martes, 8 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

Ars subtilis

Lo acusan sin mesura, sin embargo no es el único que copia, que hace pasar por suyos hallazgos ajenos. De estafas semejantes viven, por ejemplo, los psicoanalistas que suelen callar durante toda la sesión y al final repiten las últimas palabras del paciente pero con tono doctoral.

En la Naturaleza hay demasiados parásitos de este estilo e incluso objetos que viven de los méritos ajenos, como los espejos o los ecos montañosos.

En síntesis, ese tipo no es el peor plagiador aunque hay que tener cara para usurparte el gestito del dedo acusador y la ceja levantada.

Quizás también te plagia cuando no lo espiás. Seguro que anda por la vida diseminando palabras exquisitas como "¿Me estás cargando?” o fanatizando con un rico pan casero…

Pero tiene, creéme, su merecido castigo. Así como las computadoras no son inteligentes ni creativas, él sólo puede repetir con cierto éxito las ideas y las palabras que vos proferís. Por ello ha naufragado cada vez que te ha dicho "Te amo", frase que prudentemente jamás le han obsequiado tus sabrosos labios.