jueves, 8 de noviembre de 2012

Retratos

Cuando me preguntan, respondo: “Nos estamos conociendo”. Aunque en realidad soy yo la que quiero conocerlo, a él mucho no le importo. Es elegante, delgado, brilla con su propia luz y, si tiene algo que decirme, lo hace suavemente, sin estridencias. Estamos juntos noche y día, como novios. Me da las buenas noches y me despierta bien temprano. Si necesito una receta, se la pido a él. Si olvidé una fecha importante, él me la recuerda. Si me siento sola, me canta una canción. Y si no quiero compañía, se queda callado, a mi lado. Creo que nunca va a abandonarme, como el herpes o mi sombra.


En estos días de calor desértico todas las golosinas van a la heladera. La anciana del cuarto piso se queja del incesante goteo del aire acondicionado que ahoga a sus petunias. La gata sufre en silencio, de panza contra el piso que es lo único que sigue frío en esta casa. El sol ya no alegra el corazón, lo derrite. Bailo una improvisada danza de la lluvia en la bañera, a riesgo de resbalar y desnucarme. Queremos que llueva y se enfríen los ánimos… todos los ánimos.  

Te extraño más cuando tomo mates con cascaritas. Necesito que vengas a abanicarme y yo seré un rato tu esclava si es que refresca un poco. Qué paja este calor… Le pregunto a él -que todo lo sabe- si durará mucho este infierno y me muestra unos soles anaranjados muy poco alentadores. Y, si viene la lluvia, será el diluvio universal… otro más.

jueves, 11 de octubre de 2012

Here comes the sun

La primavera despierta esas cosas en la gente, uno se siente mejor persona cuando calienta el sol. Por el contrario, hay más asesinos seriales en las noches gélidas y es peligroso andar solo por ahí, subir al colectivo y luchar contra los malvados niños que se abren paso a golpes de mochila o las ancianas que amenazan destriparlo a uno con esos paraguas desvencijados. 

El sol pegaba de lleno en el patio del colegio apenas florecían los malvones de la hermana Antonia. En esa época nos bronceábamos sin culpa y sin ninguna protección, el jumper levantado hasta alturas pecaminosas, flojo el corbatín, en ocasiones sin medias, intentando evadir el control policial de las monjas. Estaba la que se untaba en crema de zanahoria o incluso Coca-cola pero todas ¡todas! éramos expertas en el arte de ostentar el bronceado perfecto. Como Raquel Mancini, de quien también copiábamos las cejas despeinadas y el pintalabios rosa metalizado. 

Al promediar octubre habíamos alcanzado el color soñado, luego era menester mantenerlo. Solía pasar horas enteras achicharrada en la terraza a punto de deshidratarme para terminar convertida en una momia boliviana. Eran los gloriosos 80. 

¡Cuidado con pelarse! La que se pelaba quedaba a dos colores, peor que la desteñida porque esa todavía tenía esperanzas. A veces nos reuníamos en alguna casa para tomar sol en manada compartiendo los restos de un Rayito de Sol o aceite robado de la cocina. Éramos creativas a la hora de acelerar el bronceado. 

Entonces no pensábamos en arrugas y manchas y otras cosas peores que hacen estragos entre mi sufrida generación. Afortunadamente he salido ilesa, ya no tomo tanto sol y no me pesa el que me cargué durante años. Con el tiempo fui perdiendo el afán y la paciencia, claro que aún guardo el labial rosa espantoso y una botellita con un líquido espeso de color marrón que constituía el verdadero secreto de mi éxito. 

Sol de primavera… No es lo mismo que el sol del verano que se padece y se transpira. La primavera es vida, es el comienzo, el gozo, la juventud. ¡No hay nada más lindo que tomar sol en primavera!

sábado, 4 de agosto de 2012

Mañana

"After all, seasons change. So do cites. People come into your life and people go. But it's comforting to know that the ones you love are always in your heart".

Hay restos de masa en mis muñecas, masa fresca de bizcochuelo y dulce de leche pegoteado. Mamá decía que nunca iba a ser buena ama de casa, que las artes domésticas no estaban hechas para mí. Pues bien, madre, equivocada estabas. O en parte porque, cuando menos, he
aprendido a cocinar y no lo hago tan mal. Cocinar es mi cable a tierra. Ni la música ni escribir ni leer, ni siquiera hacer el amor. COCINAR me hace olvidar todos los pesares, me distrae, me alegra, me agota y al final tengo algo concreto (crujiente o esponjoso) para saborear y compartir.

Estoy contando las horas que faltan para que se pongan en línea mis planetas y constatar que he envejecido otro año. Tengo miedo de mirar la bola de Madame Aliza, miedo de las decisiones que tendré que tomar, miedo de que te vayas y nunca más vuelva a sonreír.

Por si acaso me voy a dormir y, cuando despunte el sol, será el después.

lunes, 30 de julio de 2012

Los vecinos no se eligen, se padecen

“El camino al infierno está plagado de buenas intenciones…”

La del 4° me la tiene jurada. Intentó un acercamiento solapado, en ocasión de la penúltima reunión de consorcio, en aras de consolidar votos para el arreglo de su balcón. Tiempo perdido. Hice como que no la escuchaba mientras jugueteaba con el llavero y entonces supo que jamás conquistaría mi inconquistable visto bueno. Desde entonces me ha quitado el saludo y yo me río de Janeiro, me río en sus narices y dejo que el aire acondicionado gotee impúdicamente sobre sus malvones.

Por el contrario, el fumador del 7° me cae simpático y ya no le temo al enano del 1° y sus miradas violadoras. Pero la peor es la del 3°, definitivamente. Con ella inclusive sueño, a veces.

Tiene una hijita de cabellos dorados y ojos azules que cuando llora hace estallar los cristales y algo que podría confundirse con un perro. El chucho es una mata de rulos negros con dientes que gruñe malhumorado hasta cuando duerme. No lo pasean, se pasea solo y no tolera que toquen su correa; es peligroso pues no ladra, muerde. Me niego a tomar el ascensor con él, ya me arrancó las piedritas del llavero una vez y la próxima irá por mi mano o algo peor.

Ella –la del 3°- es igual de mala y bruta. Me cierra la puerta del ascensor en la cara, me atropella con el cochecito de la criatura y nunca pero nunca pone al perro en su lugar. Para evitar cualquier encontronazo, espero escondida en el umbral de alguna casa vecina a que desaparezca con toda su prole y, cuando me aseguro que ya no está, hago mi entrada triunfal como si tal cosa.

Hasta la otra noche, cuando sin querer nos cruzamos en la puerta del edificio. Ella, la niña rubia y el horroroso can que salió como una tromba a mojar veredas propias y ajenas. Entonces ocurrió lo que tenía que ocurrir. Mi perro, que lo dobla en tamaño y carácter, se infló como un palomo en celo apenas lo vio, se cuadró en su mejor ofensiva y me llevó flameando al ataque dispuesto a comerse vivo a la cosa enrulada esa que, de pronto, parecía buscar un hoyo en el pavimento para escapar del enemigo.

Unos cuantos vinieron a ver qué pasaba y hasta el panadero intervino para separar a las bestias. Mi perro llevaba las de ganar y de buena gana lo hubiera dejado hacer, claro que después me tocaba pagar veterinario y/o entierro. Pero se hizo justicia de una buena vez. La loca del 3° se fue asustada arrastrando los restos del perro que lloraba a moco tendido y nosotros alargamos el paseo nocturno para calmar los ánimos, felices y vencedores. Compré helado, un vasito para cada uno y lo acaricié mucho, hasta que se durmió. Mi héroe.

lunes, 23 de julio de 2012

I don't give a shit

Estamos a julio y todavía no conseguí la agenda que me desvela. No me ocupé y ahora me miran raro en la librería cuando pregunto y vuelvo a preguntar e insisto en que no puedo dormir si no la tengo. ¿Dónde voy a registrar mi posteridad? ¿Qué van a pensar de mí, de este año en blanco sin frases célebres ni decisiones revocadas?

No tengo agenda, abandoné la dieta que me auguraba un futuro de feliz delgadez que es como una vuelta atrás esperando que me entren otra vez las mismas mallas pasadas de moda o el shorcito aquél de flores diabólicas que guardo sólo para constatar que mi trasero sigue aún en su lugar… y por si fuera poco, perdí la Llama Violeta. ¡La perdí!

No es que no se encienda, más bien no sé cómo encenderla. Antes no creía en estas cosas pero últimamente me he vuelto meditation dependiente y necesito mi llama, que me llame, que me queme, que me revuelva un poco y me haga dormir. Anoche pasé media hora sentada en el piso tratando de vaciar la mente y evocar la luz. Me dolían los huesos y la luz no venía… ¡Ma fregatto!

No alcanza con las pequeñas renovaciones que intento en mi acogedora cueva. No tengo ganas de decorar ni guardar ni romper. Tengo hambre.

Ahora me doy cuenta que todas mis frases de este post empiezan con un “NO”.

sábado, 16 de junio de 2012

Ajuste de cuentas

Me obsesiona el cocinero ése del microondas, el de Utilísima. Sí, veo Utilísima y es una de las pocas cosas que no me avergüenzan aunque tampoco es cuestión de andar por la vida gritándolo a los cuatro vientos. El tipo tiene la desfachatez de cocinar torta frita en microondas y sólo por eso lo sentaría yo en la silla eléctrica hasta que los huevos se le hagan omelette.

Pero no estoy enojada por eso. Tampoco porque fracasó mi masa bomba y no podré sorprender mañana a mi papá con su postre favorito. Estoy furiosa conmigo misma y con el diablillo de la curiosidad que me llevó de las narices a desenterrar cosas que creía olvidadas y ahora estoy dale-que-dale tejiendo un intríngulis que temo me haga perder la compostura de manera irreparable.

Jamás te cruces en mi camino. A vos te digo, ¡chirusa manochanta! A vos que un día osaste meter el dedo en mi torta. ¡A vos! Sueño que la estrangulo con mis propias manos mientras le canto de una sola vez la verdad de la milanesa y lo disfruto tanto... Vas a desear no haber escuchado mi nombre, vas a pedir que te trague la tierra.

Sabelo, te la tengo jurada. Y de ésta no te salvan ni las 108 reencarnaciones de Buda.

martes, 15 de mayo de 2012

Feel like a zombie

En aquella época, quedarme sin cigarrillos podía desatar toda una serie de acontecimientos desafortunados. Ahora, en cambio, el hambre es mi peor enemigo. Por eso del doble desayuno y el conito de chocolate suizo y las cosas novedosas del barrio chino. Los chinos tienen ese lado bueno. Ese solo, claro.

El profe del gimnasio no me saluda más desde que
abandoné las clases o -lo que es lo mismo- desde que dejé de pagarle, lo cual no sólo me ha vuelto muy independiente sino increíblemente más fibrosa. Ahora me gasto la plata en zapatillas y bombachas con voladitos y levanto las pesas más pesadas sin su ayuda interesada.

El gimnasio me da hambre y el hambre me pone al borde la insatisfacción. Todas esas delicias prohibidas que de seguro me harán reencarnar en una vaca. Sí, en una vaca sagrada de la India a la que nadie va a querer tocar.

"Why you don’t touch me?" Una semana de privación puede hacerte sentir muy miserable, sobre todo si decidís renunciar al maravilloso autosexo porque lo otro es mejor, infinitamente mejor cuando deja de ser tan sólo “imaginable”.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Just relax

Ya no quedaban ni las miguitas de Hansel y Gretel. Quizá por eso se aferraba a cualquier minucia... La menor pequeñez le parecía un ancla que los mantenía unidos de alguna forma impalpable...

Extraño cuando los días transcurrían plácidamente.

Me siguen acosando algunas perplejidades filosóficas pero ya no tanto, como eso de que no se llora sobre la leche derramada y el desgrane quirúrgico de mis propias culpas.

Soy feliz de a ratos, cuando no pienso demasiado y simplemente voy y lo tomo o lo hago o lo rompo a patadas.

Mirar la lluvia golpeando la ventanilla del tren, la sonrisa de un kioskero amable, el arco iris, Monteverdi y algunos colores… Eso es felicidad aunque efímera. Quizá por ello, más codiciada.

jueves, 29 de marzo de 2012

Soy MUJER

“El pecado abre las puertas del cielo más fácilmente que una virtud hipócrita”.

Hablar de menstruación es hablar de ser mujer. Una mujer que se precie de tal no negará los dolores, los olores y colores, la pegajosidad y las complicaciones del cambio de tampón.

Los hombres no saben de estas cosas: Les llama la atención el berrinche, la compra compulsiva de toallitas, la conversación entre amigas donde TODAS estamos de acuerdo en algo: en esos días nos hinchamos.

Is menstruation a sin?

La nona decía que “en esos días” no había que lavarse la cabeza. Why not??? Sobre esto no encuentro explicación pero también decía que bañarse “en esos días” acortaba la vida. Y decía muchas otras cosas, como que el dolor cesaba con un trago de ginebra y que podía cortarse el flujo tomando té de borraja y limón. Otra forma muy pecaminosa de suspender la menstruación era mirarse al espejo y se sabía que una andaba con la regla si batía la mayonesa, ésta se cortaba. Cualquier batido se cortaba “en esos días” y la masa de pan no leudaba y las sandías se secaban.

“En esos días” que ya no son. Ahora somos inimputables y podemos bañarnos, tomar sol, hacer el amor y depilarnos sin que nos posea el demonio ni se eche a perder ninguna comida.

Los hombres siguen sin entender pero la Naturaleza es sabia: por algo no los ha preparado para abrazar la femineidad.

lunes, 20 de febrero de 2012

Todo el tiempo vivido que hemos perdido sin protestar

En las hadas no sé, pero en las brujas creo firmemente. Y también en el desayuno "bis", los hongos, el síntoma y en algunas versiones del amor.

Hoy mis tres curvas biorrítmicas están en baja. Sumado a que me sobra el tiempo y de a ratos llueve, la combinación resulta escalofriante. No quiero que me pase otra vez... Hace exactamente un año me preguntaba qué sería de mí un día como hoy, de mí y de mis endorfinas, contigo o "sintigo", si habría logrado pasar la prueba. Pues pasé. Y ahora pienso que no fue tan malo, o tal vez sí pero no tan aterrador como el hecho de que en mi infancia todas mis bombachas eran blancas.

No sé qué quiero pero sé lo que no quiero. No quiero que te vayas de mí.

domingo, 19 de febrero de 2012

Una tarde cualquiera

O el maravilloso arte de hacer lo que se me da la gana.

Señora MASA



Ravioli di ricotta e spinaci, miei preferiti



Higos negros en ebullición



¡Y qué mermelada!



La mia Pasta Frolla



¡Buona mezza e tutti contenti!

miércoles, 15 de febrero de 2012

Subís o subís

No quiero que me abraces. Mejor abanicame y no te detengas hasta nuevo aviso.

Caminar por estas tórridas calles envuelta en ventiladores, eso quiero. Y que la bendita tarjeta que SUBE la temperatura y el mal humor me llegue un día de sorpresa cual carta de amor o que una simpática cigüeña la arroje por mi ventana o que me la traiga el repartidor de pizza, cualquier cosa menos derretirme al sol en una plaza invadida de palomas que me picotean los pies como si fueran pochoclo.

In-hu-ma-no. Un vaso de agua te dan para paliar el desmayo. Agua que inmediatamente el cuerpo transpira, se evapora y retroalimenta el ego de esta humedad aplastante. Me pregunto si me multarán por meter los pies en la fuente, aunque sea uno y el otro que se aguante un rato más. Agua. El calor me hace delirar. Sueño con una lata de Mountain Dew y una bolsa de papas fritas. ¿O era Teem?



Damas y caballeros, por aquí se SUBE a la Matrix.
Concurrir solo de Elegante Sport.
Prohibido el expendio de bebidas alcohólicas a menores de edad.
Por favor, corriéndose por el pasillo que al fondo hay lugar.
Cuando yo le avise suelte el embrague y acelere.
No hay de qué. ¿Es para mí? No se hubiese molestado, etc... etc...

lunes, 13 de febrero de 2012

All we need is love

“E pluribus unum” (En la pluralidad somos uno)

Detesto San Valentín y cualquier cosa con forma de corazón. Detesto las parejitas acarameladas que se hacen ojitos y prometen amor eterno y llenan las redes sociales de frases empalagosos y fotos con ositos. Detesto las tarjetitas de Winnie Pooh, el concurso del beso interminable y las bodas en serie. ¡Detesto el día de los enamorados!

Usted, Dr. AC… explíqueme por qué no estamos festejando hoy, mañana, pasado… Sepa que no quiero chocolates, tampoco globitos ni flores, pero nada mal vendrían unos triples de atún con mayonesa y más tarde, quizá, un helado cucurucho de esos que a usted le gustan tanto. Entérese de una vez y deje de hacerse el tonto.

Ah… el amor es así.

lunes, 30 de enero de 2012

Mi segundo nombre es "Libertad"

Estreno ojotas blancas. Reestreno soltería.
Marido lejos. No tengo culpa. De arrepentirme, ni hablar.
Esta noche sushi. Mañana, también.

miércoles, 18 de enero de 2012

Elocuencia

Esta mañana, pegándole a la bolsa, hice un descubrimiento fundamental. Por fin me di cuenta por qué, algunas veces, lloro un poco después de hacer el amor. Yo creía, al principio de esta historia, que era miedo a que se terminara. Claro, nadie tiene el futuro asegurado y mucho menos el amor. Sin embargo, es algo diferente, más profundo... existencial. Pronto podré explicarlo con palabras, mientras sigo boxeando.

martes, 17 de enero de 2012

Dangerous flora

Esta cosa está viva y crece en mi balcón. De las hojas carnosas caen semillitas y donde caen, crece un brote nuevo. La planta del horror ha invadido todas las macetas cercanas y, al parecer, planea extenderse más allá de lo que puedo permitir. Estoy segura que me observa y estudia mis movimientos. Por si acaso, no le hablo y la riego poco.

Tengo la costumbre de sentarme bajo el tórrido sol de la tarde y, mate en mano, leo a Dumas. Siempre vuelvo a Dumas y es que no conozco remedio más efectivo contra mis fantasmas. Leo abstraída y de pronto recuerdo quién soy y dónde estoy, hago ruido con la bombilla y entonces veo semillitas cerca de mis pies que aparto con asco. ¡Antes no estaban ahí! Se aprovechan de mi distracción para invadir nuevos territorios. ¡Lo único que me falta es convertirme en la mujer árbol!

Muchas veces pensé en podarla pero algo más fuerte detiene mi mano. Para mí que tiene poderes extrasensoriales como los Tommyknockers o las pirámides doradas de Los Invasores. Me lee la mente, me lee…

Cierro el libro y me hundo en la frescura de mi habitación. Cambio a Dumas por un rompecabezas y el mate por vino helado. Adoro los rompecabezas. No tanto como el queso de rallar o las películas de miedo, pero casi. Me gusta que las cosas terminen encajando como corresponde.

sábado, 14 de enero de 2012

Bienvenidos al tren

Tengo un paraguayo colgado en la ventana de la cocina. Es el pintor “de exteriores”, como él mismo dice, y desde hace días sube y baja en una silleta muy precaria con ruido de latas y pinceles. La primera vez me asusté pues apareció de la nada con medio cuerpo dentro de la cocina, entonando un sapucai a modo de saludo mañanero. Del miedo pasé al enojo y corrí a tapar la juguera y mi set de cuchillos asesinos con mucho papel de diario, por si acaso. Pero no hizo falta. Con el correr de los días nos hemos hecho amigos, le sirvo agua fresca cada vez que lo veo sudar la gota gorda y charlamos de la vida y de los marcos de las ventanas. En breve le sonsacaré la receta del tereré y entonces seremos casi familia.

El otro, el pintor “de balcones”, es algo muy distinto. Cuando abrió la puerta del ascensor, me
petrifiqué. Tan alto y tan bonito y los ojos tan azules… un Brad Pitt paraguayo. Lo espero de un momento a otro, tarde o temprano será el turno de mi balcón y vendrá, sé que vendrá.

Esto es más interesante que navegar en la red social, por supuesto. Y más productivo. Sin ir más lejos –a cuatro cuadras de casa- me anoté en el gimnasio con el solo objeto de bajar la zapán y conocí a “Catriel”. No sé cómo se llama en realidad, pero para mí es un indio pampa con un lomo que raja la tierra. Catriel es mi entrenador personal, es el que me va a cuidar y a poner en forma. Ya me mandó a comer proteínas y planea una rutina que me va a dejar como nueva. Lo mejor es cuando me estira y yo me dejo, como un chicle me estira y me pregunto si será igual de bueno en la cama… Sólo por eso es probable que persevere y porque mi hombre especial está tan lejos, bronceándose en alguna playa llena de garotas sin acordarse de que existo, que ya me dio celos y ganas de mirar otros horizontes.

Así te digo: “EL QUE SE FUE A SEVILLA, PERDIO SU SILLA”

jueves, 12 de enero de 2012

El cadáver de la novia

Pensé que eran sólo cosa de chinos pero este tailandés se lleva la palma. También pensé... "Así se casa cualquiera..." Pero no, cualquiera, no.


Y te vas, y te vas,
al cielo vestida de novia te vas,
y un coro muy triste de ángeles
solloza la marcha nupcial.

martes, 10 de enero de 2012

Tribulaciones del proceso creativo

A quien le interesara o interisiese...

Breve ensayo sobre la coda de la canción de Manuelita (la tortuga, claro)

Si no fuera por la señora Walsh (siempre viva en el recuerdo) nadie sabría nada sobre Manuelita. El arte no recrea la realidad, la crea. Aún así, no me gusta el final de la canción que es muy grave y tétrico. Manuelita es una obra larga, con saltos frecuentes, calderones, cortes y quebradas y unos cambios de tonalidad en cada retome popurritezco que, si le pifiás, no encuentran ni el cadáver de la tortuga.

La pista: Si Manuelita no sabe a dónde va... ¿por qué debería saberlo el coro o su público?

Hipótesis: Manuelita no sabe a dónde va porque no encuentra la tonalidad en la cual resolver su existencia.

Solución alternativa: debería escribirse un final donde hasta el penúltimo acorde no se sospechara la tonalidad de la resolución, ni siquiera de la ruta que conduce a ella, pero que, al igual que los axiomas, nadie dudara de su validez, como si fuera una cuestión de fe.

Llevo cavilando en esto 4 horas, desde que esa periodista desgraciada dijo: "Un año sin María Elena..." No me soporto más, siempre molestándome. Al final no logro nada más que un inmenso cansancio y el dolor de terminar donando mi ego a las musas. Gasto demasiado ego, por suerte siempre queda un restito.

Volviendo al asunto... Como la resolución no debiera durar más de 4 compases, no hay tiempo de hacer ostentosas modulaciones ni excesivas y maliciosas disonancias sin que se enchastre el encuadre ni la comprensión del exiguo texto. Al fin y al cabo, lo que necesita Manuelita es un cirujano plástico, no una conducción razonable de la lógica afinativa.

Ustedes dirán que estoy loca o -por el contrario- que teniendo las cosas tan claras he podido resolver el enigma. Lamento comunicar que NO, para nada. Cuando lo logre, serán los primeros en saber. Y no importa que no hayan entendido la mayor parte... lo importante es el cariño.

La única diferencia ente un loco y yo, es que yo sólo lo parezco.

miércoles, 4 de enero de 2012

Cuidado con lo que deseas

I used to hate her. She was a ghost, a thorn in my shoe… Damn her! But the only way to destroy an enemy is to know him. Now I know you, bitch, and that makes me much more stronger.

Yo quería una casa de muñecas, pero no una cualquiera, tampoco demasiado rosada. Es obvio que no fui muy específica pues Papá Noel me trajo media casa, tenía todas las habitaciones pero venía abierta al medio... ¡se veía todo! Para compensar, recibí también un bañito de juguete –apuesto un riñón a que nadie nunca jugó con un baño- equipado con bañera, ducha y burbujas. Se cargaba agua en un compartimento y empezaba a funcionar la ducha y el inodoro y era mucho más divertido que jugar con la casita. Pasé la mitad de mi infancia jugando con un baño.

Más tarde ansié ser libre y me fui cantando bajito a vivir mi vida sola que, de tan sola, se tornó aburrida. Entonces deseé un compañero de aventuras y apareció “el marido”. Se ve que exageré la nota y peor cuando quise mudarme a la casa-de-mis-sueños y amanecí enjaulada en el country, rodeada de cuatriciclos y tetas de plástico.

Por eso, durante mucho tiempo, no deseé nada por miedo a estos malos entendidos. Hasta que un día llegó ÉL. No lo busqué, es probable que lo deseara en secreto y por desearlo con tanta fuerza alguien lo plantó delante de mis narices y no se despegó más. Desde entonces he aprendido a manejar la intensidad del deseo y conducirlo por mejores carriles. Excepto cuando me enojo. You wouldn't like me when I'm angry… Entonces mis deseos se transforman en algo horrible y crecen y explotan en remolinos de consecuencias imprevisibles.

Así y todo, pensé que no funcionaba con ella. Tal vez a causa de la distancia o por la maldita llama violeta o por los vahos de amor y paz que la rodean como si no fuera de este mundo. En algún punto se cree superior, como si flotara a centímetros del suelo y la vida fuera para ella todo sonrisas y abrazos de luz. Hasta que un día se cruzó en mi camino y eso no se lo perdoné nunca. Ese día todo cambió.

I wished her to be miserable the rest of her life. Pero se me fue la mano, se me fue… Prefiero pensar que no fue mi culpa, ni pecado ni omisión, pero de algún modo lo hice y la maldición le cayó como un rayo de kriptonita que la va deteriorando de a poco. Luce una arruga profunda debajo de la nariz y patas de gallo dignas de la Legrand, ya no es bonita, es simplemente esquelética, raquítica, la infeliz ha perdido la autoestima en algún cajón del ropero. Es como si de pronto hubiera tropezado con el chupacabras o con la Bathory.

No siento lástima. Su padecimiento nunca será superior al mío. A veces sueño que la descuartizo y hago nuditos en su pelo desteñido. Me asusta lo perversa que puedo llegar a ser cuando de ella se trata. Y más me asusta la potencia de mis deseos.