miércoles, 29 de abril de 2009

No sabés lo que decís

Así llegó ese día tan temido,
la Lola entró al quirófano otra vez,
la Lola vomitó su silicona,
hay Lola que blandita se te ve.


Resulta que a la Vives se le pinchó la silicona, como la canción. Y bueno, a cualquiera le puede pasar, no será la primera ni la última.
Lo que me llama poderosamente la atención es esta “nota
publicada en una de las fuentes chimenteras que no me avergüenzo en consultar cuando no hay nada más interesante que hacer.

Hasta donde yo sé, hay formas y formas de decir las cosas. Se puede tener el conocimiento y carecer del talento para expresarlo correctamente, de ahí que grandes eruditos prefieren el hacer en lugar del decir y depositan en manos de un orador más capacitado el privilegio de hacerse comprender.
También está el caso del sanatero, un especialista en el arte del discurso con escaso o nulo fundamento, es tan elocuente que terminan por creerle y aplaudirlo. Indudablemente, es quien recoge todos los laureles y, cuando menos, le pone empeño a la cosa.
Conozco muchos profesionales capaces, inteligentes, expertos y dotados de un lenguaje maravillosamente claro, expresivo y técnicamente exacto. Me gusta escucharlos, despiertan mi más profunda y sincera admiración.
Como el profesor López, titular de Infectología de la UBA, que por estos días se ha hecho famoso explicando los pormenores del virus del momento, la gripe del chancho. Su decir mesurado y un vasto conocimiento en la materia vuelven comprensible la abundante terminología científica, a tal punto que uno lo escucha embobado como si estuviera narrando el cuento de Caperucita y el Lobo.
Pero no es el caso de esta nota… O la entrevista está completamente editada por un idiota o el médico es tan médico como el carnicero de la esquina. Le preguntan qué pasó con la teta malograda de la “famosa” y el susodicho contesta con frases tales como:

“Acá estaba un poco en juego lo que era la salud de Vives.”

“Evidentemente, lo que yo presumo, es que lo que hacían era abrir esa mama, se metían por debajo de la piel para despegarle la cicatriz que tenía y la volvían a cerrar.”

“Yo tengo la silicona que le saqué totalmente destruida como prueba, la que está a disposición de cualquiera que la quiera ver.”

No sólo no sabe hablar sino que probablemente tanta avidez mediática le hace perder conciencia de lo que dice. A esto llamo yo un “profesional” de cuidado.
A dónde iremos a parar…

martes, 28 de abril de 2009

The dream

“All that we see or seen, is but a dream within a dream”
(Edgar Allan Poe)

Un sueño no puede repetirse, no de manera literal como un capítulo viejo de Lost, no es normal. Hay personas que sueñan “repetido” pero es más bien el concepto lo que se repite, no los elementos, o quizá no en el mismo orden.
También sigo creyendo que no hay color en los sueños, a lo sumo un sepia gastado y algún matiz que sobresale del conjunto, lo suficiente para afianzarse como recuerdo.
Lo cierto es que volví a soñar “eso” otra vez, un bis tan simétrico que mete miedo. Como si me hubiera quedado amarrada a algo y no pudiera soltarme…

Anochece, estoy sentada al piano y mis dedos se mueven con una agilidad impensable, no reconozco la música pero suena a Ravel y es bonita. Hay un hombre en la otra habitación, no habla, no puedo ver su rostro.
Salgo de la casa con cautela, afuera arrecia el viento y las ramas de los árboles se agitan como los brazos de dos amantes que intentan tocarse. Arañas enormes se esconden entre la hierba al costado del camino prontas a atacar, no obstante aprieto con fuerza mi collar de piedras “rojas” como si se tratara de un talismán protector y evito detenerme. Ya casi llego.
El edificio se alza como una mole grisácea en el límite del bosque, una bandada de cuervos vuela en círculos alrededor de la torre principal, no hay más sonido que el aullido del viento.
Corro escaleras arriba recogiendo las faldas del vestido, mirando cada tanto por sobre el hombro como si me acechara un animal salvaje. El túnel se extiende más allá de las sombras, escasos rayos de luna se filtran por las rendijas de las paredes, es húmedo y frío, considero retroceder pero no puedo, ella está allí, me espera.
Doy unos pasos y de pronto es como si el aire se volviera muy liviano, me elevo unos centímetros del suelo y avanzo silenciosamente, voy flotando como un fantasma en esa nada oscura y la sensación es sumamente placentera. Pero no logro avanzar, recorro un pasillo tras otro, como un laberinto, y continúo siempre en el mismo lugar.
Sigo “corriendo” y al fin veo una forma blanca que se aleja y desaparece bajo la última arcada. Es ella, la reconozco, debo alcanzarla. Corro más rápido pero ahora la atmósfera es pesada, me estalla el pecho en cada inspiración. A duras penas llego al final del túnel, camino agarrada a las paredes, me sangran las manos, mis pies se hunden en un inmenso charco de agua, no hay nadie allí. Era mamá, estaba tan cerca y ahora no puedo encontrarla.
Lloro y es un llanto mudo, un llanto de pesadilla.
Sueño que despierto allí mismo, recostada sobre una cama inmensa y mullida, intento pedir auxilio pero no puedo articular ningún sonido, algo se atoró en mi boca, todo está tan oscuro…
Alguien se acerca.
El miedo me paraliza, el corazón pega saltos en mi pecho. Es él, el hombre del otro sueño, está vestido de negro y camina hacia mí, se sienta a mi lado, toma con fuerza mis cabellos y me besa, es un beso largo que invita a la entrega total. Pero en el instante en que me abandono a su abrazo cierra las manos sobre mi cuello y siento la presión inconfundible, me ahogo, no entiendo… Tironea del collar con mano firme e implacable, ya no puedo respirar…

Despierto confundida, el cuello me duele horriblemente y tengo la sensación angustiosa de haber llorado. Pero estoy a salvo, no ha sido más que un sueño.
Busco en la memoria un dato sobre el collar pero ¿qué collar…? Algo ha de significar, es la única nota de color en un sueño que aún late en mi piel y se siente tan real.
Tengo miedo de volver a dormir.

sábado, 25 de abril de 2009

Veinte años después

La cita era al atardecer en el lugar de siempre que, conforme pasan los años, se va tiñendo de verdín. Muchas caras nuevas, otras sencillamente avejentadas, de aquél entonces sólo quedamos tres con el mismo entusiasmo y menos aire en los pulmones.
El techo del salón es demasiado alto lo cual exagera las reverberaciones, peor aún si la
muchachada insiste en entonar los cálidos compases del Ave Verum como la barra brava de Arsenal. Será cosa de domesticar a las fieras, cueste lo que cueste.
Es el coro de los egresados del colegio parroquial, un collage de personajes que se las trae. Del director sólo diré que ha ganado en simpatía lo que perdió en talento, especialmente desde que delegó el mando de la estruendosa Banda de la Federal.
El repertorio no ha sufrido grandes cambios… Yerevan Erepuní a grito pelado, el Carnavalito, las cantigas para Alfonso X que preferiría descansar en paz y la Capriciata a tre voci…

Nobili spettatori, nobili spettatori,
Udrete hor hora quattro belli humori
Un cane, un gatto, un cucco, un chiu per spasso
Far contraponto a mente so praun basso


No necesito mirar para adivinar quién canta pegado a mi oreja. Me abraza fuerte como en los viejos tiempos, la expresión elocuente y la sonrisa natural, y tarareamos a dúo el fragmento inolvidable de la Capriciata. Su risa es contagiosa, su vozarrón es el alma de la cuerda, ha madurado como los buenos vinos y el indiscutible parecido a George Clooney lo convierte en el centro de atención.
Nuestras miradas se cruzan en cada intermezzo pero no hablamos demasiado, algunos recuerdos, nada más.
Muchacho de barrio, tanguero de ley, ahora escribe versos de amor y hace reír hasta a los arcángeles de mármol. Hace veinte años me hubiera arrojado de cabeza al Riachuelo por un beso de su boca, ahora no sé...

Nobody knows the
trouble I've seen;
Nobody knows my sorrow…

jueves, 23 de abril de 2009

La vida que me alcanza



Empezando a suponer que mi uñas, otrora largas y filosas, necesitan un manicure urgente e intensivo.

Volviendo a los historias tenebrosas, aunque por la noche duerma sola y en silencio.

Ensayando nuevas formas de amasar pizza.

Llorando menos, riendo un poco más.

Saboreando ese rico vinito que se vería tan bien acompañado de una porción doble de postre Balcarce.

Observando cómo crece la flor del aloe que ya tiene aspecto de planta carnívora.

Jugando con el “compañero de pieza”, de vez en cuando… (a veces más)

Soñando despierta las cosas que no debo.

Intentando saltar al siguiente nivel.

martes, 21 de abril de 2009

Piacere con Compagni

El maestro S arrojó el guante y ahora sólo resta recogerlo.

“María, quiero escucharte para un solo de Cavalieri… la semana próxima.”

Así, clarito, sin derecho al pataleo, con ese tono rimbombante de obispo bien comido. Inclusive dijo que podía elegir entre la “Acompañante” del Piacere o el Angeli nel Cielo, lo cual resulta una obviedad puesto que no voy a andar por ahí vestida de blanco y con alitas ¡Vaffanculo! Yo quiero hacer de atorranta, de modo que acompañaré al Piacere y será un bonito duetto de mezzo y barítono.
Me hubiera gustado que él estuviera ahí, quizá hasta podríamos haber estudiado juntos la partitura que rezuma sencillez y parece escrita para conjugar nuestras voces a la perfección.

El texto dice así:

Chi gioia vuol, chi brama
Gustar spassi e piacere
Mentre il tempo lo chiama.
Venga, venga a godere,
Getti gli affani suoi,
Corra a gioir con noi.

(Qué alegría quiere el que clama
Degustar diversiones y placer
Mientras el tiempo lo llama.
Venga, venga a disfrutar,
Abandone sus afanes y venga,
Corra a disfrutar con nosotros)

Ahora lo que me preocupa es el vestuario. Imagino una túnica con brillitos dorados, peluca de largos rizos rubios, el maquillaje provocativo y sensual, ojos de odalisca, los labios incendiados de un rojo irresistible y… Shit!
Faltan sólo unos días para conocer el veredicto del maestro S. A fin de cuentas, tendré que estudiar a conciencia si quiero ser la gran puta de Cavalieri.

lunes, 20 de abril de 2009

Palabras olvidadas



M: Un día, prometeme, nos vamos a ir vos y yo lejos, bien lejos, donde no nos encuentre nadie, a reírnos de todos nuestros problemas. Es el unico plan que tengo por el momento...

P: Te lo prometo, me gustaría, la verdad que sí
.

(Mayo 2007)

domingo, 19 de abril de 2009

Para la barriada

No es que quiera ensalzar a nuestro jefe de Gobierno porteño, pero lo cierto es que el muchacho del bigote está adornando nuestro barrio con pintorescos boulevares, fachadas pintadas a nuevo, plazas rebosantes de flores y luces, sobre todo luces. Vaya que hacía falta…
Y para festejar los grandes cambios, no se le ocurrió mejor cosa que montar un precario escenario en medio de la avenida principal para ofrecer a la barriada una Gala Lírica con la participación de solistas de primerísimo nivel, y hasta ahí todo muy bonito.
Lo malo es que hacía frío y la soprano, una tal Tamara P, dueña de una voz espléndida, tuvo que cantar con sobretodo y por momentos se notaba que temblaba. Los tenores se lucieron y el bajo la rompió. Canzonettas que a todos gustan, Torna a Surriento, O sole mío, Marechiare y, por si fuera poco, la Chanson du Toreador que el público acompañó gozoso con las palmas.
Lástima que Macri no mandó plata para la orquesta y hubo que conformarse con grabaciones mediocres que no estaban a la altura de las circunstancias.
Como si no tuvieran fondos…
El Colón está en ruinas porque no lo cuidan, destruyen sin miramientos una obra de arte majestuosa, y no es que escatimen recursos, simplemente los malgastan y así estamos, otro año de andamios y promesas, uno de los más bellos teatros del mundo en completa decadencia y la incertidumbre, eso es lo peor, la incertidumbre del porvenir, cuándo, cómo, qué…
Para que el Fondo de las Artes baje la guardia y largue una propina, es necesario tener “contactos”. Es por ello que mi bienamado coro no logra la ayuda necesaria para una puesta a su nivel, sin mencionar que ya renunciamos a Mozart con todo el dolor del alma y quién sabe si podremos pagar la tiorba esta vez. Será de Dios…
Con los últimos acordes de Adiós Nonino, el cielo se ilumina de colores brillantes. Y claro, la plata de la orquesta se la gastaron en fuegos de artificio, faltaba más… Por lo menos la gente sonríe y aplaude, los perros aúllan temerosos y los niños enmudecen admirados.
Por el barrio, para el barrio.

viernes, 17 de abril de 2009

A Tango affair

Noche de milonga en El Cachafaz.



Desde el piso se eleva el rumor del dos por cuatro, como un latido profundo que penetra hasta el hueso. El humo del cigarrillo flota en espiral, el aire huele a ginebra y vino tinto, los hombres no se hacen esperar, las mujeres no se niegan.
Tus dedos juguetean sobre el borde de una copa, tarareás la melodía conocida y observás sin atreverte a ser parte. Voyeur. El tango te trastorna, te eleva, te hunde y te
arrastra, por un instante perdés noción de realidades y es como un viaje al pasado, un cafetín del 1900, ambiente recio de malevaje y cuchillo en liga, te sentís como pez en el agua y el sueño se vuelve palpable, no querés despertar.
Y de pronto sucede… Una mirada fugaz, cosas del destino. Sacudís la cabeza como si pudieras así desechar un mal pensamiento, y volvés a mirar. Está ahí, al otro lado del salón, te observa con ojos carentes de expresión, sin prisa, mide la distancia como un predador a punto de saltar sobre su víctima, te atrapa, se borra la sonrisa de tus labios y los diálogos a tu alrededor se confunden en un bullicio informe, lejano, ininteligible, no podés apartar la mirada y es como si se detuviera el tiempo, como si un hilo invisible uniera los extremos y ya no hubiera retorno.
Se acerca despacio sin dejar de mirarte. Salís a su encuentro como respondiendo a un llamado ancestral, no reparás en nada ni en nadie más. Te toma de la mano y caminan al unísono hacia el centro del salón, rodea tu cintura en un abrazo suave pero firme, te dejás llevar.
Es fácil, sorprendentemente natural y placentero. Un, dos, tres, cuatro… Su aliento roza tu mejilla, huele a champan y perfume caro, el perfume que te gusta y te embriaga.

-Tu me plais beaucoup.
-Je ne parle pas francés… desólé.
-Ta peau… Ta bouche…
-Je ne comprends pas.

No había nada que comprender, de repente habías cruzado la línea, sin darte cuenta, sin oponer resistencia, su mano en tu espalda, una caricia leve, dos cuerpos unidos moviéndose al compás, deslizándose como fantasmas sobre la resina, marcando por inercia el ritmo cadencioso de un tango gris.
Tango.
Noche.
Flotás entre las burbujas del champan, los rostros se desdibujan bajo la penumbra de un farol, poco importan las miradas de los curiosos, nada importa en realidad. Te dejás arrastrar a la deriva, lejos de los bailarines que continúan girando en silencio, bajos los párpados y la boca tiesa.
En la oscuridad te besa y es un beso distinto, apasionado, increíblemente suave y bello. Un tumulto de caricias y susurros, no podés pensar con claridad, su aliento en tu boca como una marejada incontenible, el abrazo cálido, estremecedor, tus manos envolviendo su cuello, rozando apenas sus cabellos… Y a lo lejos, impasible, la voz del Zorzal.

-Meri ¿dónde estabas?
-Fui a tomar aire…
-¿Estás bien?
-Sí, muy bien.

La noche ha terminado, como en los cuentos de princesas. Te alejás despacio, renuente, el peso de la inconciencia latiendo sobre los hombros y aún así, volvés la mirada una vez más. Allí está, al otro lado del salón, inmóvil, observándote en silencio. Su piel tiene el brillo del marfil, sus ojos son calmos como una laguna de aguas verdes, es bella y cálida como una antorcha en la nieve, es hermosa y lo sabe.
Los hombres giran a su alrededor, no los mira, no quiere, no siente. Sólo tiene ojos para vos...
Ella.

miércoles, 15 de abril de 2009

Por una cabeza

Se complicaron las cosas.
No es como cuando ejercitaba a Carlevaro y las cuerdas de la guitarra me perforaban dolorosamente la yema de los dedos hasta convertirlas en callo, lo cual a fin de cuentas proporcionaba la cuota necesaria de insensibilidad al tacto y era prueba irrefutable de la cantidad de horas dedicadas al estudio y robadas al simple hecho de vivir.
Horas, días, meses, años de técnica cronométricamente supervisada. Y eso sin contar la tortura extra de sostener el lápiz en la unión del pulgar y el índice mientras el metrónomo marcaba inexorablemente el tiempo de la digitación. No era posible descuidar el apoyo, los acentos, la secuencia, y lo más importante ¡que no se caiga el lápiz! porque sólo así era posible conservar la correcta posición de la mano.
Años de Carlevaro con el lapicito del orto y las manos convertidas en máquinas de precisión, no sé para qué…
Ahora todo es diferente. La mano ha de estar floja, el tacto suave y distendido, movimientos de bombeo lentos y acompasados al ritmo del corazón, so romantic… Pero no puedo aflojar la tensión de media vida dedicada a un instrumento que no quiero, aún no puedo evitar que mis manos piensen por sí mismas como pedía el Maestro, si hasta guardo la postura del lápiz… Unbelievable!
De a poco voy progresando. Memorizar la secuencia no es problema, me solidarizo con la linfa, envidio su calma, quiero ser como ella, la cuido, intento comprenderla, me siento parte del proceso.
Proximal-Distal… Distal.Proximal…
Es tan relajante que invita a un descanso prolongado. Mi chica de turno se duerme en la camilla, la profesora camina de un salón a otro repitiendo indicaciones sin cesar… “Llamada y retorno, bajamos por Ecom hasta Confluencia…” Palabras nuevas que me hacen sonreír, me gusta lo nuevo porque es aventura, me gusta mucho.
Pero ahora se torna imperioso practicar, otra vez, como siempre, al final voy a envejecer
PRACTICANDO no importa qué.
Y para variar, H no está dispuesto. Ha barajado una cantidad de excusas que me hacen arder de rabia pero esta vez no digo nada, aprendí que no es bueno desatar batallas que nos empujan indefectiblemente varios pasos para atrás. Ya no. Aunque el dicho resuene dentro de mi cabeza como bafle a todo volumen: “Dios le da pan a quien no tiene dientes”
Never mind. La solución me está mirando desde lo alto del placard, no tiene boca para quejarse ni oídos para escuchar mis reproches. Es ciega, sorda y muda. Es la cabeza de telgopor de la peluca que solía usar en la euforia del patrullaje nocturno, hace tanto que prefiero no recordar. Verla es toda una revelación que me llena de alegría. La abrazo, la beso y le prometo las bondades de una vida juntas, o por lo menos hasta que encuentre otra víctima dispuesta a dejarse drenar a mi antojo.
Cabeza de mis amores, cuántos recuerdos, querida… Vamos, vamos a practicar.

domingo, 12 de abril de 2009

Domingo de Pascua

El sol del mediodía fue el marco perfecto de una comilona histórica. Familia, amigos, los tuyos, los míos y los nuestros, niños, perros y algún vecino que se acerca a compartir la rosca casera que explota de pastelera y cerezas confitadas.
Una Pascua campestre al aire libre, la brisa arrebatando retazos de conversación, risas y el bullicio de los más pequeños, esparciendo el aroma del pollo que se cocina lentamente en el disco de arado al calor de los leños, la brisa que nos envuelve en un reencuentro esperado, “la familia unita”, como antes, como siempre.
Al contrario de otras veces me conmueve el alboroto a la hora de poner la mesa, sillas que van y vienen, que falta un plato, que sobra un tenedor… Cuido cada detalle con suma atención, nada me disgusta, soy feliz con mi mandato de ama de casa perfecta, porque hay cosas en la vida que se hacen con amor o no se hacen.

-¡Quiero más Coca!
-¡Dejá el cuchillo ahí que yo te corto!
-Mamaaaaaaa… El perro me robó el pan ¡guaaaaaaa!
-Callate y comé ¿querés?

-¡Qué rico que está el pollo! Gallego, la próxima traigo el lechón, lo estoy engordando… ¡jeje!
-Dejá de prometer boludeces, debe tener como quince años ese lechón…


-Meri ¿dónde está el juego del Banelco?
-¿Banelco? ¿Qué Banelco?
-El de la plata…
-Ah… Vos decís ¿el Estanciero? ¡Jajaja! Estos chicos del 2000…
-Ahora no juegan a nada ¡primero terminan de comer!

Los huevos de Pascua hicieron la delicia de grandes y chicos. Papá trajo gallinitas de chocolate casi idénticas a las que recuerdo de mi niñez, fue un verdadero festín, todos contentos y bien alimentados.
Y al promediar la tarde, en plena ronda de mate bajo los tilos, se abrió el portón de la quinta y apareció Anselmo con un “regalo” para los chicos. ¡Un pony! No puedo describir las caras de sorpresa, los gritos, la felicidad, el desorden natural a la hora de querer montarlo para dar la vuelta al parque.
La pony (porque era nena) se portó como una reina, nos paseó a todos -sin hacer diferencias- durante casi dos horas y la premiamos con una buena dosis de azúcar que la hizo relamerse un buen rato.
Al fin cayó la tarde y cada cual fue rumbeando pa’ sus pagos.

-¿No arranca el auto? A ver, dejame a mí… ¡Ya está!
-¡Vamos, chicos! ¡Basta de Coca-Cola, por Diossssss!
-Mamá ¿nos podemos quedar a dormir con Meri?
-¡Dejate de joder! Si todavía no hiciste la tarea… ¡Vamos, vamos!
-Tomen huevitos para el camino…
-¡Che, la pasamos bárbaro! La próxima alquílate otro pony y lo ponemo’ a laburar.
-¡Chau! Tengan cuidado. ¡Que descansen!

Estoy rendida, esta noche dormiré como una bendita, me lo merezco. Quizá hasta pueda dar otra vuelta en pony mientras duermo y la brisa nocturna me arrulla suave desde la ventana.

jueves, 9 de abril de 2009

El señor de los cuchillos

Esta vez no fue el péndulo. Madame Aliza extrajo de la cartera un artilugio de resortes y poleas que comenzó a manipular frente a mí, de la cabeza a los pies, murmurando cosas sin sentido como que el Chakra Corona está descompensado y que otra vez se me tapó el tercer ojo. En fin, el aparatito giraba amenazadoramente y ella repetía en voz baja una sarta de letanías que no logré entender y por ende supuse gravísimas.

“Bueno, ahora te voy a reordenar los Chakras y con esto vas a estar mejor, vas a sentir una energía nueva y podrás percibir las vibraciones positivas a través del hilo de plata que nos conecta a todos con el planeta.”

Ah bueeeeeno… ¡Somos todas locas de atar!
La cosa es que me limpió, me ordenó, me conectó y al final me sentí mejor. Por lo menos hasta que me roció con la bruma de alcanfor que casi me ahoga y quedó el aroma característico flotando en el ambiente, irrespirable. Dijo que tengo que usar el alcanfor en cualquier lugar o circunstancia que me provoque mala energía, aunque no sé cómo lo tomará la gente, es probable que la mala energía se materialice en el preciso instante en que rocío la bruma hedionda en el ascensor, en el chino de la vuelta o en el cajero automático.
Como sea, Madame Aliza se está ocupando de mí. Dijo cosas que me hicieron transpirar frío, cosas importantes que le iban dictando las cartas, Anubis cabeza abajo no podía presagiar nada bueno, los lobos y la Luna hablan de una trama oscura, peligrosa, difícil mas no imposible de sortear, y el cuervo en la cima de la pirámide podría encarnar a un ser malintencionado orquestando el caos. Hay de todo… dudas, desilusión, como siempre la crisis que precede a un cambio próspero, un escenario de controversias y al fin en lo alto, abarcándolo todo, Amón, el sol, la felicidad. Me pregunto para cuándo…
Pese a todo el resumen es bastante alentador. Mi momento favorito llega
cuando la lectura se transforma en un juego de preguntas y respuestas donde las cartas dicen SI o NO, y esta vez respondieron con tanta claridad que casi me caigo de la silla.
Lo más curioso es que, desde que me volví amiga del tarot, cada vez que pregunto por el “hombre importante” sale una carta con espadas o cuchillos, a veces flechas o un cincel, y cuando le pregunto a Madame Aliza si el hombre de mis sueños es un asesino serial, pone los ojos en blanco y dice que lo mío es kármico. ¡Que lo tiró de las patas!

martes, 7 de abril de 2009

El violinista y su madre

Es martes y está anocheciendo.
En vez de acurrucarme entre las almohadas a disfrutar de unas fajitas bien picantes y esa película que vengo posponiendo sin razón, aguardo prolija y aséptica al pie de la camilla a la clienta rezagada que no ha querido cambiar de horario. Todo sea porque en épocas de vacas flacas no hay que pecar de exquisito.
Contra lo que era de esperar, quien cayó en mis garfios no fue ella sino su inocente hijo, un adolescente de tiernos 13 años, con cara de choclo y ojos de miedo.

-Mirá como tiene la cara este chico, justo ahora que le hacemos el Bar Mitzvah… ¿a vos te parece? Yo le digo que pare con las papas fritas pero no hay caso, cada vez le salen más granos ¡qué barbaridad! ¿Vos podés hacer algo? Yo no digo que quede “lisito” pero algo ¡algo!

La verborragia de la madre espanta, especialmente cuando uno observa al muchachito que baja la vista en silencio, con la actitud alicaída de quien aprendió que es mejor no contradecir. Insisto en quedarme a solas con él, no soportaría ni un instante la presencia culpógena de esta matrona que pretende digitar cuanto sucede a su alrededor. A regañadientes acepta.

-¿Cómo te llamás?
-Alfredo.
-(Ay pobre…) Yo me llamo María, trataré de que no te duela nada, caso contrario me avisás.

No decía una palabra, no se quejaba, dócil como un corderito, tenía la cara del color de las remolachas, no tanto por el dolor sino más bien por la humillación de tener que resignar su voluntad, de no poder salir corriendo a jugar a la pelota o simplemente comer todas las papas fritas que se le antojen.

-El tratamiento es largo ¿sabés? Los resultados son muy buenos pero lo hacemos sólo si vos estás de acuerdo.
-Bueno…
-Tenés que colaborar un poco, usar los productos que te voy a dar en tu casa, todo eso…
-¿Vos sos judía?
-No, católica. Mi mamá quería ser monja pero por suerte se arrepintió, si no yo no hubiera nacido.
-Ah…

-¿Estás estudiando? ¿Pensás seguir alguna carrera?

-Voy al colegio y además… bueno… estudio violín. Quiero ser músico.
-(WHAT ????) No me digas… ¡Te felicito! Yo también soy música, canto y toco muy mal el piano.
-¿Qué cantás?
-Generalmente música antigua, barroco, Haendel, Mozart, Bach…
-Ah… A mi mamá no le gusta el violín, quiere que sea ingeniero como mi papá.

Acá la cosa se puso seria, se me subió la tanada que casi me explotan las órbitas. Si el chico quiere ser violinista ¡ma dejalo tranquilo! Está lleno de ingenieros manejando taxis y el pibe bien podría ser un talento único, un Alberto Lysy… ¿quién sabe? Esa manía insalubre de torcer la vocación, no entiendo ¡no entiendo!

-Bueno, por hoy ya está. Hay que seguir, va a llevar tiempo pero su hijo se va a ver mucho mejor.
-Es que el Bar Mitzvah es el mes que viene… No es que yo te quiera apurar ¿viste? ¿Si le ponés algo que lo seque un poquito? Mejor que sobre y no que falte ¿no? A ver, hijo, ¿qué tenés acá?


Y ante la cara de asco de todos los presentes y la mirada avergonzada del futuro concertista, sacó un pañuelo de la cartera, lo escupió con estruendo, y se lo refregó por la mejilla para quitarle restos de mascarilla. ¡Inconcebible! De sólo pensar el calvario que debe padecer este chico se me pone la piel de pollo.

-Alfredo, vení que me olvidé de decirte una cosa.
-Sí…
-No te olvides nunca de este día. Cuando seas grande, decile a tu mamá todo lo que hoy no te animás y exigile una indemnización. ¡Tenés derecho! Y ojalá un día toques Wagner con la sinfónica de Berlín y ella te aplauda en primera fila.

Se fue riendo con la carita iluminada.

lunes, 6 de abril de 2009

Así


Cada vez que soplo las velitas
Cada vez que rindo examen
Cada vez que sumo los números del boleto
Cada vez que sueño con arañas
Cada vez que estreno zapatos
Cada vez que camino bajo un puente mientras allá arriba pasa el tren
Cada vez que escucho nuestra canción
Cada vez que tiro la moneda y juego a la suerte
Cada vez que guardo un secreto

Ansiedad. A veces más, a veces menos, siempre ansiedad y esa sensación viscosa como de cachetazo con guante de goma que me mantiene unos segundos en suspenso, espectadora de un mundo que tardo en reconocer.

viernes, 3 de abril de 2009

Canción para mi muerte

How blessed are some people, whose lives have no fears, no dreads; to whom sleep is a blessing that comes nightly, and brings nothing but sweet dreams... (Bram Stoker)

Cuando llegue el gran día quiero transitar mi último paseo con una corona de amapolas en la cabeza, que no se olviden las monedas de oro para el barquero -aunque eso tendré que preverlo yo misma pues dudo que algún alma caritativa se desprenda así como así de sus doblones- quiero que me vistan elegante y que me perfumen de arriba abajo porque uno nunca sabe con quién puede encontrarse en el más allá. Me gustaría –pero ya es mucho pedir- viajar en una carroza tirada por caballos negros bajo un cielo tormentoso y que a lo lejos resuene el aullido de un lobo, tiene que ser en otoño para escuchar el ruido de las hojarasca, todo eso quiero, y que al pié de la tumba se de lectura al testamento, porque para ese entonces espero poder dejar un legado respetable… ah, ya me regodeo imaginando la cara que van a poner cuando sepan quién, cómo, cuándo y cuánto.
La lápida… eso es algo que me perturba. Se me ocurren cosas como “Favor, no molestar”, “Aquí yace el polvo de Menta, que en vida tuvo muchos y espectaculares”, “Ven, aquí te espero”, “Enseguida vuelvo”, “Colorín Colorado, el cuento se ha terminado” y otras…
Flores naturales o nada, mejor pasto y un arbolito para cobijarme a su sombra. Podría ser un aromo o un roble o un jacarandá, menos el gomero porque trae mala suerte y peor la higuera, dicen que si uno duerme bajo sus ramas amanece muerto.
En fin, por si me fallan los cálculos y nada de esto es posible, dejaré bien clara mi última voluntad, no sea cosa que el diablo meta la cola y no haya manera de rebobinar. Quiero irme en paz, pero una paz que se note y se escuche y que permanezca resonando en el viento, por lo menos hasta que varios palmos de tierra me oculten para siempre de este mundo cruel.
Quiero Fauré en mi entierro, nada de cosas lúgubres ni melodramáticas, quiero entregar el alma bajo los acordes de esta hermosura, sólo así es seguro que no terminaré enredada en alguno de los siete círculos con un olor a azufre que apesta, quizá hasta tenga la suerte de que un ángel especialmente bello venga por mí, un ángel con los ojos y los abdominales de Brad Pitt, y entonces sí que estaré en el paraíso.
R.I.P.

miércoles, 1 de abril de 2009

Nuevo decorado

Nos lavamos bien los dientes, planchamos los voladitos, secamos las lágrimas, unas gotas de perfume, un sutil toque de rouge y ya estamos listos para el estreno. Era hora…
Renovarse siempre es bueno, afortunadamente esta vez no se me dio por sentarme en el sillón del peluquero a exigir absurdos de los cuales no tardaré en arrepentirme, será que por fin maduré… ¡naaaaaa! No es que lo descarte pero por ahora mi pelo sigue largo, sedoso y envidiable, nada de raros peinados nuevos y cortes alocados.
Un cambio necesario que imprimirá nuevos aires a mi pequeño y exclusivo mundo, una pincelada verde menta como a mí me gusta, porque sí, porque quiero, porque me rejuvenece. Una nueva mirada, tal vez…
Ojalá fuera así de fácil, dar vuelta la página, cambiar la foto en el portarretratos, borrar la tristeza con goma de tinta y que todo vuelva a empezar… y ser feliz.
Ojalá.