sábado, 28 de febrero de 2009

Better friends than lovers

Hace tantos años y aún me pica el recuerdo, demasiado nítido, con su costado doloroso, vergonzante. Un poco por diversión, otro poco por curiosidad devenida en obsesión, a fin de cuentas, el remanso para escapar de una realidad que se anunciaba tormentosa, solitaria, desapacible.
No se enojó, al contrario, siempre encuentra la forma de reírse y hostigarme con picardía, me llama por mi nombre de “muñeca” y yo sonrío resignada, la
sorpresa del principio marcó el cambio, ya nada sería igual, y ese fue nuestro secreto.
Si sólo estuviera cerca y pudiera contarle... De seguro diría que el diablo metió la cola, que estoy atrapada en un juego perverso donde un prestidigitador guía el movimiento y escribe el guión, un tablero de ajedrez demasiado real, demasiado espantoso. Me ofrecería su abrazo, quizá un viaje relámpago, una copa de vino y la música que yo elija. Permanecería a mi lado, creería en mí.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Dante

Dante ahora se dedica a la política. Lo reconocí pese a la barba hirsuta, los mismos maravillosos ojos claros sonriendo a la nada desde una pegatina sucia adherida a un poste de luz, compartiendo el abrazo de algún crápula que intenta hacer “carrera”.
Dante, el auténtico, bastante más gordo y venido a menos, debe contar ya casi seis décadas…
La primera vez que lo vi me sorprendió su elevada estatura, el porte perfecto, el gesto autoritario y seguro. Desde la ingenuidad de mis ocho años veía en Dante al príncipe azul soñado, un inaccesible y hermoso Adonis.
Cuando lo nombraron director de la colonia de vacaciones, las madres hacían cola al rayo del sol zamarreando a los pequeños que rehusaban someterse a la revisación médica. Una ola de suspiros acompañaba sus saltos desde el trampolín y, cuando nadaba largos a última hora de la tarde para descargar las tensiones de la jornada, las miradas impúdicas de la platea femenina barrían la pileta como un tsunami.
Dante tenía carácter, era bueno pero firme, no se le escapaba una. Con él aprendí a patear penales, a escupir a distancia y a tirarme de cabeza en “lo hondo”.

Sentía especial debilidad por las carreras de posta y no perdía oportunidad de imponer su disciplina, sobre todo con los varones que nos hacían la vida imposible. Como el día que sorprendieron a Laurita sola en la entrada de los vestuarios, y los muy asquerosos se bajaron los lienzos para exhibir sus minúsculos atributos. Cuando la noticia llegó a oídos de Dante la cosa se puso bien fea. Laurita moqueaba desconsolada señalando uno a uno a los culpables que finalmente fueron condenados a desfilar desnudos por todo el club desatando ruidosas carcajadas entre los presentes.
Cada año organizaba un campamento de día y medio, lejos de mamá y papá, solos, a hacerse machos ¡carajo! Lideraba los juegos y asignaba todo tipo de tareas, y guay del que emitiera una queja… lo dejaba sin comer o le tiraba la carpa abajo para que la armara él solito, sin ayuda.
Una noche jugamos la “búsqueda del tesoro” y el tesoro era él mismo, escondido vaya a saberse dónde. Provistos de linternas caminamos horas en la oscuridad, intentando localizarlo en un verdadero laberinto de vegetación y objetos difíciles de identificar. Al fin tuve la dicha de encontrarlo ¡yo solita! Dante se había ocultado bajo la lona de una pelopincho en desuso, lo supe cuando la linterna se me resbaló de las manos y cayó pesadamente en su cabeza. Se escuchó un rosario de palabrotas que me niego a reproducir y entonces supe que era él, había encontrado el “tesoro”.
Cuando anunció su boda, esperábamos verlo de la mano de una rubia escultural, exactamente a su medida. Sin embargo, la novia era una gordita simpática que no le llegaba ni al hombro. Tuvieron muchos hijos, fueron felices.
Después no supe qué fue de él, no volví a verlo hasta hoy, una foto en blanco y negro, impersonal, y sin embargo, lo reconocí al instante y fue como si se hubiera detenido el tiempo. Me vi muy pequeña nadando en la pileta enorme del club, intentando sin éxito respirar entre una brazada y otra, el silbato de Dante atronando el espacio, las madres abanicándose los “calores”... una tarde de verano como tantas.

martes, 24 de febrero de 2009

Charla a la luz de un farol

-¿Qué te pasa cuando hablo de ella? ¿Son celos? ¿Qué es?
-No, no son celos… Tampoco sé cómo definirlo. Supongo que tiene que ver con las comparaciones, ingratas pero inevitables.
-No entiendo…
-Es que la comparación siempre está. No es cierto que un amor reemplaza a otro, ni que lo iguala o lo supera. Todos somos distintos y yo busco a ese alguien especial que me haga sentir feliz, que me de lo que necesito en el momento preciso.


A veces no sé si soy la amante, la novia, la amiga o el amigo. O todo por el mismo precio… Sí,
debe ser eso. No es que me queje, de algún modo me hace feliz, a veces me enoja, por momentos siento miedo, dudas, después vuelvo a confiar, me enojo otra vez y es como un viaje sin rumbo fijo donde cada tanto tocamos puerto. Y eso es lo que más me gusta, cuando las aguas se aquietan y es posible imaginar un futuro distinto, un sueño casi tangible.

-¿Cuántos amores de verdad puede uno tener en la vida?
-Si tenés suerte… uno solo.

domingo, 22 de febrero de 2009

Cuidado atrás

A punto de cruzar la avenida, la cabeza perdida en horizontes demasiado lejanos, un resto de conciencia atento al cambio de semáforo, a la moto que gira veloz a metros de mis pies y al pasar lanza al aire el insulto criollo de rigor.
Promedia la tarde, el cielo amenaza tormenta, extraño demasiado las caricias de mi Elegido, en especial si hace días que el encuentro soñado se posterga irremediablemente porque “hay moros en la costa” o porque escasean las coartadas o porque simplemente la mala fortuna nos juega una mala pasada, enojosa, decepcionante.
Camino a ritmo sostenido, mirando sin mirar, no vale la pena correr sin aliento para ganar escasos segundos de luz verde, puedo esperar, espero. Y justo entonces, cuando el hombrecito comenzó a titilar al rojo vivo y rugían los motores listos para la largada, así nomás, salido de la nada, a mis espaldas, el Monstruo de la Lengua Larga me espetó desde muy cerca:

“¡Flaca! Pero qué buena que estás… Dicen que la carne pegada al hueso es lo más rico que hay… ¡Vení, mamiiiitaaaaa! Mirá lo que tengo para vos…”

¡Horror de los horrores! De pronto emergieron de las sombras, como los orcos de Sauron, un ejército de semihumanos vociferantes que ensalzaban al “poeta” callejero y sumaban sus “lisonjas” a la ya inaceptable exposición.
Respiré profundo y crucé la calle a velocidad de competición y, una vez a salvo, no me privé de esbozar el gesto del dedito en alto mientras los observaba con sorna desde la vereda de enfrente.
¡Tomá! Eso es porque ustedes son multitud y yo no traigo refuerzos, mas aunque flaca, no se imaginan de lo que soy capaz…

viernes, 20 de febrero de 2009

La vida efímera de Augustus

Parecía un pequeño pene amarillo fosforescente, elevándose solitario y silencioso en la tierra húmeda de la maceta. No le di mucha importancia, al fin y al cabo eso sucede cuando en lugar de abono de primera calidad se recurre a la turba de río que es más barata y rendidora. Puede pasar cualquier cosa…
Recién a la mañana siguiente reparé en que el pequeñito fungus había quintuplicado su tamaño y se lo veía rozagante, lleno de vida, espléndidamente rechoncho y feliz.
Al anochecer, las cosas habían cambiado. Ya no era un adolescente de piel aterciopelada y cuerpo esponjoso, pues aunque seguía viéndose erguido y en la plenitud de su vigor, ciertamente su figura era bastante más estilizada.
Regué la tierra con cuidado. Varios hermanitos crecían en las cercanías, algunos morirían prematuramente, los otros… quién sabe.
Al día siguiente empecé a preocuparme. El hongo –al que cariñosamente bauticé Augustus- había perdido forma y color, ahora parecía una sombrilla playera y se lo veía marchito, triste, anciano. Supe que pronto llegaría el final y habríamos de despedirnos para siempre.
No quise retratar su muerte. Se apagó lentamente, desmayado sobre su tallo flaco y débil, sin esperanza, en completa soledad.
Guardé respetuoso silencio mientras retiraba sus despojos de la maceta y rellenaba los huecos con un puñado de turba. Nacerán muchos más, todos ellos verán la luz y muy pronto dormirán en las sombras…
Me pregunto si a veces no es mejor así.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Desencuentro

Música: Aníbal Troilo
Letra: Cátulo Castillo

Estás desorientado y no sabés
qué "trole" hay que tomar para seguir.
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés.
La araña que salvaste te picó
-¡qué vas a hacer!-
y el hombre que ayudaste te hizo mal
-¡dale nomás!-
Y todo el carnaval
gritando pisoteó
la mano fraternal
que Dios te dio.

¡Qué desencuentro!
¡Si hasta Dios está lejano!
Llorás por dentro,
todo es cuento, todo es vil.

En el corso a contramano
un grupí trampeó a Jesús...
No te fíes ni de tu hermano,
se te cuelgan de la cruz...

Quisiste con ternura, y el amor
te devoró de atrás hasta el riñón.
Se rieron de tu abrazo y ahí nomás
te hundieron con rencor todo el arpón

Amargo desencuentro, porque ves
que es al revés...
Creiste en la honradez
y en la moral...
¡qué estupidez!

Por eso en tu total
fracaso de vivir,
ni el tiro del final
te va a salir.