Me gustaban TODOS, pero más Gustavo. Sabía todas las canciones y las coreografías y, como sea, me las ingeniaba para sortear la estrecha vigilancia de mamá y correr a la puerta de Canal 9 para verlos un instante de lejos, muy lejos, empujada y tironeada por miles de chicas que chillaban su amor detrás del vallado.
Sufría en silencio los rumores de algún misterioso romance, alimentando la secreta esperanza de que un día serían míos. TODOS. Me daba lo mismo cualquiera de los cinco, hasta Marito, de quien se comentaba tenía inclinaciones menos felices.
Disfrutaba tanto verlos... Con el corazón desbocado y lágrimas en los ojos, cada vez era la última y tenía que alcanzar hasta la próxima y así cada semana se renovaba la apuesta y la pasión se hacía obsesión. A veces pienso que podría haber asesinado por ellos aunque, en verdad, sólo me atreví a pegarle un chicle en el pelo a la chica que saltaba como loca en la butaca de adelante y no me dejaba ver “Las aventuras de Tremendo”.

Los recuerdo así, vestidos uno de cada color, el pelo largo, tan jóvenes que eran casi niños. Y quiero seguir recordándolos así SIEMPRE. No me hablen de reencuentros ni homenajes, no quiero fotos a-c-t-u-a-l-i-z-a-d-a-s de tipos gordos y pelados que no puedo identificar, no me digan quién es quién… ¡no me interesa! Qué manía tiene la gente de volver 20 años después como si nada hubiera pasado, se rompe la ilusión, ya nunca más podré evocar las mechas rubias de Darío y su voz aniñada sin pensar que ha acumulado 20 años de sobrepeso.
Me quedo con mis recuerdos y las fotos recortadas de Radiolandia, escucho el cassette cada tanto y bailo sola con el corazón todavía saltando de felicidad. TREMENDO es MIO, para siempre MIO.
No, no me mires de esa forma, no.
Tu mirada me provoca.
¡No! Piensa bien que no es un juego
Y yo soy de sangre y fuego…
Sufría en silencio los rumores de algún misterioso romance, alimentando la secreta esperanza de que un día serían míos. TODOS. Me daba lo mismo cualquiera de los cinco, hasta Marito, de quien se comentaba tenía inclinaciones menos felices.
Disfrutaba tanto verlos... Con el corazón desbocado y lágrimas en los ojos, cada vez era la última y tenía que alcanzar hasta la próxima y así cada semana se renovaba la apuesta y la pasión se hacía obsesión. A veces pienso que podría haber asesinado por ellos aunque, en verdad, sólo me atreví a pegarle un chicle en el pelo a la chica que saltaba como loca en la butaca de adelante y no me dejaba ver “Las aventuras de Tremendo”.

Los recuerdo así, vestidos uno de cada color, el pelo largo, tan jóvenes que eran casi niños. Y quiero seguir recordándolos así SIEMPRE. No me hablen de reencuentros ni homenajes, no quiero fotos a-c-t-u-a-l-i-z-a-d-a-s de tipos gordos y pelados que no puedo identificar, no me digan quién es quién… ¡no me interesa! Qué manía tiene la gente de volver 20 años después como si nada hubiera pasado, se rompe la ilusión, ya nunca más podré evocar las mechas rubias de Darío y su voz aniñada sin pensar que ha acumulado 20 años de sobrepeso.
Me quedo con mis recuerdos y las fotos recortadas de Radiolandia, escucho el cassette cada tanto y bailo sola con el corazón todavía saltando de felicidad. TREMENDO es MIO, para siempre MIO.
No, no me mires de esa forma, no.
Tu mirada me provoca.
¡No! Piensa bien que no es un juego
Y yo soy de sangre y fuego…


