti con el grupo misionero (supongo que era el nombre publicitario porque de misionero… ni la sombra). Yo no quería ir en realidad. Al principio sí pero después, cuando supe que viajaban Roxana, la turca, el bobo de Juan Manuel y la familia D en pleno, me arrepentí. Nadie me hizo caso. Subí al micro a regañadientes, mirando con nostalgia las caras emocionadas de mis padres que me saludaban como si me fuera al África. El micro estaba tan lleno que algunos tuvieron que acomodarse en el piso. Mamá había guardado un tupper con sanguchitos de pan lactal en la mochila. Mochila de mochilero, enorme, incómoda. La odiaba. Y aparte una bolsa para llevar mi almohada. (Sí, ya sé… Pero no puedo dormir sin ella, me da dolor de cabeza).
Después de incontables horas de lento traqueteo llegamos a destino. El camping era de lo más deprimente. Casi me largo a llorar cuando vi rodar la auténtica bola de pasto frente a mis pies. Desolación total. Y ya empezaba Elena D con su voz melosa Mamá Pata a dar órdenes solapadas: “Chicos, hay que armar las carpas”, “Chicos, no tiren las mochilas en cualquier lado”, “Chicos, a ver quien me ayuda a ordenar esto”…
Nunca en mi vida armé una carpa. ¿Trae manual de instrucciones? Esta soguita podría ir por acá, no mejor allá. ¿Y estos agujeritos para qué son? Ah, las estacas… ¿Las clavamos ahora o después? Y bueno… todo se aprende. Quedó bastante bien. Por lo menos resistió un par de días hasta que se voló el sobretecho.
Éramos alrededor de setenta chicos divididos en equipos de ocho o diez, un grupo de coordinadores y el matrimonio D supervisando, opinando y cuestionándolo todo. Estaban los chicos del San José, los más divertidos y revoltosos. Tendrían alrededor de dieciséis años. También estaban las “chicas grandes” de la parroquia, incluidas dos hijas del matrimonio D.
Mi grupo era el más heterogéneo. A algunas chicas ni siquiera las conocía y con otras no llegué a cruzar más que un hola-chau en los siete días que duró el campamento.
Había que levantarse al rayar el alba cuando Elena D tocaba el silbato (la primera vez nos levantamos descalzas para ser las primeras y nos enterramos en el barro con las medias de toalla) y, luego de desayunar, prepararse para alguna interminable caminata por las sierras cordobesas. Esto era lo peor. Caminar al rayo del sol durante horas esquivando montañas de bosta, el agua que se acababa minutos después de la partida al desatarse un ataque de sed de características místicas y entonces el coordinador que decía: “Chupá una piedrita, vas a ver que se te pasa la sed”. Y todos chupábamos piedritas hasta que al fin encontrábamos un triste arroyito de agua helada y cristalina y, cuando ya nos abalanzábamos a beber con desesperación, Elena D proclamaba a voz en cuello: “Cuidado chicos, que esa agua no sale de la canilla. A ver si se enferman”. Y entonces tomábamos con culpa o aguantábamos. ¡La p… que te parió, Elena!
Una noche el desafío fue cocinar guiso de lentejas. El nuestro fue el más rico aunque la gorda boluda de Eleonora no quiso ayudarme a picar cebolla porque decía que no soportaba el olor. Pero se comió tres platos de guiso y casi le pasa el pan al fondo de la cacerola.
A Raquel le dio un ataque de histeria cuando hicimos rapel y su arnés se trabó a mitad de camino y quedó boca abajo. Lloraba a grito pelado y alguien tuvo que bajar a socorrerla. Raquel, Rapel… Por un par de días no quiso salir de la carpa.
A la noche siempre nos reuníamos en torno al fogón. Alguien contaba chistes, bailábamos, cantábamos y había alguna que otra representación teatral. El cura prodigaba bendiciones a sus “pichoncitos” (así nos llamaba sin distinción de sexo ni edad) y recordaba que si encontraba a algún chico en la carpa de las chicas o viceversa, el castigo sería ejemplar aunque no óbice del que nos esperaba “allá arriba”.
Por fin transcurrió la semana y empezamos a armar las mochilas para el viaje de vuelta. Mi cara irradiaba felicidad. Toda la felicidad que no sentí esos amargos siete días en compañía de gente a la que esperaba no volver a ver jamás. Algunos lloraban desconsolados y otros ni siquiera disimulaban su indiferencia.
La última noche cenamos en Carlos Paz. Me despedí del grupo de taradas y me fui en compañía de los coordinadores y las “chicas grandes”. La pasé bomba. Compramos alfajores y regalos y comimos pizza por metro.
El viaje de regreso fue tan apacible que ni me enteré. Dormí a pata suelta y cuando desperté, estábamos a pocas cuadras del obelisco, rumbo a casa. Bajamos en la puerta de la parroquia con un olor a humo que apestaba, caras de sueño y muchas ganas de ver a nuestras familias.
E: Chau, Meri. ¿La pasaste bien?
M: Elena, no sé para qué preguntás. Sabés que la pasé para el orto.
Y fue la última vez que la vi. A ella y su caterva de hijos conchetos y maleducados. Fue mi primera y única experiencia en un grupo que se las daba de misionero y sólo hacían turismo barato. ¡Cómo odio los campamentos!

jueves, 26 de abril de 2007

Una de verduleros


-¿Qué más, patrona?
Odio a la gente que dice “patrona”. “Patrón” puede ser, pero “patrona” es inadmisible. Como los pendejos con uniforme de colegio que te encaran con un “Señora” y, para una que tiene treinta y pocos y se siente una niña todavía, ese “Señora” por más respetuoso que sea es un insulto de acá a Pakistán. Pero definitivamente “patrona” es peor.
-Deme un kilo de morrones.
-¿Son para la parrilla?
-No… ¿por qué para la parrilla?
Sin contestarme, el maleducado se dio vuelta y le dijo al de la caja “Pregunta por qué para la parrilla, jua jua juaaaaa…” Yo debo tener una muy evidente cara de boluda para que este insignificante verdulero de cuarta se ría en mis narices porque no entiendo el metamensaje de los morrones parrilleros. ¿Qué quiso decir con eso de “para la parrilla”? ¿Son más grandes, más chicos, más colorados, más parejos…? ¿Cómo merda son, me querés decir? ¿Por qué no me explica con su sabiduría de repollos y rabanitos cómo apreciar los morrones para la parrilla en lugar de reírse como un burro con esa dentadura podrida e incompleta?
No hay caso. Hay personas que nacen maleducadas e ignorantes y así se quedan. Se cree el muy capo repitiendo “¿Qué más, patrona?” con la birome en la oreja y las uñas llenas de tierra de días, semanas… Patético.
Sin mencionar que el cartel de precios reza “CEVOLLA : 2 PESO EL KILO”…

Goodbye puntos!

Gracias, doctor DB, me ha regalado usted una hermosa mañana de otoño. Para ser sincera, un poco de dolor sentí, no lo voy a negar. Pero todo muy soportable y me atrevo a decir… placentero.
Ahora, entre nos… A éste no lo vi en el quirófano. ¿Cómo es que no lo vi? Tan buen mozo y simpático y encima soltero. Haberlo conocido antes…
Se ve que lo mío son los médicos.

miércoles, 25 de abril de 2007

For the good times

Estás buscando direcciones
en libros para cocinar,
estás mezclando el dulce con la sal.
Vas procurando informaciones
en unas cajas de metal,
estás comprando al mundo en un bazar.



Soy una naba mandada a hacer. No dije todo lo que quería decirle de una y ahora estoy masticando tachuelas, esperando (siempre esperando) que de señales de vida. Siempre doy con el tipo equivocado, como si tuviera un imán incrustado en la nuca para atraer justamente al que me va a cagar la existencia.
¿Por qué nunca nada sale como yo quiero?
Una vez más todo my little universe está patas para arriba.
Y no puedo hacer nada para resolverlo.
No quiero insistir. Si le importo, ya vendrá con el caballo cansado. Y si no… ya sé que voy a andar un tiempo de capa caída apelando a esa infinidad de pequeñas cosas que me sirven de terapia olvidatoria, menos decorar tortas porque las flores de pastillaje definitivamente no son mi fuerte. Tal vez podría tejer medias o pintar los enanos de jardín que están tan maltratados. Lo que sea menos convertirme en otra consumidora de pastillas para dormir, como si fuera ese el único recurso para deshacerse de las cosas que hacen mal. Para eso tengo mi sombrero mágico que es invisible y enorme, está debajo de la cama y hace que todo lo que pongo ahí desaparezca sin dejar huellas. Entonces antes de dormir hago el inventario de todo lo que me pasó en el día y las cosas desagradables que es mejor sacarse de la cabeza al menos por unas horas, las guardo adentro del sombrero y, como por arte de magia, me empiezo a sentir relajada y tan livianita… Claro que algunas cosas no quieren entrar en el sombrero y entonces hay que hacer fuerza y lleva un poco más de tiempo. Al final siempre me quedo dormida… y sin pastillas.
Pero esta vez parece no funcionar. Ojalá fuera tan fácil…
Ahora ni siquiera puedo consolarme con un puchito. Y pensar que alguna vez, muchas veces, las crisis empezaban, se desarrollaban y terminaban con un pucho en la mano. Cigarrillo va, cigarrillo viene y era tan chiquita…

martes, 24 de abril de 2007

El que espera desespera

Por más que lo intente, no puedo evitar llegar temprano. Tal vez con medio Alplax logro arribar unos diez minutos later, pero no más. Una vez me dijeron que la ansiedad tiene un gran componente genético. Yo diría que más bien inculcado. Porque ¿para qué nos hacían bajar a las 6:45 a esperar el micro escolar que llegaba puntualmente a las 7:05 llueva, truene o caigan enanos de culo? Manías de mi mamá. “¡Apurate que se hace tarde!” Tarde, sí… tarde para cagarse de embole esperando mientras el frío de una mañana cruda de invierno que se cuela por el filo de la puerta te deja hipotérmica. Bajábamos con mi hermana y mi papá. Mi hermano dormía media hora más, esa media hora que termina siendo la más codiciada… Papá no compraba el diario porque lo leía en la oficina, sin mencionar que siempre fue anti Clarín. Pero mientras esperábamos el micro, no podía con su genio y ojeaba los suplementos que dejaban tirados para el vecino de planta baja que alguna vez lo agarró in fraganti. Como no alcanzaba con esperar veinte minutos, cuando papá veía el micro a un par de cuadras, corríamos al cordón de la vereda aún a riesgo de que quedara atrapado en el semáforo y entonces eran dos minutos extra a la intemperie. Diossss…
Esperas como ésta y peores abundan en mi vida.
Ni hablar de las esperas en el consultorio del dentista. Ahí daba lo mismo llegar hora y media tarde pero mamá siempre puntual, más que puntual, exasperantemente temprano. Y después se enojaba cuando, para distraerme, leía las revistas “subidas de tono“ que había en la mesa ratona. Porque las de decoración me aburrían y de política, a los diez años, la verdad mucho no entendía. No había variedad. Y yo optaba por historietas o tal vez Pronto, Radiolandia... que para ella eran cuasi pornográficas porque había fotos de Moria Casán y Graciela Alfano con bikinis ultra small. Una vez encontré una revista Sex Humor debajo de una pila de publicaciones médicas. ¡Guauuuu! Revelación total. Se ve que estuve muy concentrada sin decir ni “mu” durante largo rato porque mamá se acercó a constatar qué estaba leyendo y casi le da un soponcio. Creo que por ese motivo se terminaron las visitas al dentista. Aparte que nunca usaba los aparatos y las dos horas de espera en el consultorio no alcanzaban a ablandar el maxilar lo suficiente para ver resultados.
“Al que madruga Dios lo ayuda” me tiene las bolas por el piso. ¿En qué ayuda? Uno se caga de frío, sueño, desayuna sin ganas, está de mal humor y probablemente resentido por tener que viajar en condiciones infrahumanas para llegar “temprano” a donde sea.
Eso de esperar el bondi una hora o más viendo pasar a todos los demás bondis uno atrás del otro y la cola que crece porque el elegido no aparece… Y cuando ya casi se han perdido las esperanzas, aparece el bondiño y no uno sino cinco en fila todos vacíos excepto, claro está, el que se detiene en la parada y apenas lográs treparte al estribo cuando arranca el motor y “¡Cuidado con la puerta que cierro!” ¿Qué carajo vas a cerrar? Y hay que hacer prodigios de fuerza y equilibrio para no caer como bolsa de papas sobre el pavimento. A todo esto, se supone que llegaste “temprano” a la parada, por las dudas. No sirvió de nada.
Otra cosa totalmente evitable era llegar temprano a los finales de la facultad. Y sentarse a esperar en el aula de al lado a que se dignaran llamarte, o quizás un café, muchos cafés, infinitos cafés, en el bar de enfrente, y por qué no vamos a dar una vuelta por ahí y nos despejamos, no, mejor nos ponemos a repasar… Al final transcurrían las horas, siglos. Estaba bueno no ser el que rompiera el hielo, pero tampoco la pavada de hacerle la gamba al primero y quedarse a echar raíces hasta que el portero apagaba las luces.
Hay veces que llegar temprano es absolutamente innecesario y degradante. Y sepan todos que en esto lo que me sobra es experiencia. Ahora me voy porque se me hace tarde…

domingo, 22 de abril de 2007

Hombre de sotana

Llovía y hacía un frío de la hostia.
Como todas las mañanas, 7:30 en punto, nos amontonábamos en la Capilla bostezando sin pudores, alguna que otra cabeceando entre sobresaltos mientras la Hermana Olvido recitaba sin cesar: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.
Otro día gris, monótono.
Esa época del año que no es principio ni fin y que no inspira nada más que resignarse a esperar.
-Meri, tocá la de Vox Dei a ver si nos despertamos.
-No, boluda. No hay clima…
Hasta la guitarra me sabía odiosa. Y encima, en la segunda hora, prueba de Literatura con Bidegorri. “Que alguien le ponga el pie y se caiga por la escalera. Amén”.
-¡Señoritas! Silencio, por favor. Quiero que conozcan al nuevo capellán del Colegio, el Padre Juan, quien a partir de ahora encabezará las ceremonias religiosas y estará a disposición para confesarlas.
¡Ayayay!
Como si hubiera soplado un viento huracanado que barriera las caras de sueño, cientos de ojos se abrieron de par en par y corrió un suspiro de admiración que hizo ruborizar a la Hermana Olvido.
-Señoritas… (marcando bien la “ñ”, con voz amenazadora y ojos que echan chispas)
Pero nadie prestaba atención a su cara de ojete. El padre Juan era blanco de miradas nada inocentes. Cuando lo notó, empezó a incomodarse y a toser. Los dos tosían. Concierto de toses nerviosas.
-Che, ¡qué bueno que está el curita nuevo!
-¿Cuántos años tiene?
-Es alto, me encanta… ¡Qué lomazo!
-Mmm… Y tiene ojos azules. ¿No es un bombón?
Así se sucedían los comentarios en un rumor apabullante. Cuando se instaló en el confesionario, la cola de chicas arrepentidas de sus pecados alcanzaba una longitud nunca antes vista. Hubo retoques de último momento como levantarse el jumper lo suficiente para que no se vea la bombacha pero sí todo lo demás, ¿estoy bien peinada? y un toque de “colorete” a falta de bronceado natural en pleno invierno.
Pobre padre Juan. Quedó exhausto.
Nunca imaginó que fuéramos tan pecadoras…
Yo preferí postergar la confesión para el día siguiente y agarrarlo fresquito. Así tenía tiempo de armar un montaje interesante y cautivador.
¿Me parece a mí o el curita tenía un nosequé de Richard Chamberlain?
Ahhhhhhhh…

jueves, 19 de abril de 2007

El country que nos parió

Sra. Legalidad presentó su renuncia indeclinable al Directorio y destapó la olla. Ni lerda ni perezosa, mandó un mail a todos los vecinos del country contando un par de verdades que van a poner nervioso a más de uno.
A todos nos llama la atención que las cosas que decidimos en la Asamblea General se pierdan en la nebulosa, como cuando alguien propuso cobrar una expensa extraordinaria sobre la venta de las propiedades para solventar parte de la cuota de la Liga Deportiva y resulta que la expensa se cobra religiosamente pero el Directorio se niega a emplear ese dinero en el pago de la cuota. Meses más tarde se corre la bola de que los equipos de fútbol, tenis y hockey no podrán inscribirse en el torneo 2007 porque ¡somos deudores morosos! Y la plata ¿dónde está?
Tampoco se entiende que, pese a protestar una y otra vez porque soportan numerosas responsabilidades y brindan generosamente un tiempo precioso para la resolución de problemas que afectan a toda la comunidad sin que nadie lo agradezca, hay personas que forman parte del Directorio desde la fundación del country y no se han movido de su sitio aún cuando dos o tres veces por año llaman a elección de nuevos miembros titulares. ¿Qué pasa, Sr. G.? Parecería que está Ud atornillado al sillón presidencial. ¿Por qué no le deja el lugar a otro que aporte ideas nuevas y tenga ganas de trabajar en beneficio de todos? Su actitud Figuretti abre un debate complicado sobre la honestidad de los miembros de este Directorio obsoleto que parecen no querer resignar su puesto de dudoso privilegio.
Se sospecha que hay gato encerrado.
Sra. Legalidad se queja de que su participación es meramente formal. Las decisiones se toman a escondidas. No importa lo que diga la mayoría, después se arregla todo por teléfono de acuerdo a criterios arbitrarios que muy lejos están de ser útiles a los intereses de los socios.
Otra vez nos quedamos sin concesión en la confitería del Club. ¿Qué pasó ahora, señores directores? Esta vez organizo yo el delivery de pizzas y empanadas caseras y se van todos a la concha de la lora. ¡Que me vengan a buscar si son guapos!
Aplaudo a Sra. Legalidad que se atreve a formular las denuncias que todos esperábamos para tomar cartas en el asunto. En la próxima Asamblea me postulo para presidenta y ya me van a escuchar. No, presidenta mejor no. Porque el presi al final no corta ni pincha, lo tienen ahí como pantalla para hacer y deshacer a su antojo. Yo quiero meter el dedo en la torta y echarlos a todos a patadas. Quiero que mi barrio vuelva a ser lo que era. Quiero vivir en un country feliz.
Y le aclaro una cosa Sr. G., antes de que abandone su codiciado sillón. No se atreva a apersonarse nuevamente por el fondo de mi casa como un vulgar ladronzuelo para cotejar si la hamaca paraguaya está colgada dentro de los límites del terreno porque lo mojo con la manguera y le suelto al perro que muy ilusionado está de arrancarle los calzoncillos a dentelladas.
¡Será justicia!

miércoles, 18 de abril de 2007

Voy a enloquecer

Siento un miedo primitivo, animal... a la oscuridad. Combinada con lluvia torrencial, truenos y granizo puede resultar fatal.
Lo que no entiendo es que cada vez que se corta la luz en este country del orto, no sólo “nadie-sabe-nada” sino que no hay NADIE a quien recurrir. Me asomo a la ventana y no veo autos último modelo, ni vecinos entrometidos, ni pendejos insoportables. Nadie.
¿Soy la única pelotuda que prende velas y se queda a esperar que vuelva la luz? Sin mencionar que los cortes son siempre en horario nocturno. No tiene gracia quedarse sin luz en pleno día.
Mate va, mate viene, ya me despaché dos litros de agua azucarada.
La gata se escondió detrás del piano. El perro llora. Tienen tanto miendo como yo y a los tres se nos dispara la ansiedad.
Lo peor… Acabo de notar que la única luz de emergencia Coto que encontré en medio del caos se quedó sin pilas. Ni en pedo subo a buscar otra.

Ah… ¡y no lo posteé ayer porque no había luz!

martes, 17 de abril de 2007

WWW.QUIEROMENTA.COM.AR

Había una vez una niña aburrida que cantaba canciones de amor y amontonaba sobrecitos vacíos de After Eight sobre la cama mientras soñaba escapadas fugaces y recordaba el tiempo en que todo era brillante y feliz.
Para matar el tedio de su vida rutinaria leía sin parar. Y hacía velas, pintaba, tocaba el piano, peleaba con la mucama, se enamoraba del cirujano plástico y organizaba aquelarres con las amigas.
Hasta que un día alguien dijo: “Todo lo que entra tiene que salir”. Y entonces explotó. A borbotones. Decidió que debía documentar lo que pasaba por su cabeza y por su piel y fue así que tomó la pluma y empezó a escribir… en secreto. Y llenó diarios, cuadernos, agendas y servilletas hasta que al fin descubrió que existía una tierra desconocida llamada… BLOG.
¿Y eso qué es? ¡Ah, tener un blog es re cool! ¿Esos que ponés fotos? ¿Como las teens? No, no. Un blog es tu página personal, escribís lo que querés y la gente te lee. ¿Quién lee? ¿Cualquiera? Sí, cualquiera. ¿Puedo escribir lo que sea? ¿Lo que yo quiera? Sí.
Y así nació MENTA.
Menta, Mentita, Mint, Menta Ligera, Quieromenta.
De a poco, sin grandes aspiraciones, siempre fiel a sí misma y con estilo propio fue asomando al mundo blogger. Al principio solitaria, desapercibida. Hasta que apareció EL.
¿Quién es? ¿Dónde lo conociste? ¿Qué hace? ¿Qué quiere?
MENTA lo sedujo y ÉL se dejó seducir.
MENTA es toc. ÉL también. Y no lo niegan.
Se leen, se comprenden, se pelean, se critican, se ríen, se consuelan y todos los días descubren que tienen algo más en común.
ÉL tiene un nombre largo y desafiante que invita a curiosear:
SETERMINOLAJODA (¿se terminó?) y juntos juegan ese juego peligroso de desnudar el alma.
Hoy
SETERMINO le hizo un regalo especial a MENTA.
Hoy MENTA es
www.quieromenta.com.ar.
¡Sí, puntocompuntoar!

Sepan todos que la niña ya no está aburrida y ahora quiere contar, mostrar, llorar, reír, jugar, bailar, soñar, crear…

Quien quiera leer… ¡que lea!

¡Gracias, SETERMINO, por este nuevo comienzo!

"Y Colorín Colorado, este cuento no se ha terminado..."

lunes, 16 de abril de 2007

¡Cumpleaños feliz!

Ayer fue el festejo oficial del cumpleaños número 70 de mi papá. Asado, chivito, lechón y empanadas varias. Y como no podía ser de otra manera: sobredosis de torta y champán.
Hoy sólo té de boldo y tal vez de menta. Me duele mucho mucho la cabeza.

sábado, 14 de abril de 2007

“Primera vez”, hay muchas

Nunca antes había estado en un quirófano.
Me disfrazaron con una bata blanca a lunares azules, escarpines gigantes de esa tela-papel descartable y una gorra para el pelo que no quería quedarse en su lugar. Todavía seguía oliendo a Pervinox y tenía hambre y sed.
H me acompañó hasta el último minuto. Se lo notaba nervioso.
Me dejaron unos instantes en la antesala del quirófano con Valeria, la anestesista.
V: ¿Naciste el 5 de agosto? Yo nací el 6, pero tengo un par de años más.
M: Igual podemos decir que somos chicas de treinta. Qué linda que es tu gorra, toda de dibujitos.
V: Sí… es lo único que podemos usar acá para divertirnos entre nosotros. ¡Jajajaja!
M: Y… ¿cómo sabés que cuando me duermo no siento nada de nada?
V: ¿Es la primera vez que te operan?
M: Sí.
Entonces me explicó todo, con mucha paciencia y dulzura. Un amor.
Finalmente entramos al lugar de los hechos y ahí estaba él, mi médico experto y tan dueño de sí. (¿Se dio la carmelita?)
Dr: ¡Hola, nena! Va a estar todo muy bien. Quedate tranquila que después yo te despierto y te cuento.
M: Qué linda es su gorrita, doctor. Es la más colorida de todas.
Y no recuerdo nada más.
Cuando desperté ya todo había terminado.
Dr: Bueno, ya estás operada. ¡Quedaste bárbara!
M: Grac… Uy, nnn pueddd habbblar…
Dr: Es normal. Ahora descansá, después charlamos.
Y con un espantoso dolor de garganta, tos seca y una sed como si hubiera caminado todo el día bajo el sol del Sahara, me fui rodando en mi camilla hasta la sala de recuperación donde me sentaron en un sillón majestuoso esperando que se me pasara el mareo. Me sentía como si hubiera tomado un litro y medio de whisky pero sin resaca.
H estaba a mi lado. Contento y tranquilo. “¿Querés ver la tele?” Yo levantaba el pulgar o lo bajaba para significar que ese canal mejor no. “¿Gran Hermano? No, es temprano todavía”.
Por fin me ofrecieron agua y más tarde el mozo trajo una bandejita con tarta de zapallitos y ensalada de frutas que devoré en segundos.
Uno de los médicos del equipo, que si no fuera cordobés lo miraría con otros ojos, anotó todas las indicaciones y, considerando que estaba lo suficientemente estable, me dio permiso para irme a casa.
Salí tambaleando del brazo de mi marido. ¿Por qué todos me miran y me saludan como si me conocieran de toda la vida? Me pregunto qué habrá pasado en el quirófano. Podrían haberme violado que yo ni enterada.

jueves, 12 de abril de 2007

El que guarda siempre encuentra

Esta mañana desperté con la convicción de limpiar la biblioteca. No sólo ordenar los libros. LIMPIAR. Sacudir el polvo y que brillen los estantes. Porque para qué corno le encargué al carpintero una biblioteca de tres cuerpos, a medida y de roble como a mí me gusta si después ni el color de la madera se ve con tanta tierra.
Desayuné maquinalmente con esa ansiedad de plan premeditado, impostergable y, munida del plumero, lustramuebles y trapitos varios, corrí a cumplir mi misión.
Con cuidado fui bajando uno por uno los libros más viejos, esos de Sopena que heredé de mamá, los de Dumas y Víctor Hugo. No recordaba tener tantos. Algunos son tan antiguos que las tapas se quiebran en pedacitos al mínimo roce. Los acomodé con amor arriba de una silla y suavemente los limpié con una franela.
Hay muchos libros infantiles. Tal vez demasiados... Y una cantidad considerable de partituras sin clasificar que por ahora quedarán en lista de espera.
La colección Robin Hood, aunque incompleta, suma unos 120 tomos de los cuales la mitad necesita nueva encuadernación o por lo menos un retoque. El resto se ve bastante bien. Ya no hay sillas disponibles pero puedo apilarlos en el piso. No queda otra.

Recién empecé y ya me duele la espalda.
Libros de economía, historia, novelas, matemática, teatro, cuentos, química…
El piso es un laberinto bibliográfico. Debo controlar la tentación de hojear las páginas de aquellos que, de tanto tiempo ocultos a la sombra, ahora me parecen adquisiciones recientes y novedosas. Como ese gordísimo de María Estuardo que leí hace tanto. Mil y pico de hojas de papel biblia… ¡Mierrrda! Se me cayó todo el estante ¡y la rrre p… que lo parió! De reojo veo el lustramuebles derramándose sobre la alfombra. ¡El broche de oro! Es seguro que no podré quitar la mancha blanca. Qué tragedia.
Con rapidez y precisión intento rescatar los libros del desastre. Hay páginas sueltas y trocitos de encuadernación que servirán de alimento a la aspiradora.
¡Olalá! Y esto??? Digamos que no es precisamente lo que esperaba encontrar… ¿Quién no guardó algo alguna vez, tan pero tan bien escondido que ni uno mismo lo puede encontrar? Pensándolo bien, hubiera preferido sorprenderme con un billete de 100 pero a fin de cuentas es material histórico: cartas de amigas de vaya a saber cuándo, una buena cantidad…
Acá hay una que data de 1987: es de Karina P. con quien me debo haber peleado por algún motivo importante porque me ruega casi en llanto “¡si no querés hablar, por lo menos saludame!” Y hay una de Rafael de 1994, con membrete del Hotel Aladdin de Las Vegas, que se habrá mezclado por error: “esos silencios tuyos y míos, me gustaría romperlos con un gran beso”. ¡Ah bueeeeeno!
Sospecho que me quedaré un rato sentada en medio de este torbellino de libros recordando viejos tiempos. El hallazgo bien lo vale.

miércoles, 11 de abril de 2007

In - Out

Cosas de las que no podría prescindir jamás:
After Eight
Sexo
Tarjeta de crédito
Chusmerío con las jabrus
Mi agenda Maitena
Cif multiuso
El mate
La hamaca paraguaya
Mi Eavestaff Minipiano
Novelas de Dumas
Helado
Pinza de depilar
Cinta scotch
Todo Charly García
Agua mineral
Un buen choripán
Pantuflas
Todas mis cremas
Buenos Aires

Cosas de las que sí prescindiría gustosa:
Celulares
Mariscos
Análisis de orina
Visitas de compromiso
Arqueos de caja
La cumbia villera
Horarios
La histerosalpingografía
Gran Hermano
Chicles
Abogados

martes, 10 de abril de 2007

Los sueños, ¿sueños son?

Mi mamá decía que cuando soñaba con arañas era que alguien se estaba por morir. Y es común escuchar por ahí que soñar que alguien se muere es prolongarle la vida. Lo de las arañas conmigo no corre. Despierto a los manotazos limpios, blanca de pánico, mirando con aprensión debajo de la almohada, entre las sábanas y en la mesita de luz si esa cosa monstruosa y peluda está ahí de cuerpo presente acechando en la oscuridad. Pero nunca se muere nadie por culpa de mis arácnidos.
La noche previa a algún examen importante los apuntes me daban vueltas en la cabeza, me caía adentro de la campana de Gauss, inventaba fórmulas maquiavélicas y se me daba por caminar por la casa buscando la puerta del aula ante los ojos atónitos de toda mi familia. Porque ante situaciones altamente estresantes, sí, I do confess: tengo comportamientos sonámbulos.
Recuerdo cuando me mudé al country y desperté en mitad de la noche con ganas de hacer pis. Me levanté de un salto y corrí en la dirección habitual olvidando que en la casa nueva el baño estaba por el pasillo a la derecha mientras que a la izquierda… "¡Meri, qué haces! ¿Estás loca? ¡Te vas a caer por la ventana!!!” Y sí, la verdad que si mi marido no me atajaba, hacía un clavado espectacular en dirección a los adoquines.
Lo difícil es salir de ese estado de semisueño donde todo parece tan real…
Una vez soñé que entraban a robar y caminaban alrededor de la cama con bolsas y linternas y en el sueño yo me hacía la dormida para no llamar la atención hasta que uno de ellos encontraba mi colección de abanicos y entonces desperté gritando como una poseída: “¡¡¡Llévense todo pero mis abanicos, noooo!!!” Y me largaba a llorar.
A veces sueño que golpeo, araño, muerdo y pateo a alguna persona que me cae especialmente desagradable o que ha hecho algo que no tiene perdón. Algo que jamás de los jamases haría en la vida real. Por eso está bueno soñar. Está bueno desquitarse en ese espacio único donde la mente es absolutamente libre y no se reconocen prejuicios ni límites. Es como dar un paseo en el país de Alicia, cayendo por el túnel o mirando al otro lado del espejo.
Con mi hermana tenemos una discusión recurrente: ella dice que sueña en colores y yo insisto en que mis sueños son sepia con algún tonito que resalta por sobre los demás. Pero no recuerdo haber soñado nunca en technicolor.
Otra cosa que me intriga es cuando soñamos con personas a quienes no hemos visto en años y de golpe ¡zas! Al día siguiente aparecen como por arte de magia “¿Cómo andás? Tanto tiempo. ¡Estás igual!”. Algunos dirán que es milagroso. Yo creo que es una suerte de percepción. No me atrevo a llamarlo “videncia”. Como cuando H soñó que se incendiaba la casa de al lado y teníamos que alojar al vecino, esposa, hijas, mucama y caniche hasta que el seguro les pagara los daños. Menos mal que sólo explotó la térmica y la cosa no pasó a mayores. Pero H anduvo por ahí dándoselas de vidente y los crédulos pedían que lo contara una y otra vez.
Porque la gente dice “no hay que creer en esas cosas”, pero ¿a quién no le atrae todo esto de los sueños, la adivinación, el más allá, los ovnis…?
A mí no me deja dormir. (Y a mi marido menos).

lunes, 9 de abril de 2007

Chica Rara

Y yo te digo Eh!
bancate ese defecto,
no es culpa tuya si la nariz no hace juego en tu cara.
Y yo te digo Eh!
Bancate ese defecto
aunque te arregles las gomas, nena, seguirás siendo rara.


Hay cosas en la vida que no tienen remedio.

sábado, 7 de abril de 2007

Albariño vs Riachuelo

Si mi marido es futbolero fanático, el sobrino de tan sólo 6 años, aleccionado desde la cuna con paciencia y método, se está convirtiendo rápidamente en un enfermo sin posibilidades de curación.
Nació hincha de Chicago, con carnet oficial y escarpines al tono. Cuando pudo hablar, sus primeras palabras fueron: “Soy de San Lorenzo” y estalló el disgusto familiar sin que se diera por aludido. Más tarde volvió a ponerse la camiseta verdeynegra sin abstenerse de festejar algún que otro gol de River. Y ahora es de Boca. Mochila de Boca, cartuchera de Boca, llavero de Boca, gorrita de Boca, camiseta de Boca (la de Tevez) y una cadenita con escudo de Boca del que no puede prescindir.
-Alejo, ¿qué partido estás mirando ahora?
-¡Te dije, abuela! No me escuchás. Excursionistas-Sacachispas.
Mira todos los partidos y sabe los resultados de todas las categorías. Y después le envía mensajitos a mi marido contándole quién fue el goleador de la fecha. Un prodigio.
Como ya destrozó a pelotazos los jazmines de la abuela y el vecino está harto de devolver la número 5 cada vez que vuela por la medianera, optaron por anotarlo en el club del barrio para que descargue toda su energía pateando en la cancha. Entrena dos veces por semana y los sábados juega en el campeonato de la liga FEFI, FAFI o algo así.
Hoy nos invitó a presenciar el partido contra Albariño, el otro club importante de Lugano. Estaba sentado en la puerta con la camiseta de Ronaldinho y las canilleras Nike truchas (de Boca) que la abuela le compró en la boliferia.
Al grito de “¡Vamos, vamos que es tarde!” subió a la camioneta y partimos rumbo al club. Para el Albariño parece haberse detenido el tiempo. Debe ser porque nadie los banca que no tienen ni para barrer el piso o pintar las paredes que, de tan sucias y descascaradas, dan ganas de salir corriendo. Del baño mejor no hablemos. Es cuestión de aguantar como sea o hacer en la zanja porque el olor es una barrera infranqueable, probablemente debido a que los inodoros están tapados desde tiempo inmemorial.
Mi suegra ya estaba sacando las entradas cuando vimos que la cartelera anunciaba “Albariño vs Riachuelo” pero ni noticia del Argentino, el club de Alejito.
Momento de confusión. Nadie sabía nada. Empiezan a caer los compañeritos y de a poco se va armando el quilombo. “¿Cómo no avisan que se suspendió?” “¿Y el entrenador donde está?” “¿Quiénes son estos del Riachuelo?” “Ah no, a mí me van a explicar cómo es esto de citarnos a las dos de la tarde y no hay partido. ¡Hay que pensar en los chicos!” Pero los chicos ni se mosqueaban. Jugaban un picadito en la vereda mientras las madres indignadas se rasgaban las vestiduras porque los pibes de Riachuelo les cagaban la tarde.
Volvimos con la cola entre las patas puteando por lo bajo al entrenador y sus secuaces.
-Vieja, ¿no será que te dejaron un mensaje en el contestador y no lo escuchaste?
-No, imposible. Si yo estuve acá todo el día. Son unos caraduras que no avisan.
-Fijate.
Un minuto de silencio mientras masticábamos rosca de Pascua con SevenUp. La risita avergonzada de mi suegra nos dio a entender que sí había un mensaje anunciando la cancelación del partido, pero obviamente nadie se tomó el trabajito de revisar el contestador.
No hay caso, doña tecnología golpea la puerta pero no la dejan entrar.

viernes, 6 de abril de 2007

EL MEGA-EVENTO

Le dije al remisero “Si fuera por mí, te diría que me lleves a Calcuta, pero me están esperando… Para todos yo sigo siendo “LA OTRA”, por eso no quiero ni entrar”.
Hubiera deseado poder registrar la cara de orto de la ex de H cuando me vio llegar con mi vestido “de diseño exclusivo”. Y peor aún, cuando Mónica me saludó sonriendo con complicidad “¿Este era el cumpleaños de 15 que me contaste?”. Antes de que pudiera esbozar una respuesta, intervino ella “Mirá vos, qué chico es el mundo, justo venís a dar con mi MEJOR amiga”. Sonrisa de compromiso pero nada de saludos. “Bueno, Moni, después nos vemos”.
Me refugié en brazos de mi familia política hasta que llegó Vivian con las nenas y el marido. Entonces todo cambió y pude disfrutar, reírme, comer, bailar y pasarla lo mejor posible.
El vestido de la quinceañera fue una gran desilusión. Se notó que la modista no hizo un gran trabajo con el atuendo de la madre que lucía vetusta y gordinflona, sin mencionar que la hermana menor apareció envuelta en una bola informe de tul rosado.
El diseño era de color salmón con apliques plateados en el corsé y una falda amplia con poco vuelo para mi gusto. Demasiados detalles lo sobrecargaban. Ni siquiera tenía buena caída. Insulso. Y se notaban las puntadas en el ruedo (horror de horrores). Pero en fin. La juventud siempre ayuda y, en líneas generales, se veía bastante bien. El peinado y el maquillaje no le duraron ni dos horas. Te vas a dar cuenta cuando llegues a la mitad del álbum y te veas completamente arruinada. ¿Nadie se ocupa de esos detalles?
H ni figuró en los videos que armaron para la homenajeada recordando momentos importantes de su vida. Sólo incluyeron una foto de hace doce años donde estaba prácticamente irreconocible. Fue hiriente y humillante. Innecesario.
La fiesta estuvo linda aunque no espectacular. Fue una larga noche. No pude escaparme tanto como hubiera querido para chusmear con las jabrus y contarles que el DJ estaba pa’ darle y que me maté comiendo espárragos y torta brownie con frutillas y helado de crema y que del cotillón rescaté una peluca multicolor estilo Valderrama y unas pulseras de luz que no me quité en toda la noche.
A las cinco de la mañana sirvieron pizza con cerveza. “La de anchoas está imperdible” decía el tío de H. Yo opté por otro lemon champ.
Mi celular sonó un par de veces a la madrugada: “llamada desconocida” y un mensaje que dice:
-Tenés linda voz.

miércoles, 4 de abril de 2007

Cuidados intensivos

La ansiedad pre-menstrual me pone de mal humor, caprichosa, intolerante.
Desperté con ganas de hacer dibujos con brillantina y mancharme la cara y las manos con témperas multicolores. Eso se llama regresión.
Pero como al final la lógica logra imponerse, decido que es tiempo de “hacer algo” porque no puedo apersonarme en la fiesta con cara de muerta-resucitada: debo lucir espléndida, luminosa. Deduzco que la brillantina no me ayudará tanto como ese set milagroso de microexfoliación que me salió un huevo y medio y, en vez de jugar con las témperas, puedo embadurnarme la cara copiosamente con la máscara de colágeno que me deja la piel divina, como recién estrenada.
Quince minutos con la mascarilla y ya siento la cara como de cuero curtido y, por si fuera poco, a temperatura de congelación. Cuento los minutos pero no es cuestión de aflojar ahora. Todavía falta el tónico, la humectante, ¿o será mejor hidro-nutritiva? Qué problema…
Esos dos granitos no se van con nada. Habrá que taparlos.
By the way, mi hijastra y su banda de amiguitas adolescentes conforman un auténtico cúmulo de granos purulentos. “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Pero igual ayuda. A mí no se me van a notar y a ellas sí, leeero, leeero…
Diossss…. Se me ha ido toda la mañana en estos menesteres. Cómo pasa el tiempo. Y todavía tengo que hacerme las manos y depilarme las cejas.
H: Amor, ¿qué comemos?
¡Ah bueeeno! Sólo eso me faltaba. ¿Qué se yo qué comemos? Con la fortuna que costó la festichola bien podría hacer ayuno y después atiborrarse de tarteletas, canapés y sanguchitos.
M: No sé… Termino con esto y hago unos fideos.
H: ¡¡¡¿Qué te pasó en la cara?!!!
Pobre, no está para sustos. Y yo francamente, con la cara empastada de esta arcilla de color indefinido, más que una diva de Hollywood parezco el fantasma de la Ópera.
H: Bueno, dejá. Compro algo hecho.

domingo, 1 de abril de 2007

¿Palabras sabias?

Me deprimió leer mi horóscopo de hoy:

"No tiene caso generar tensiones por asuntos que ya sabe, no tienen remedio. Aceptación".