sábado, 31 de enero de 2009

Obsesiva-Menta

En algún sentido, era mucho más feliz cuando nadie conocía la existencia de mi blog.
Y no es que no adore la presencia de mis lectores, muy por el contrario, si son mi dosis diaria de multivitaminas concentradas que me obliga a despertar del letargo que
impone la rutina y liberar el alma de recuerdos y secretos…
De eso se trata... secretos. Adoro los secretos pero si se cuentan, dejan de serlo. ¿O es que pasan a ser secretos “compartidos”? ¿Existe el secreto compartido? ¿Cómo sé que mis secretos siguen siéndolo? ¿Y si un día “alguien” me para en la verdulería y me dice “Mirá, nena… Menta, Mentita, Mint, Mintirosa… como carajo te llames… yo sé esto, esto y esto, dame lo que quiero o cuento todo…”? Entonces tendré que matarlo o cortarle la lengua, o las dos cosas. Porque esto de compartir secretos es una suerte de contrato, verdad y silencio, complicidad, no puede romperse el pacto así como así, ante la duda conviene apelar a los grandes recursos.
Claro que podría bajar la persiana y escribir sólo para mí. Pero no tiene gracia, ya no. O divertirme abriendo de par en par, cada cambio de luna, y ver quién anda husmeando en mi castillo encantado, así sabré si vale la pena, si están atentos, si logro meter el dedo en la llaga, si despierto sospechas o celos, si sorprendo, si enojo, si hago reír o si simplemente aburro. Es bueno saber… Si comparto el secreto, a cambio quiero saber.

Resumiendo… No estoy loca… aún. Sí un poco paranoica, quizá más de la cuenta, pero la cosa es que H me ha sorprendido el fin de semana con regalitos alusivos que no sé bien a qué atribuir. A saber:

- una caja de Mentitas bañadas en chocolate, símil After Eight

- un ramillete de hojas de menta… “Las corté para vos, hasta tienen flores…”

- caramelos (sabe que son mis preferidos) strong mint

- cigarrillos mentolados (por si algún día decido volver a fumar)

miércoles, 28 de enero de 2009

El gato

¡Soy la única que no tiene vacaciones!

Mi hermanito, el pequeñín de la familia, se pasea entre cebras y leones al sur del continente negro y mi hermana trasladó sus petates a un bonito camping sobre la costa uruguaya dejando precisas instrucciones sobre los compromisos a asumir mientras ella se broncea panza arriba sin culpa ni cargo.
Léase “cuidar al gato y regar las plantas”, claro que con algunas salvedades que hacen la cosa más complicada.
Porque el gato de Ceci no es un gato cualquiera. Aún antes de perder la forma, “Pi” era un ejemplar más voluminoso de lo común, rubio con un halo dorado sobre el lomo, un puma chiquito, eso es, cariñoso y perezoso como pocos. A punto estuve de alojarlo en casa estas tres semanas, hasta que la dueña regrese. Menos mal que la campana me salvó en el instante preciso (el bicho se opuso al traslado con un despliegue de piruetas y arañazos que nadie hubiera imaginado) y mi obligación se vio felizmente limitada a visitas periódicas en su hábitat natural, comida, agua, recambio de piedritas sanitarias y algún mimo para que se sienta querido.

Abrí la puerta y allí estaba él en medio del patio, maullando al viento, dueño y señor de su soledad. Previendo un ayuno no deseado, el pobre gato había devorado hasta el último poroto y allí estaba, bamboleando su panzota a la espera de la próxima ración.
Nos miramos, estudiándonos con detenimiento. Cuando comprendí que no me atacaría y comprendió que si me ataca se queda sin comer, corrí a llenar el plato y a poner un poco de orden. Entonces encontré la cartita sobre la mesa de la cocina…

¡Hola, hermanita!
¡Gracias por venir! ¡Pi se va a poner feliz de verte!
Ponele bastante comida, cuando se acabe el paquete comprale más (yo no pude porque la veterinaria está cerrada), acordate que come alimento especial para gatos obesos.
Mirá que Pi toma agua del balde, no del plato. Así que llenalo siempre hasta arriba para que tome del borde sin mojarse.
Ah, me olvidaba… Piedritas no hay más pero podés comprar acá enfrente en el super.
También te dejo el cepillito para que lo peines. Cuidado con la ropa porque pierde mucho pelo. ¡Le encanta que lo cepillen!
Ah… y no te olvides de regar las plantas: las del patio, las que cuelgan de la escalera, los potus de la cocina, hay un cactus en el baño y unos lazos de amor en la terraza. Creo que la regadera está pinchada…
Cualquier cosa, mandame mensajitos, si no te contesto es porque estoy en la playa.
¡Gracias por ocuparte! ¡Sos una ídola!

No sabía si llorar o patear la pared. ¡Pero me ven la cara, me ven! Al final hubiera venido la bestia a casa y todos contentos, especialmente él que hubiera vivido como un señorito inglés. ¡Qué va! Si lo mío es un apostolado…
Cuando a punto estaba de acabar el rosario de palabrotas –incluidas las de mi propia autoría- vi los ojos llorosos de Pi que me miraba casi con afecto y sentí una lástima tremenda, ganas de abrazarlo y confortarlo, porque a fin de cuentas está más solo y desamparado que yo, somos dos almas solitarias, vagabundos del destino que le cantan a la luna y…

-Bueno, está bien, pará de refregarte que me pegás todos los pelos.
-Miaaaaauuuuu….
-¿Y ahora qué querés?
-Miaaaaaaaaauuuuuuuuuu
-¿Te cepillo? ¿Es eso? Bueno, vení…

El falso puma se tendió en el suelo cual largo era, ronroneando de placer mientras el cepillo le acariciaba el lomo despojándolo de pelos muertos, se revolcaba juguetón de un lado a otro hasta que, de improviso, sin
mediar causa aparente, sin darme tiempo a reaccionar, se incorporó de un salto lanzando un zarpazo inesperado que me rasgó la palma de la mano. Solté el cepillo al tiempo que brotaba la sangre, una herida pequeña pero contundente.
Pi me miraba temeroso, escondido debajo de la mesa. La sorpresa dejó paso al dolor y a la decepción. Gato desagradecido, araña la mano de quien le da de comer… Él se asustó más que yo, indudablemente, aunque claro, la damnificada soy yo, me han herido el alma.
Ahora habrá que recomponer esta frágil relación con más comida pero sin cepillado. ¡Si te agarro, te hago alfombra!


sábado, 24 de enero de 2009

Parece que fue ayer...

Nati recién se despertaba de una siesta improvisada, no obstante con la lucidez necesaria para preparar el consabido Amaretto Sour con el que acostumbramos rociar nuestras charlas de brujas sin escoba.
Faltaba poco para el gran momento.
Esta vez la coordinadora del encuentro fue nada más y nada menos que Mariana C, que emigró
en 5º grado sin mediar explicaciones, simplemente porque se le cruzó el coágulo y nos dejó, así sin más, de un día para el otro. Ahora está de regreso, renovada, vital, queriendo ser parte de nuestro selecto grupete, organizando la pachanga, subiendo a Fuckbook las fotos que querríamos enterrar ignorando el jopo erguido a base de una extraña mezcla de mousse, apresto y spray, las camisolas con hombreras y esas calzas de lycra brillosa de colores psicodélicos… ¡Diossssss!
El tiempo fue magnánimo, no podemos quejarnos… Mejoró nuestro aspecto, nos mantuvo jóvenes, crecimos sin envejecer, por eso no es errado saludarse con un espontáneo “¡Estás iguaaaaaaal!”
Como Pato que, como si fuera ayer, nos envuelve en anécdotas inéditas que desatan risas y una mirada nostálgica sobre aquellas mañanas de invierno, cuando tiritábamos en el patio al compás de la Aurora, el jumper gris arriba de la rodilla y bufandas demasiado largas, y la escuchamos con arrobamiento, aspirando esa frescura que nos retrotrae a un pasado por demás feliz.

Natalia C veía un flaco y no le alcanzaban las piernas para perseguirlo. ¡Qué atorranta que era…! Esa vez me llevó a un lugar, a la vuelta de Casa Amarilla, donde vivía el dj del cumpleaños de quince ¿se acuerdan…? Un negro feo teñido de rubio con más calle que taxi viejo… Bueno, parece que se lo tranzaba y ese día el pibe estaba con un gordo asqueroso que me empezó a chamuyar mientras Natalia y él desaparecían en un cuarto… Cuando vi como venía la mano le grité que me iba y al rato la veo salir del baño semidesnuda, la muy turra ni me miró. Agarré y me fui, que sea lo que Dios quiera.
Al día siguiente, estábamos merendando en la cocina y me dice: -Pato… esteeeee… Si yo me trago “algo”… ¿puedo quedar embarazada?
Ahí escupí el mate cocido y la tortita negra me quedó acá… ¡violeta me puse! ¿¿¿Pero cómo???? ¿Qué dijiste? ¿Vos estás loca? Y la mamerta no decía nada, se me quedó mirando, muda… Ahora, yo pensé que primero era “lo otro” y lo de tragar venía después… Qué idiotas que éramos, pensar que yo cogí por primera vez a los 20…

Creo que fue en 5º grado… Fabiana L propuso fundar el fan’s club de Luis Miguel. Éramos ella, Karina P y yo. Pero Fabiana se puso de presidenta y a mí me nombró secretaria… ¡Essssssta! Yo secretaria, ni en pedo ¡no juego más! Creo que se ofendió porque en el viaje de egresadas me dijo que yo siempre me cortaba sola…

La vez que practicamos “combustión” en el aula de 4ºB, al lado de la Dirección, con bollitos de papel en los cestos de basura y casi incendiamos el colegio… A Marga se le desorbitaba el ojo de vidrio, de pedo zafamos las amonestaciones…

Peor cuando la Hna. Olvido nos metió a la fuerza en el baño y nos lavó la cara con jabón de la ropa, todo porque estábamos un poquito maquilladas…

Y si el jumper estaba muy corto, te descosía los dobladillos…

A mí la de Química me decía siempre… “Osssté… ¿qué me mira con esa cara de Mona Lisa? ¿Entiende lo que digo?” La primera vez que di oral me hizo parar arriba de una silla enfrente de la clase y dijo: -Ahora me recita la tabla periódica ¡y si repite vuelve a empezar desde el principio!

Las historias se suceden en un giro infinito, bañadas en carcajadas y alguna lágrima de emoción Las fotos hablan por sí solas, no importa cuánto tiempo haya pasado... parece que fue ayer cuando vestíamos el uniforme y entonábamos la marcha de San Lorenzo bajo la batuta de la Srta. Pola, cuando jugábamos al truco en la hora de Derecho, cuando llorábamos las decepciones del amor en la oscuridad de la mapoteca…

¡Qué tiempos aquellos! Y el recuerdo tan vívido que es como si la vida se hubiera resguardado en formol…

jueves, 22 de enero de 2009

Billetera mata galán

Un tal Thomas Mollet, psicólogo de la Universidad de Newcastle, anda proclamando por ahí una interesante máxima que indudablemente hará temblar a Darwin en su tumba, preguntándose cómo no tuvo en cuenta semejante fenómeno a la hora de sugerir que el hombre desciende del mono.

Que los machos son esencialmente polígamos, ya lo sabemos.
Que en virtud de la poligamia, batallan entre sí por exhibir el harem más numeroso, también lo sabemos…
Y que las hembras desarrollan preferencia por ciertos machos es una variable que a muchos conviene desestimar, pero también es sabido y esto no hace sino reforzar el concepto de la selección natural.

Sobre esto último, Mollet viene a proponer esta interesantísima relación:

"LA FRECUENCIA DE LOS ORGASMOS EN LAS MUJERES ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A LOS INGRESOS DE SU PAREJA”.

También sugiere el estudioso que, en el marco de la teoría evolutiva, “machos y hembras están genéticamente predispuestos a explotarse el uno al otro sin piedad para lograr las mejores oportunidades de supervivencia de sus genes”.

Dicho de otro modo:

1) El macho inicia el ritual de seducción a fin de conformar su harem.

2) La hembra acepta el juego y elige su macho de preferencia.
3) La hembra, hábil e inteligente, escala posiciones y es ella quien conquista y domina.
4) El macho cede a sus caprichos y paga las cuentas.
5) La hembra comienza a aburrirse y busca machos mejor dotados.
6) La hembra exprime la billetera del macho elegido antes de reemplazarlo.
7) La hembra abandona al macho en bancarrota.
8) El macho abandonado se deprime, envejece y engorda.
9) La hembra multiplica sus orgasmos y compra ropa cara.
10) Todos quieren ser la hembra.

martes, 20 de enero de 2009

Hot Tuesday

Vamos progresando.
Esta mañana incorporé dos Criollitas a mi dieta líquida, mastiqué bien despacito y no sucedió nada, no hay dolor. El hambre me está matando pero temo excederme y echarlo todo a perder.
Otra vez el calor se abate sobre las calles de Buenos Aires, la ciudad está en llamas, mi sedum palmeri pide a gritos una gota de agua que no puedo negarle.
Estoy demasiado somnolienta para arrancar el día en el gimnasio, prefiero remolonear un rato más entre las sábanas bajo las aspas del ventilador, mientras escucho al pasar las malas nuevas de la mañana.
Será un día falto de emociones, mejor así…

lunes, 19 de enero de 2009

"Es la fiebre interna"

Me siento mal, muy maaaaaal…
Trato de disimular pero no me sale, me duele la panza, sufro horrores, cuento los segundos para que el calambre que me aprisiona como un cable tensado se disperse y no vuelva, ojalá que no vuelva más porque cada vez es peor, tan fuerte es el dolor que estuve a punto de desmayarme en el baño pero nadie se enteró, hice como me enseñaron, acostada en el piso, boca arriba con las piernas en alto, mientras un sudor helado me envuelve como un manto de nieve y después calor, sofocación, pero ya está, ya pasó… De nuevo a la cama, recostada de lado duele menos.
Después de la copeteada de fin de año que se prolongó mucho más de lo necesario, es natural que la cosa reviente por algún lado. Excesos, nervios, ansiedad… todo suma.
Mi entorno más cercano no se caracteriza precisamente por la asistencia al enfermo, más bien son de los que esperan una curación espontánea o rezan sobre los despojos pero, por si las moscas, no se privan de opinar y emitir de vez en cuando un veredicto.

-Debe ser el turrón de maní.
-No estarás “en estado” ¿no?
-Es porque mezclaste “caliente y frío” (???) y no masticás bien.
-Fue el helado, seguro que fue el helado porque las milanesas eran caseras.
-Vomitá que te hace bien, así sacás “el diablo” de adentro.

Y no sigo porque recrudecen los espasmos. ¡Será posible! Nadie es capaz de hacerme un miserable tecito, pero todos saben, todos opinan… ¡Barbaridades de vieja conventillera! En especial mi suegra que se enteró tarde pero no dudó en destilar el comentario que reserva para las grandes ocasiones:

“Es la fiebre interna” -dijo muy seria, inclusive bajó los ojos como negándose a continuar una conversación poco digna.

¿Pero qué fiebre…? ¿Qué carajo es la fiebre interna? Hace años que la escucho repetir lo mismo y no logro que me explique. ¿De qué está hablando? ¿Qué quiso decir?
A esta altura prefiero no indagar, aunque la cosa va tomando un cariz de lo más inconveniente, rayano en lo pecaminoso… ¡Ay, mi Dios!

FIEBRE INTERNA = FIEBRE UTERINA => COCA SARLI… “FUEGO”

Naaaaa… No lo puedo creer, no es posible. ¿Cómo un simple dolor de estómago puede devenir en semejante asociación de ideas? Pregúntenle a mi suegra que sabe todo de todos y está tan misteriosa, la creo capaz de mandarme un exorcista y una ducha fría de agua bendita.
Pero no… Es evidente que ha querido decir otra cosa, debe ser uno de esos saberes ancestrales que se transmiten a través de un interminable teléfono roto y llegan a la última generación tan gravemente amputados que lo obligan a uno a ser creativo.
Fiebre interna… ¡Yo te voy a dar fiebre interna, la re p$!“$)/&$R(/·$(/”@...!

Menos mal que el dolor está aflojando, en particular ahora que mi dieta se ve estrictamente limitada a agua mineral y té de boldo, lo cual me ha hecho adelgazar abruptamente para envidia de mis pares. Pero ya estoy mejor, mi doc preferido me revisó como cuando iba al pediatra con mamá y me decía que respirara hondo y me daba golpecitos en la panza mientras hacía todo tipo de preguntas de rutina, y no dijo nada de ninguna “fiebre interna” porque no hay tal cosa, faltaba más.
Aunque últimamente, mis dolores son un misterio. Me pregunto si no estaré sufriendo algún tipo de metamorfosis…

viernes, 16 de enero de 2009

Enfermera a la fuerza

AC: ¿Te animás a darme una inyección?
Yo: W-h-a-t???
AC: Estoy llegando, preparate que te enseño y me la ponés.
Yo: No me hagas esto…
AC: ¿Vos querés que siga sufriendo?


Resulta que mi doc anda por la vida con un dolor de muelas que no lo deja razonar con lucidez, está malhumorado y rezongón, se le dio por automedicarse con todo el arsenal del que pudo
echar mano hasta finalmente aceptar que debía ver al especialista.
Miedo, eso es. “En casa de herrero, cuchillo de palo…”
Porque no podés andar impune por ahí tajeando de arriba abajo, implantando, succionando, estirando, rellenando cuerpos ajenos sin permitir que te toquen una insignificante muelita “porque duele muuuuuucho”. ¡Joder!
Pero él es así, tómalo o déjalo. Y a mí me toca esta vez sacar a relucir toda mi bendita paciencia y hacer lo que me pide, no vaya a ser cosa que piense que no me animo, que no puedo con un simple pinchacito, claro que puedo, porque yo soy va-lien-te, soy aguerrida y no me achico así nomás, esperá que traigo el alcohol y un cacho de algodón y vas a ver cómo te doy, te va a quedar el traste como un colador.

Yo: ¿Podemos practicar un poco?
AC: ¡Claro! Traé una manzana así te enseño, la sensación es la misma.
Yo: Glup…

Y dale que va, le di duro a la manzanita como si pinchara el muñeco de mi peor enemigo, siempre un poco lejos del objetivo, pero eso ya es mucho pedir, así pues dejaremos la puntería librada a la suerte y que sea lo que Dios quiera.

AC: Ya está, ya practicaste bastante.
Yo: Un poco más…
AC: No, dale, vamos. Lo vas a hacer muy bien.


Sólo oler el alcohol me produjo un pequeño vahído, pero no dije nada. Tomé la aguja como me
indicó, respiré hondo ¡y allá vamos! Golpecitos secos en el lugar de los hechos, más, más, más… ¡ahora! Tiro al blanco con fuerza y convicción, cuadrante superior externo, justo ahí donde está el lunarcito que me gusta… bueno, casi, casi, no acerté pero se clavó a fondo como él quería, no dolió nada ¿no?
Espero no haberle perforado el ciático, parece que no, y ahora lo más importante: la inyección. Despacito, ¿no es cierto que no duele? No sé qué sentirá él pero a mi me tiemblan hasta los pelos de la nariz mientras veo descender los corticoides, sólo espero hacerlo bien y, si me desmayo, que sea después de quitar la aguja, entonces no tendrá ninguna importancia.

AC: ¡Muy bien, mi amor! ¡Lo hiciste muy, pero muy bieeeeen!
Yo: ¿E-en se-serio? ¿Te du-duele?
AC: ¡Para nada! ¡Ni lo sentí!
Yo: Ahhhhhhhh…


Empezó a hacer efecto a los pocos minutos, el dolor fue cediendo y también el mal humor, ahora mi doc está todo mimoso y demandante y yo corro de un lado para otro tratando de complacerlo, haciendo las veces de enfermera, mucama, confesora y amante de tiempo completo... ad honorem.

miércoles, 14 de enero de 2009

Like I know I shouldn't

Hizo su entrada triunfal incómodamente instalada en una caja de cartón de esas que sobraron de la mudanza, aullando como una jauría de lobos hambrientos.
Ni lerda ni perezosa, firmó de puño y letra cada rincón de mi bello apartamento, probablemente para sentirse más a gusto, para conocer el terreno que pisa o sencillamente porque le fascina el olor del multiuso con el que corro a limpiar los “regalitos” que desparrama por donde uno menos lo imagina.
Si me enojo, pone tal carita de inocencia que me desarma en el acto. Y enseguida da vueltas a mi alrededor moviendo la cola como si la vida fuera una fiesta y yo, toda embobada, la cubro de besos y la reto despacito, no sea cosa que se asuste.

“Va a ser una malcriada…”
“Con vos hace lo que quiere…”
“Tenés que enseñarle de a poquito…”

Grettel es negra como la noche, tan sólo unas pequeñas manchas blancas en el pecho ayudan a
localizarla en la oscuridad. Es pequeña pero de corazón grande, irradia ternura, es mimosa, demanda compañía y atención… me puede.
Ya sé que no debo, pero es más fuerte que yo.
Por si acaso, recogí las cortinas del comedor, guardé en el baño las plantas más delicadas, cerré todas las puertas y tapicé con papel de diario el piso del balcón. Le compré juguetes, un collar que aún es demasiado holgado y un moisés de lo más coqueto que inmediatamente adoptó como guarida.
Anoche lloró, hizo un escándalo de novela ante la puerta del dormitorio pataleando como una poseída. Por supuesto, me negué a abrir haciendo caso de las recomendaciones de “los entendidos”, hasta que la susodicha se cansó y cesó el berrinche. Cuando asomé la nariz, por mera curiosidad, había obsequios olorosos delante de la puerta y huellas pecaminosas muy explícitas. Limpié el desastre sin pronunciar una sola queja pero, cuando volví a acostarme, la princesita me esperaba a los pies de la cama, dispuesta a hacer valer sus derechos de hija mimada.
No hubo caso. Trasladé el moisés al dormitorio y ahí se instaló, radiante de felicidad, con su pelotita de tenis y una media vieja que pronto terminará hecha jirones.
Que quede claro que es sólo una experiencia, nos estamos conociendo. Ya veremos cómo continúa la odisea y quién es la que manda en esta casa.


lunes, 12 de enero de 2009

La dolorosa

Primer ciclo del año en plenilunio... Sólo falta que aúlle un hombre lobo en mi ventana y me voy con él ¡me voy! La mordida atroz de sus colmillos no puede ser peor que este dolor arraigado en lo más profundo de mi femineidad, que me hace despertar varias veces en la noche apretando la almohada fuerte contra el vientre, deseando que todo termine ya.
Esta vez la cosa se puso bien fea. O me hicieron un gualicho o es el castigo celestial por haberle partido la dentadura a Mariana C. cuando aquello del intercolegial de hockey –no sé por qué fue lo primero que me vino a la mente-, debo estar por morir o algo así porque no es posible semejante sufrimiento a estas horas de la madrugada, siento como si estuviera abortando a toda una camada de Gremlins malévolos.
Diossss…. Me arrancaría los ovarios de un tirón y los colgaría del arbolito si no fuera porque la Navidad terminó, se apagaron de una vez las lucecitas que tanto me gustan, guardé las bolas y
las piñas de colores y las guirnaldas con hojas de muérdago y despojé al Papá Noel musical que compré hace siglos en Casa Tía de las valiosas pilas que darán vida temporaria a mi nueva y codiciada adquisición, “eso”, el “compañero de pieza” que me hará muy pero muuuuuuuy feliz mientras espero el retorno de mi rey que se fue a bañar a las Cataratas, perdió la señal y la privacidad y volvió ardiente y seductor, mas con la agenda a reventar y demasiado “rodeado” para mi gusto y necesidad.
Pero no, no hay manera de desviar la atención, no puedo pensar en nada más ahora. Duele, duele muuuuuucho.
Mañana estaré pálida y debilucha, maltratada, infeliz, ojeras hasta las rodillas, el pelo indomable y las uñas rotas. Pero mañana no dolerá más.

jueves, 8 de enero de 2009

Eva, las brujas y un motete

Estábamos citados en el salón contiguo a la Iglesia, a la hora en que el sol se pone y las calles del microcentro porteño van quedando desiertas.
Sólo con atravesar las puertas del templo era posible gozar de un clima más benigno, en parte por eso y un poco movida por la curiosidad o la nostalgia de costumbres heredadas, me instalé en el fondo, pegada a la gran columna corintia, hipnotizada por el lenguaje cautivante de los vitrales y los frescos, tan luminosos que han debido ser restaurados recientemente… ¡Oops! ¿Y esa pintura del Génesis? No puede ser… ¡Lo veo y no lo creo!
Una de las Iglesias más antiguas de Buenos Aires, tradicional, conservadora, clásica, ortodoxa… y en la cúpula ¡Adán y Eva en pelotas, como recién sacados de la portada de Playboy! Una Eva muy real, demasiado… “carnosa”, parece Pocahontas salida del quirófano con las prótesis recién
estrenadas, y su Adán, un morrudo partenaire, ignorando la hoja de parra exhibe el bulto como si tal cosa… Juntos se pasean a la vista de la feligresía en actitud equívoca, despertando todo tipo de connotaciones pornográficas alejadas del buen gusto.
¡Habráse visto!
¿Pero qué clase de artista pinta una Eva así de pulposa que, con unas plumas y un par de lentejuelas en el conchero, sale a patinar las escaleras del Maipo como la que más?
Y el cura… ¿Pero son o se entrenan? Tan gordo que se merece una drástica dieta pro anorexia y, como penitencia, un sustito al mejor estilo Pecados Capitales; la voz susurrante, morbosa, con estudiadas inflexiones, más que piedad inspira terror, asco, imagino un ser abominable inundado de perversiones, vengativo, soberbio, rapaz, despótico. ¡Puaaaaaaajjjjjjjjjj!
No puedo soportarlo, siento náuseas y unas ganas locas de escapar. Menos mal que ya es casi la hora del encuentro pero… ¡no, no y no! Clavado que hoy no es mi día…
La convocatoria estaba dirigida a todos aquellos coreutas que se aburren a la espera del inicio de un nuevo ciclo de actividad musical, los interesados en integrar un coro de cámara bajo la guía de un ignoto director que se dice especialista en música sacra, en fin, un coro de verano para el que no tiene nada que hacer.
Lo que no imaginé es que las brujas patéticas que conforman desde hace siglos el séquito
inamovible del maestro S, serían las primeras en llegar. Para variar, con sus collares llamativos y ese cacareo exasperante, quejándose del calor y la espera que se alarga imprevisiblemente. Justo ahora que me había ilusionado con conocer caras nuevas, voces nuevas y jóvenes, sobre todo jóvenes, me encuentro atrapada sin salida en este círculo aplastante, una flor entre los cardos, bonito consuelo, y ni el director vale la pena, no me gusta, no me llega, adolece del carisma que disculpa los defectos, es uno en el montón.
La obra que abre el ciclo es un madrigal de Gutierre de Cetina que, si no fuera por las sopranos que chillan como caranchos, invitaría a una sana reflexión sobre el amor y la naturaleza. Hay promesas de Pergolesi y su Stabat Mater –que bien podría no ser de su autoría, eso está por verse- y un sinfónico-coral tan antiguo como desconocido.
Menos mal que Palestrina nos libera del bostezo crónico con un bello motete, delicado, sutil, con rumores de agua y hojas verdes agitadas por la brisa del amanecer…
Claro que no alcanza para ganarse mi fidelidad. Hastiada, rumiando la decepción del deseo insatisfecho, me alejo por las calles solitarias tarareando compases que pronto olvidaré…


Sicut cervus desiderat ad fontes aquarum,
Ita desiderat anima mea ad te Deus.

miércoles, 7 de enero de 2009

Que sueñes con los angelitos

Fue una jornada plagada de complicaciones inesperadas, peleítas de rutina y, para inaugurar el año con el disgusto apropiado, apareció el contador que cada tanto resucita de entre los muertos sólo para anunciar con desparpajo inaudito que se acerca algún vencimiento especialmente abultado, como si todo fuera soplar y hacer botellas, como si mi bolsillo desbordara generosidad, “tomá”, “cuánto es”, “no me vengas con esas tonterías justo ahora que me voy de viaje a Las Bahamas”, como si viviera en otro planeta, como si no supiera que el cosmos entero está en crisis, como si la vida le sonriera y una rubia despampanante lo esperara a la vuelta de la esquina, champán en mano, los labios embadurnados de rouge y la promesa de una noche inolvidable, como si el Gordo de Navidad lo estrechara entre sus brazos y una multitud de aduladores anónimos exaltara su buena estrella… Así es él, de esos que levitan a perpetuidad en una nube de fantasías, ni siquiera envejece, no engorda, no sufre, no muere.
Y cuando se hace tarde y estás sola al fin, sin apetito, aburrida, ansiosa, nada hay más aconsejable que un buen vodka helado para disipar las preocupaciones. Que sean dos, fondo blanco, el ardor te consume el esófago pero seguís adelante, la atmósfera se tiñe de colores brillantes y se viene el tercero, ahora todo es maravillosamente solucionable, nimiedades, querés bailar y reír, hacés chin-chín frente al espejo, el mundo empieza a girar al ritmo de un rock ochentoso, perder el equilibrio te hace reflexionar por un instante nomás, lo suficiente para saborear otro más y otro y… el piiiiiiiiip que anuncia el final de transmisión interrumpe la fiesta, es hora de dormir, hay que cerrar el capítulo, mañana será otro día…
Y la euforia se evapora mágicamente en un sueño plagado de acontecimientos nefastos, la tormenta se vuelve real, tan real que te sorprende jugando al Almirante en el balcón, un viento huracanado arranca de cuajo la baranda y se lleva las fichas, los dados y la notebook que cae en picada tan lejos como es posible, sin darte tiempo a borrar el historial y las contraseñas. Llega él, le contás todo, lo aturdís con detalles innecesarios y cálculos que no entiende, pero él acaba de regresar de sus cortas vacaciones para irse otra vez…

Yo: ¿Por qué te vas de nuevo?
Doc: Si yo viajo todo el tiempo… ¿no te acordás?
Yo: No… ¿A dónde vas?
Doc: A Tailandia.
Yo: Traeme una pashmina.
Doc: Te la mando por email.
Yo: Entonces mandame dos, una a cada casilla, pero una que sea fucsia.

El reloj marca las cuatro de la mañana, la garganta seca pide a gritos una gota de agua, estás mareada, das vueltas en la cama, confusa, aturdida, hasta que el sueño gana la partida, te seduce y te absorbe…

Yo: ¿Dónde están los pocketeers?
Doc: Los guardaste vos, fijate en mi maletín.
Yo: Está la gorra de baño y una teta de plástico, nada más. ¿Los escondiste?
Doc: ¡No, mi amor! Preguntale a mi mamá si los vio.
Yo: ¡Quiero mis pocketeeeeeeeeeers! ¡Guaaaaaa!

Algo se agita al lado de tu oreja, se estremece en un sonido ronco y desapacible aniquilando la paz de una mañana que se hizo esperar demasiado esta vez. Aún presa del letargo que se niega a liberarte, lo observás con detenimiento, no se parece al Space de Top Toys, titila con destellos azules al tiempo que una voz conocida repite sin cesar…

“¡Hola! ¡Hola! ¿Te quedaste dormida? ¿Por qué no contestás? ¡Hooooooolaaaaaa!”

Y por fin la realidad empieza a cobrar vida, como un rompecabezas cada pieza encaja donde corresponde y el vaho de los sueños disparatados se disipa como una cortina de humo.

domingo, 4 de enero de 2009

Vecinos inmigrantes

¡Qué lindo es vivir como esta gente!

A las nueve de la noche, meticulosamente puntual, Mimí disponía montañas de aceitunas y cubitos de queso sobre la mesa del jardín, mientras su batallón de hijas obedientes corría de acá para allá acarreando empanadas, conservas caseras y vino tinto en abundancia.
Era la despedida del tano Vittorio, el vecino longevo de la cuadra que acaba de vender su última propiedad, la bonita casaquinta que acunó buena parte de su vejez… ¡nada menos que a H!
Despedida y bienvenida, todo al mismo tiempo… y, por si fuera poco, resulté “muy especialmente” invitada al novedoso evento.
Resulta que estos vecinos tan particulares han convivido durante décadas constituyendo a la larga una verdadera familia, transitan libres de culpa y cargo de una casa a la otra sin puertas ni cercos, rivalizando en ocasiones por los repollos más grandes o los damascos más carnosos o los conejos mejor alimentados.
Las esposas son expertas cocineras, sus vidas transcurren entre guisos campesinos y pastafrolas elaboradas a base de dulces artesanales, susurran en la penumbra del zaguán antiguos secretos gastronómicos, aprovisionan la despensa, alimentan a los hijos, a los hijos de los hijos y a quien quiera sumarse al festín.
Son italianos de pura cepa, entremezclan en su discurso resabios de un dialecto hermético que me hizo sonreír desde el comienzo de la velada, los hay del norte y del sur, sin envidias, sin recelos, el piamontés fanático de Ferrari y el calabrés que se hizo a la mar con hambre y ganas de hacer patria. Todos felices, amantes de la buena mesa, rezumando anécdotas graciosas que hacen la delicia de los más jóvenes.
Devoramos un regio asado generosamente acompañado de vinos procedentes de las mejores bodegas argentinas. Vino con soda para Carlo “porque la bebida no se le da bien” y la prueba está en que a la hora tenía los ojos chispeantes y se complacía en anunciar que a sus mohosos 75 años toma clases de música en la academia Yamaha, precisamente para entender el complejo mecanismo del organito electrónico que trajo de su último viaje a Europa. “Caprichos de viejo… psé”, rechistaba la esposa al tiempo que repartía entre los comensales pulposas porciones de tarta de frutillas casera.

Angiulina, la esposa de Vittorio, tiene cara de mala. Pero sólo la cara, por dentro es más blanda que un pan de manteca. Después de posar para la multitudinaria foto del “Pami Club”, me llamó aparte y dijo algo que no olvidaré jamás:

-Nena, la mermelata, muy rica… ma’ ¿pa’ qué colaste toda la cásssscara?
-Y porque las ciruelas… No sé, me parece que así queda más suave…
-¡Decate de coder! Al finale, vo’ laburá’ pa’ que lo’ demás manyen feliche.


Una genia la tana, más joven y sana con sus 80 años que unos cuantos que conozco. Vivió la mayor parte de su vida dedicada a la huerta, horas y horas lavando tomates y hojas de radicheta, recogiendo con esmero los higos que se colorean bajo el sol del atardecer. Hablando de higos, una cosa que escuché durante la cena, un hilacho de conversación así como al pasar:

“Si uno maldice bajo la higuera, cuando es medianoche… ¡se le aparece el diablo!”

Y la verdad… estoy tentada. En la quinta hay como seis higueras, podría ir probando un poco en cada una, a ver si consigo algo. Tengo varias propuestas para Mefistófeles que, por complicada que sea, no desdeñará así como así mi vanidosa alma inmortal.

Fue una linda noche, alegre, dicharachera, por momentos nostálgica y entrañablemente cálida.
H ya forma parte de esta pequeña comunidad, aunque no corra por sus venas la sangre del antiguo imperio, aunque sea tan sólo un novato muy voluntarioso en este maravilloso arte de la huerta orgánica. Ahora planta rabanitos, pimientos putaparió, hojas de espinaca y -a exclusivo pedido de quien suscribe- ha comprado un venerable ejemplar de ruda macho que me deleita con su perfume cuando el viento del sur agita sus ramas.
De a ratos pienso si no sería mejor dar marcha atrás y vivir como nuestros abuelos, cuando todo era tan simple y natural, cuando la tecnología se encontraba estrictamente limitada a las bondades de la penicilina, la locomotora vapor y las medias de Nylon.
Vittorio y sus amigos son felices, han sabido construir una vida digna, productiva, dejan su semilla en esta tierra, hicieron historia. Quisiera algún día poder decir lo mismo.
¡Saluti a tutti!