domingo, 29 de marzo de 2009

Anacrusa

Mejor dicho... el molesto episodio del Director psicótico

Un proyecto por todos esperado, la convocatoria para integrar un
“coro de verano” dirigida a los amantes del bel canto que se aburren frente al televisor mientras el sol de la tarde se escurre tras la arquitectura de la gran ciudad.
Música sacra, antigua, susurrada bajo las arcadas de una Iglesia históricamente célebre, canto gregoriano, Pergolesi, Palestrina…
Concurrí ilusionada, feliz, pero desistí luego del primer ensayo, no era para mí, ¡au revoir! Me disculpé como es debido, desestimando las críticas solapadas del director que de pronto se vio rodeado de un entusiasta grupo de cantantes faltos de estudio y entrenamiento, lo cual ciertamente dificultaba la realización de sus ambiciosos objetivos.
De todos modos la actividad continuó según lo planeado, el coro existe, vocaliza, cumple los horarios, el “Sicut Cervus” suena aceptablemente pero, por desgracia, ni los tenores alcanzan los agudos de Pavarotti ni las
sopranos han sido bendecidas con el don inigualable de la Callas, faltaba más… Y el director se queja, critica, culpa y amenaza.
Contra lo que era de esperar, ha demostrado ser un individuo frustrado, depresivo, por demás ambicioso y mezquino, no contempla las limitaciones de los que sólo quieren disfrutar la buena música y pagan religiosamente para que esgrima la batuta a su antojo, aceptando el repertorio y las recriminaciones, la humillación, la insolencia.
Un tipo completamente prescindible que, en lugar de brindar con humildad su talento al servicio del arte, se autoproclama con aires de grandeza “Maestro de Capilla”, título reservado a los grandes músicos de la talla de Bach, Haendel, Wagner… No está a la altura, es sólo un triste intérprete que busca emerger de las sombras añorando los laureles que jamás recibirá, un general sin ejército, o como diría mi querida amiga psicóloga… ¡un pelotudo importante!
El coro ha perdido la moral, algunos se lamentan como corderos, dóciles y silenciosos, aceptando lo que venga, sometidos a la voluntad del tuerto entre los ciegos. Otros, los entendidos, proclaman a voz en cuello la intransigencia de un director decadente, pagado de sí mismo, que escupe para arriba y amenaza a los débiles con negarles el Magnificat si no se esfuerzan como es debido.
Tipos como éste, mejor perderlos que encontrarlos. Seguí tocando el organito en la Misa del domingo hasta que algún gil te de la hora. ¡Desagradecido! ¡Fracasado!

viernes, 27 de marzo de 2009

La manzana de Adán

La casaquinta de H es un paraíso de frutales que, a lo largo del año, resplandecen en un abanico de colores y aromas brindando lo mejor de sí. Ciruelas, damascos y peras en lo más caliente del verano, higos de seis variedades distintas, uno más sabroso que el otro, las granadas están casi a punto, rechonchas, prometiendo un tesoro jugoso y dulcísimo de un rojo intenso lleno de semillitas, y en breve cosecharemos membrillos en cantidad respetable para poner a prueba las recetas magistrales que mis antepasados han transmitido de generación en generación, revelando los secretos mejor guardados al pie de la tumba, en el último suspiro.
También hay una huerta que H se ocupa personalmente de cuidar, anega los surcos que separan hileras de tomates, ajíes, radicheta y espinaca, quita los yuyos, rastrilla la tierra y cada tanto renueva el vestuario del espantapájaros que para Navidad ostentaba el disfraz de Papá Noel y ahora luce un jardinero pasado de moda, camisa a cuadros, un pañuelo rojo anudado al cuello y el característico sombrero de paja. Lástima que no espanta ni a las moscas…
Los ajíes putaparió son mi debilidad. Los hay de distintas clases, unos muy chiquitos de color
violeta que cuando maduran se vuelven espléndidamente rojos y pican como la hostia, otros redonditos de un sabor dulzón y los más conocidos, esos que te dejan la lengua ardiendo durante horas y la sensación de haber mordido un carbón incandescente. I love it!
La nona los cultivaba en maceta, en el patio bajo la parra. Cada tanto cortaba uno especialmente maduro, lo enjuagaba con la manguera y ¡trácate! Se lo comía de una, a lo macho, sin pestañear. Lo mío no llega a tanto pero le doy sin tregua, indudablemente ha de ser genético.
Ahora es la época de las nueces. Caen solas del árbol y están recubiertas por una cáscara semiblanda que se seca y se desprende dejando el fruto intacto, aunque algo húmedo.

-Don Vittorio, algo le pasa al nogal… las nueces salen mojadas.
-¿Ma, qué decís? Tené que secarlas al sol, chincue día seguido, la ponés e la sacás… ¿capisce? Entonce la cascás e ya está. Ma sí… lo cóvenes quieren tutto presto e así no va.


De modo que estamos en pleno ritual de secado al sol, como dijo el tano Vittorio que de esto sabe mucho, todo sea por deleitarnos con el exquisito pesto genovés de la nona, albahaca fresca, ajo y nueces (del resto no puedo hablar, tengo los labios sellados…) o alguna torta esponjosa para la hora del té.
Y lo más curioso de todo… Nos han mentido con respecto al manzano, no es como dijeron que el tronco se doblaba bajo el peso de los frutos, que comeríamos compota de manzanas, dulce de manzanas, tarta de manzanas, manzanas al horno y buñuelos de manzana hasta que las semillas nos salgan por las orejas.
El manzano dio tres frutos: el primero lo picotearon las calandrias, el segundo cayó estrepitosamente sobre la cabeza del perro y casi lo mata, el tercero todavía no madura. Es una manzana grande y redonda, se anticipa jugosa, refrescante. Día tras día montamos guardia al pié del árbol, no sea cosa que suceda una calamidad y haya que arrepentirse.
Se me hace agua la boca, me tienta, quiero hincarle el diente, soy capaz de cercenar cabezas por un mordisco, tanto así que despierta mis más bajos instintos.
Ahhhh… Es la manzana de Adán y yo, cuando quiero, soy una Eva muy decidida.

jueves, 26 de marzo de 2009

La pareja dispareja

Batalla campal bajo la mirada ausente del maestro S que espera pacientemente el cese de hostilidades para retomar el “Was betrübst du dich” de Hammerschmidt, porque este es el año políglota: Haendel en inglés, Fauré en latín, Cavalieri en italiano y corales varios en alemán. Para quien teme aburrirse…
Se rasgan las vestiduras debatiendo sobre la sala de ensayo permanente del coro y en la trifulca aparecen todo tipo de cuestiones enojosas… que el ruido, que el eco, que el olor, que las sillas son muy duras, que no entra la orquesta, que hace calor, que me queda lejos, y al final le quitan a uno las ganas de cantar estos viejos chotos que lo único que tienen joven es el corazón y las ganas de llevar la contraria.
Es especial Zulema que últimamente goza de un protagonismo en extremo pedante.
Zulema me odia. Como todas las profesoras de piano que tuve la desdicha de
conocer, incluida Mademoiselle Genevieve, la ciega del Conservatorio que era una eminencia pero tan malvada que de morderse la lengua corría riesgo de morir envenenada.
Me retaba todo el tiempo Mlle. Genevieve. Un día dejó caer la tapa del piano sobre mis dedos y dijo que “fue sin quegueg”, la hija de p… Si equivocaba la lección, me clavaba la mirada acusatoria de sus ojos blancuzcos con una rabia rayana en la demencia, y era como si pudiera ver a través de mí, como rayos X o algo así. No duró mucho la cosa, un par de meses fue todo lo que pude aguantar, debe ser por eso que nunca aprendí a tocar decentemente.
¿En qué estaba…? Ah, sí, Zulema. Detesto a la gente que se cree superior a los demás y se esfuerza en hacerlo notar. Así es ella… Me miró con rencor aquella vez que el maestro S elogió esa facilidad que afortunadamente tengo de leer música a primera vista, consecuencia de mucho estudio y cerebro quemado, de lo cual no me quejo. Ese día me odió con toda el alma y desde entonces no pierde oportunidad de lanzar frases hirientes cada vez que nos cruzamos.
Por ejemplo, si hay demasiada gente y escasean las sillas, me señala desde lejos y dice: “Ella que cante parada, si total es joven…” O si de pronto el director nos deleita con fragmentos escogidos de una obra que hasta los niños tararean, me mira fijo y aclara: “Es la 5ta de Beethoven ¿te diste cuenta?” Y yo río para mis adentros anotando en la memoria cada palabra ponzoñosa de esta vieja bruja que no ha tenido mejor idea que elegirme como blanco de sus frustraciones.
“Hay de todo en la viña del Señor”, decía mamá y no le erraba. Lo importante es saber discernir y no malgastar el tiempo en cuestiones que no tienen solución.
Por lo que a mí respecta, disfruto el solo hecho de cantar y nadie pero nadie me va a venir a aguar la fiesta. En especial ahora que he encontrado a mi alma gemela… Porque mi nuevo “novio” que se llama Leo, que ronda los 80 y se mueve con bastón, es portador de una magnífica voz de barítono que haría palidecer a Titta Ruffo (que en paz descanse) y no en vano me busca con la mirada de sus ojos claros insistiendo una y otra vez: “Sentate cerca mío… Hacemos linda pareja.”

lunes, 23 de marzo de 2009

Terminó en un zanjón

Una discusión acalorada, gritos, la amenaza producto de una furia que me aterra, de ese algo incontrolable que nos mantiene atrapados en una verdadera pesadilla, palabras hostiles que corrompen sin piedad, que se llevan la paz, la declaración de amor reducida a cenizas, intento explicar lo que no entiendo y mi voz se pierde en el vacío...
Tiemblo como una pluma en medio del temporal, camino sin rumbo al rayo del sol, entre la gente que me mira con asombro, nadie se atreve a preguntar pero muchos quisieran saber.
Debo haber estado en trance al menos un par de segundos, lo suficiente para que el bocinazo que sonó muy cerca de mi oído me advirtiera del peligro, fue todo tan rápido que tardé en tomar conciencia.
Tropecé contra el cordón de la vereda en el preciso instante en que el auto pasaba veloz a mis espaldas, fue como si el mundo se diera vuelta del revés y de pronto se hiciera un silencio de tumba interrumpido abruptamente por un extraño chapoteo y la sensación de no saber qué sucedió.
Alguien recogió mis pertenencias, todo excepto el celular que escapó de mis manos describiendo una parábola siniestra y aterrizó en el agua de la zanja, fue como si dijera "¡basta!", como si el principal testigo de este drama interpretara mi dolor a la manera de un amigo que busca protegerme... pero ¿de qué? ¿de quién?
Una crisis de llanto me envolvió con la fuerza de un abrazo titánico, lloré inconsolable acurrucada en el escalón de una casa anónima, apretando con fuerza el celular mojado y sin vida, negándome a responder las preguntas de los curiosos.

Días más tarde...

M: No entiendo, no puedo explicar, no sé cómo defenderme...
E: ¿Pero por qué y de qué tendrías que defenderte, Menta?
M: No sé... la verdad, no sé.
E: Yo te creo, para mí no cambiaste, sos la misma Menta que conocí.

Es posible que sus palabras no fueran del todo desinteresadas, que detrás del velo de la amistad palpite el deseo de haber llegado primero, de gozar una felicidad que nos fue negada a ambos. Sin embargo, confío, su voz me serena, no me avergüenza mostrarme como soy, desnuda y transparente, él sabe entender.
Antes de despedirnos me abrazó fuerte, me besó en el hombro y dijo algo más, algo que me conmovió: "Ojalá te hubieras enamorado de mí... Yo no te dejo ir así nomás."

domingo, 22 de marzo de 2009

Pequeños placeres

El rayo de sol que se cuela por la ventana entreabierta me despierta temprano. El aire es una mezcla de fragancias que embriagan, olor a tierra mojada, lavanda, rosas y menta.
Mate, tostadas crujientes, el diario y los perros jugueteando entre mis piernas. Un domingo como tantos y, sin embargo, diferente, único.
Cocinamos un asado para dos, no hay horarios ni compromisos, somos reyes en este pequeño universo poblado de pájaros y flores.
Al atardecer, un paseo en bicicleta hasta la Vieja Estación, el viento golpeando la frente, disipando la tristeza, invitando a la libertad.
Casi había olvidado cuánto extrañaba los pequeños placeres de esta vida sencilla…

viernes, 20 de marzo de 2009

Beauty Worker

La primera parecía muda, tan tímida que no atinaba a quejarse del dolor punzante de la espátula a centímetros del lagrimal. Una mártir de la belleza, como todas, capaz de arrojarse de cabeza de un quinto piso si le prometen que, tras dos meses de yeso total, quedará convertida en una Barbie con cinturita extra-small y unas tetas de ensueño.
La última, una brasilera conocedora de los trucos sucios de esta lucha irracional contra el paso del tiempo, exigió de plano artillería pesada. Que peeling, que puntas, que radio, que la conch… de la lor… ¿Querés puntas? Yo te voy a dar puntas, vas a ver… Y preparate para cuando te embadurne con este potingue de oro incaico que, si no hace milagros, por lo menos te deja
reluciente como una bolita de Navidad… ¡A brillar, mi amor!
Va cayendo gente al baile y la cosa se está poniendo buena. Los cambios son impactantes, adoro poner una sonrisa en la cara de mis chicas que se van radiantes, relajadas y lozanas con olor a arándanos y rosa mosqueta. Estoy cansada pero contenta, rumiando este éxito inesperado que aún no sé bien a qué atribuir.
Parezco una heladera andante con el ambo blanco, no me gusta y, sin embargo, cada vez que asomo la nariz recojo los piropos más rimbombantes del romancero criollo. Algo es algo, los piropos elevan la autoestima a niveles considerables y nunca están de más, vengan de quien vengan. Hasta el chino de la vuelta me mira con otros ojos aunque continúa reticente a desprenderse del arsenal de monedas doraditas que guarda bajo siete llaves, temeroso de la codicia de un barrio que le sigue siendo hostil. ¡Chino comunista! ¡Secuestrador de monedas! Ya te van a agarrar…
Esta noche, a descansar. El arroz thai que me encanta, un rico vino bajo la luz de las estrellas, una película que me haga reír y quizá más tarde, si el sueño tarda en llegar, un rato a solas con el “compañero de pieza” que nunca pero nunca se niega a mis caprichos.

jueves, 19 de marzo de 2009

Intimity


Cosas que me gustan… helado de chocolate y limón, sexo, mucho sexo, cuentos de Poe a la luz de una vela, mirarme en el espejo del dormitorio que sabe cómo mentir para hacerme feliz y la lluvia, esa lluvia suave que no llega a molestar, lluvia de verano, amor de primavera…
“Ev'ry time we say goodbye” canta Ella Fitzgerald y la seductora cadencia del jazz me aprisiona en una danza solitaria, autista. Podría emborracharme hasta perder la conciencia y aún entonces sentiría tu aliento en mi piel, un éxtasis tan real como doloroso.
No tengo fuerzas para enfrentarlo, hoy no.
Disfruto mi momento de completa intimidad, somos ella y yo, Menta y María, sin orden ni jerarquías, a veces cómplices, a veces enemigas, tratando siempre de entendernos, de complacernos…



martes, 17 de marzo de 2009

Si te vuelvo a ver...

Otra vez, me la veía venir.
Olvidé el turno con el especialista, el que me iba a estudiar concienzudamente para luego arrojar al aire el veredicto, simplemente lo olvidé, total ya me sentía bien, no me importó. Y ahora de nuevo estos espasmos que me electrocutan el estómago, no puedo respirar, duele como un parto de quintillizos, lloro, rezo decenas de Avemarías, camino doblada en dos agarrándome a las paredes, el piso tambalea pero sigo adelante rumbo a la heladera. Ahhhh… un buen trago de agua fría apaga el infierno momentáneamente.

Casi a punto de desfallecer, empujo la puerta de la sala de Guardia que está
prácticamente vacía. Me siento a un costado, la cartera apretada contra la panza para acallar el dolor. Un sudor frío me recorre la nuca, lucho con esa sensación familiar del pánico intentando concentrar toda mi atención en el andar sinuoso del gato anaranjado que se pasea al otro lado de la ventana.
De repente un tumulto de voces fuertes, puertas que se abren y se cierran y se me da por mirar de reojo. Yo conozco esa voz…
¡Es mi turno! Camino veloz hacia el consultorio Nro. 5.
El médico me da la mano, parece Woody Allen cuarenta años más joven pero igual de flaco. Lo de siempre, el interrogatorio que abrevio con un relato preciso de síntomas y posibles causas, anota todo y se dispone a revisarme. Siento vibrar el celular… ¿y ahora quién es?

Sms: “te vi en Guardia, pasa algo? estoy afuera, te espero”

Shit! Lo que me faltaba, él haciéndose el galán y yo con esta facha…
Me dejo revisar sin oponer resistencia. “¿Duele acá? ¿Y acá? Respirá hondo… Está todo normal.”
¡Siempre está todo normal pero a mí me duele como la gran siete! ¿Cómo puede ser? ¡Quiero saber qué me pasa! Me voy refunfuñando como la otra vez, a tomar Sertal hasta que pase el dolor, hasta la próxima que de seguro será peor. ¡Diossss! Me haría un harakiri si tuviera el coraje…
Entonces lo veo, de espaldas a mí, conversando animadamente con un colega, ambos vestidos de blanco inmaculado. Podría huir por la otra puerta y él no lo sabría, pero en el instante en que doy media vuelta con el pelo tapándome la mitad de la cara…

Él: ¡Hola! ¿Te escapás de mí?
Yo: No… Qué sorpresa.
Él ¿Estás bien? ¿Qué pasó? Te veo pálida.
Yo: Me duele mucho la panza y no saben qué es…
Él: ¿Dónde? ¿A ver?
Yo: No, dejá… Ya me revisaron, es la tercera vez que me pasa igual, debe ser nervioso o algo así.
Él: Qué raro… ¿Cómo estás vos?
Yo: Bien ¿y vos? Te cortaste el pelo...
Él: Estás muy linda, como siempre. Tenemos pendiente una salida…
Yo: ¿Ah sí? No me acordaba… Nos conocimos al revés nosotros.
Él: Me encantó conocerte, sos muy especial.
Yo: Vos también (todos iguales…) Hablamos uno de estos días ¿dale?
Él: Dale. Que te mejores, si te puedo ayudar, llamame sin dudar.
Yo: Gracias…

domingo, 15 de marzo de 2009

sábado, 14 de marzo de 2009

El hombre orquesta

En plena 9 de Julio, lo vi mientras esperaba la combi en ese instante de ocio obligado donde cualquier cosa, por insignificante que sea, alcanza para esclavizar los cinco sentidos mientras los minutos pasan lentos y uno lucha contra el aburrimiento y la espera.
De la montaña de objetos recogidos en las calles de Buenos Aires, extrajo un maniquí de goma espuma montado sobre un caño plateado, un plumero a modo de cabeza y un sombrero de paja adornado con cintas. Lo clavó en la tierra con sumo cuidado, orientado al norte como debe ser. Siguió acomodando sus pertenencias entablando un diálogo por demás animado con el maniquí, y por algún motivo recordé la escena de Tom Hanks y la pelota de cuero en la isla desierta, cuando la soledad extrema casi arrastra a la locura.
Dispuso una cantidad de almohadones deshilachados, cajas y armazones de variados tamaños sobre el césped, algunos los cubría con mantas, cada tanto se sentaba y no conforme con el resultado, cambiaba las cosas de lugar. Más tarde colgó sartenes y cacerolas oxidadas de un piolín que oscilaba entre dos sillas desvencijadas. Se alejó unos metros para observar la perspectiva, enderezó el maniquí que el viento impiadoso insistía en derribar y rebuscó entre una pila de objetos desconocidos el elemento que faltaba: la cuchara de madera.
Se sentó sobre dos almohadones grandes, cuchara en mano. Pensé que se pondría a cocinar o a
simular una olla popular, pero no. Ante los ojos atónitos de los transeúntes, comenzó a golpear las cacerolas con un ímpetu inimaginable, el pié marcando el compás como un metrónomo viviente, y cada tanto tarareaba alguna melodía disonante que contribuía a dar vida a este auténtico concierto de percusión.
Un espectáculo inesperado a la luz del atardecer.
Al fin llegó la combi. Seguí observándolo un rato más hasta que lo perdí de vista, ajeno a la realidad de un mundo que ya no reconoce, encerrado en su universo de cacerolas y maniquíes rotos… ¿feliz?

jueves, 12 de marzo de 2009

¿Borrón y cuenta nueva?

-Podrías abrir un blog nuevo…
-¿Para qué?
-No sé, con otra onda, otra temática.
-¿Y de qué voy a hablar? ¿Recetas de cocina?
-No, tonta… O sí, ¿por qué no?
-Porque no es lo que quiero. ESTO es lo que quiero, no importa si escribo bien o mal, es así, como sale, una radiografía de mí misma lo más literaria posible.
-¿Estás segura?
-No… últimamente no estoy segura de nada.
-A tu blog le está faltando ese humor ácido que es tan tuyo…
-Ya sé, es que perdí el sentido del humor.
-No es cierto.
-Sí, casi todo.
-Menta, necesitás un retiro espiritual.
-Necesito volver el tiempo atrás… unos 30 años.
-¡Qué bueno sería viajar en el tiempo!
-Sí, y cambiar todo, elegir a quién conocer, de qué enfermarse o qué baldosa pisar sabiendo lo que pasará después. Es como mirar por el tercer ojo.
-O la bola de cristal…
-Quisiera que el tiempo pasara más rápido, saber cómo y dónde voy a estar dentro de un par de años. Siempre digo lo mismo, pienso lo peor y me quedo corta.
-Lo que pasa es que ahora ves todo negro, pero ya vas a estar mejor.
-No sé quién me va a sacar de ésta, siento que el peso es demasiado grande y no puedo ¡no puedo!
-Sola no estás, a tu lado hay gente que te quiere bien.
-Ya sé… Pero no es lo mismo.

martes, 10 de marzo de 2009

Próximamente...

Tal parece que, a la larga, el esfuerzo da sus frutos. Y es que en breve descorcharemos abundante alcohol para festejar la apertura de mi modesto gabinete cosmetológico al que están muy especialmente invitados los lectores selectos de este vapuleado Blog.
De modo que usted, DMG, vaya reservando pasaje que lo espero con la mascarilla de caviar (no, no es comestible) y unos masajitos que lo van a hacer flotar en una nube de algodón.
No en vano agoté la semana envasando geles y lociones, rotulando frasquitos de variados tamaños, disponiéndolo todo con sumo cuidado sin olvidar ningún detalle. Hubo un
desborde de expectación entre las clientas que esperan milagros a la hora de borrar los manchones que el sol de las vacaciones ha impreso en sus rostros arrugados, todas quieren ¡peeling! y lo van a tener, joder.
Me brota un entusiasmo nuevo que es como una inyección de adrenalina concentrada. Quiero escuchar el ruidito del aparatejo ese que amenaza con electrocutar en cada toquecito y sentir el olor del ozono que es como lluvia sobre el asfalto, quiero “dermoabrasar” y pulir y escarbar, quiero romper ampollas de lo que sea y pincelar capas de arcilla como un discípulo de Rodin.
Ya no quiero saber de vuelos retrasados, paros de aduana ni portacontenedores vacíos varados en las costas de Singapur. Se acabó, enough!
Un día de estos lanzo el diploma por la ventana ¡y que me vengan a buscar!

lunes, 9 de marzo de 2009

Clave de Do en tercera

Era inevitable.
No hay fondos suficientes para deleitarnos con Mozart y su incomparable Réquiem que, dicho sea de paso, era la frutilla de la torta de este año musical tan nutrido.
Esperamos con ansias la llegada del Sponsor como los judíos esperan a su Mesías, y así seguiremos esperando por los siglos de los siglos porque en este año de malaria generalizada no hay más que pelusas en los bolsillos. El maestro S ya no escandaliza, se limita a anunciar que la versión de Fauré será con órgano porque el dinerillo destinado a la orquesta sólo alcanza para solventar la puesta de Semele.
Y daaaale con Semele…
La partitura es pesada, voluminosa, la escritura pequeña obliga a forzar la vista para descubrir la melodía en esas cositas que son como hormigas, llevará tiempo acostumbrarse. Y lo peor es que el infierno tan temido está escrito en cuatro claves diferentes, a la antigua, nadie se ha tomado el trabajo de transcribirlo de manera aceptable y ahora toca leer ese horror inaudito que es la clave de Do en tercera, que marchita la voz de las contraltos y es tan pero tan difícil… Peor para el dire que es como si interpretara varios idiomas al mismo tiempo, pero él no se queja, más bien alardea de esa capacidad sobrenatural de los músicos bien dotados.
Lo bueno es que la nueva sala de ensayos es de lo más acogedora, un pequeño paraíso en el barrio de mis amores, así da gusto. Todos están contentos, es bueno reencontrarse y si el motivo es cantar, no es posible pedir más.
Pensé que no iba a poder esta vez, en especial porque no logro evadir el recuerdo que me golpea el pecho a cada instante, porque tenía la ilusión de compartir esta dicha sencilla sabiendo cuánto le gusta, porque cada paso que doy es como un desprendimiento, un adiós no querido.
Sin embargo cantar afloja las tensiones, me libera, la voz se expande clara y potente y es delicioso saberme parte de esta increíble armonía, aunque Haendel haya complicado las cosas con sus claves retorcidas, aunque no sea Mozart este año, aunque por un largo tiempo me siga sintiendo perdida.

domingo, 8 de marzo de 2009

A simple thing like cry

El Día de la Mujer arrancó como era de esperar, menstruando a mares, encogida de dolor, intentando ahogar el llanto de la mañana en la placidez de la almohada. No quería que lo supiera, fingí dormir hasta que “algo” suave, como de terciopelo, ligeramente aromático y con ruido a papeles estrujados, me rozó el cuello y quedó inmóvil a mi lado.
H quiso inaugurar la jornada cumpliendo mis deseos de reina sin trono, anhelando devolverme la felicidad perdida. Pero las rosas que me gustan, todavía húmedas, frágiles y bellas, desatan todo el caudal de lágrimas que ya no puedo contener, lágrimas de amargura, de culpa, de soledad… Me abraza fuerte y me dejo llevar, no lo merezco, le hice demasiado daño, sin embargo persiste en su amor incondicional como si nada hubiera pasado, como si todo fuera un mal sueño y de
pronto despertáramos uno al lado del otro, como antes, como aquella vez en que asumimos el riesgo de una vida nueva, juntos.
El olor del café y las medialunas recién horneadas me devuelven de a poco a la realidad.
Es necesario volver a empezar, tomar las riendas de mi futuro y sacar a relucir de una vez toda esa fortaleza que parezco haber olvidado.
Deseo con toda el alma convertirme en la mujer que él merece, ser digna de su amor, hacerlo feliz. Sólo espero esta vez no errar el camino.

jueves, 5 de marzo de 2009

Te amaré en silencio

“Jamás te haría daño, te quiero demasiado para siquiera imaginarlo”.

Me pregunto cómo estarás, si volvió la sonrisa a tus labios, si dudás, si olvidaste mi olor y las caricias que tanto demandabas, si pensás en mí tanto como yo en vos.
“No puedo ofrecerte nada…” ¿Te acordás? Pienso en eso desde el primer día, aún antes del primer beso, cuando me ataban mil cadenas y sin embargo corría a tu lado ante el más sutil reclamo, cuando jugábamos al descubrimiento, por momentos arriesgándolo todo, felices, desesperados. Siempre supe que sería así, lo acepté, lo acepto… ¿Por qué habría de ser diferente? ¿Por qué pretender algo que no quiero de una manera tan burda e innecesaria?
Todavía no logro entender, me hundo en complicadas deducciones, equivoco el camino, me pierdo en llanto y ansiedad…
Quisiera ver más allá para despejar las dudas, para castigar y reparar, para gritar, para reír, para pedir perdón o agradecer. Quisiera que vieras en mí la misma luz que siempre vi en tus ojos, besarte en la frente y saber que confiás en mi palabra. Quisiera devolverte la paz que no te arrebaté, limpiar tus heridas y las mías para amarnos otra vez.
Y si ya no es posible, guardaré tu recuerdo como un tesoro muy preciado sin soñar jamás con olvidarte, tus ojos que son mi vida, tu voz que acaricia mis oídos, tus manos que me envuelven en un oasis de amor perfecto…
Tuya.

miércoles, 4 de marzo de 2009

“Sobresaliente, con felicitación del Jurado”

En este día tan glorioso, bajo una lluvia intermitente que desdibuja los contornos de la ciudad en movimiento, mi ilustre hermanita nos ha brindado una dicha incomparable. Con su conocida humildad y esa carita de niña que se conmueve ante las cosas más sencillas, con su solo esfuerzo y dedicación ha alcanzado finalmente el pedestal soñado, que no es poco decir.
¡Sí, señores! My little sister se recibió de DOCTORA, pero no de los doctores que curan, no, no, no. Doctora en Biología, especialista en aves y en cosas que uno no sabe ni que existen (o existieron…)
Un arduo trabajo de investigación en medio del campo rastreando nidos de tordos entre los espinos, al rayo del sol, en pleno verano, chapoteando en una ciénaga, a veces de madrugada, sin quejarse, siempre feliz. Al fin, el esfuerzo da sus frutos.
Defendió su tesis maravillosamente escrita delante de un Jurado por demás singular, colegas, amigos y algún curioso que se sumó a minutos de empezar. Brillante, como era de esperar, sin titubeos, clara y segura. La aplaudimos a
rabiar y hubo besos y abrazos, lástima que faltaron los souvenirs que eran huevitos de tordo en miniatura, pero a último momento desestimaron mi propuesta y la cosa quedó en la nada.
Hubo festejos con sidra y sanguchitos en el pequeño laboratorio con vista al río, rodeados de mecheros de Bunsen, pipetas de colores y microscopios de todos los tamaños. Me codeé con la “gente inteligente”, un manojo de cerebros privilegiados cuyo humor es difícil de entender, al menos para los que sólo tocamos de oído.
No importa si llueve a cántaros y arruino mis zapatos nuevos en un charco de agua sucia, hoy es como si brillara el sol muy fuerte ¡por fin algo bueno en medio del caos! Mi hermana del alma se ha doctorado con la máxima calificación, un hecho sin precedentes que dejó a todos con la boca abierta, y por si fuera poco ha sumado nuevos conocimientos a la ciencia, ahora es erudita en la materia y yo estoy tan orgullosa que estallo dentro de mí.

domingo, 1 de marzo de 2009

La impunidad de la vejez




-Queriiiiiida… ¿Sabés cuánto es el boleto mínimo?
-¿Hasta dónde va?
-Ahí… ¿viste dónde hacen esos ravioles maravillosos a la… la… Parisienne? Sí, Parisienne. Porque mi hijo me invitó a almorzar, me llamó dos veces, pero hoy no tengo ganas… Es que mi nuera se la pasa gritando y yo quiero estar tranquila, le dije que no iba. ¡Hoy no!
-Bueno, otro día comen juntos…
-¡Pero claro! Yo hoy me voy a comer esos ravioles deliciosos, nada de sopita y churrasquito pasado… A mi edad, sé muy bien lo que quiero. ¡Tengo 83, nena!
-¿En serio? La verdad que no parece…
-Pero los tengo, debe ser porque soy menudita y encima con los años me voy achicando. Este pantalón me quedaba apretado y fijate ahora… ¡me sobra de acá!
-Yo voy a comer con mi papá. Va a cumplir 72, le encanta cocinar el domingo y reunir a los hijos, mirar una película juntos, charlar, reírnos…
-¿72 tiene? Es joven… Yo a esa edad salía con mis amigas pero ahora están todas muertas, las enterré una por una. A mí, no sé quién va a llevarme flores… Pero todavía tengo para rato, no te creas… Me hicieron unos estudios porque me duelen los huesos. Aaaaah, qué dolor, pero no saben qué tengo. Para mí que los médicos, a esta edad, no la quieren atender a una, total si ya me queda poco para qué se van a preocupar ¿no?
-Pero a usted se la ve muy bien…
-Sí, es que yo me arreglo ¿viste? No voy a andar por ahí con ruleros y un batón, tampoco me quedo tirada en la cama, no, no, no. Yo salgo, voy a la confitería, hago las compras, visito a los nietos… Antes tenía un perrito pero también se murió… ¡Ahí viene el colectivo!
-¿La ayudo?
-Sí, querida, empújame un poquito… ¡Gracias!

Esperé con paciencia que circularan las monedas por la bendita máquina que a veces se torna intransigente y no reconoce, no suma, no devuelve. Moneditas de cinco centavos tenía la señora. Recogí las que rodaron por el piso, aún a riesgo de desnucarme en cada frenada. Intentó otra vez y otra y otra. Los pasajeros se acumularon a mi espalda rezongando por lo bajo, después de todo era una viejecita inocente que podría ser la abuela de muchos.

-¡Chofer! ¡Me tengo que bajar! Acá, pare acá en la esquina.
-Señora, no sacó boleto…
-Es la máquina que no anda bien… ¿A ver? Permiso que bajo, permiiiiiisoooooo… ¡Chau, querida, gracias, saludos a tu papá!

Y bajó nomás, nos hizo bajar a todos y prácticamente la escoltamos hasta la vereda, donde emprendió camino hacia su plato de ravioles, muy coqueta con su cabello platinado y unas bonitas zapatillas amarillas.