sábado, 4 de agosto de 2012

Mañana

"After all, seasons change. So do cites. People come into your life and people go. But it's comforting to know that the ones you love are always in your heart".

Hay restos de masa en mis muñecas, masa fresca de bizcochuelo y dulce de leche pegoteado. Mamá decía que nunca iba a ser buena ama de casa, que las artes domésticas no estaban hechas para mí. Pues bien, madre, equivocada estabas. O en parte porque, cuando menos, he
aprendido a cocinar y no lo hago tan mal. Cocinar es mi cable a tierra. Ni la música ni escribir ni leer, ni siquiera hacer el amor. COCINAR me hace olvidar todos los pesares, me distrae, me alegra, me agota y al final tengo algo concreto (crujiente o esponjoso) para saborear y compartir.

Estoy contando las horas que faltan para que se pongan en línea mis planetas y constatar que he envejecido otro año. Tengo miedo de mirar la bola de Madame Aliza, miedo de las decisiones que tendré que tomar, miedo de que te vayas y nunca más vuelva a sonreír.

Por si acaso me voy a dormir y, cuando despunte el sol, será el después.