viernes, 21 de octubre de 2011

Biología ingrata

Virgencita de las Alitas Protectoras,
Que esta menstruación que me acalora
Se lleve para siempre la jaqueca
Que de a ratos empeora.
Las hormonas alborotadoras
Ni dormir me dejan.
Tomo la pildorita sanadora
Y los dolores se alejan… por ahora.

Hace días que me “hirve” la cabeza. Tomé todo lo que había que tomar, recé, le pedí a la esposa del pollero que me curara el mal de ojo, inclusive metí la cabeza en el freezer y luego me la vendé como acostumbraban los incas. No sólo no resultó sino que empeoró todos los síntomas. Llegué a sospechar cosas muy feas, incurables, porque en la adversidad uno piensa siempre lo peor, se prevén todo tipo de catástrofes, proliferan las ideas perniciosas, se hace uno víctima y victimario y seguro que “nadie querría estar jamás en mi lugar”.

Cada menstruación es un antes y un después. Se renueva el ciclo y todo vuelve a empezar, sólo que con la edad las cosas ciertamente empeoran. Los dolores, la hinchazón, los ritmos lentos, la histeria, el mal humor y esa tendencia a imaginar las más crueles calamidades como si el mundo estuviera por estallar sólo para una, porque los demás no se enteran, nunca se enteran de nada, es probable que te lloren al principio pero después se olvidarán y seguirán absortos en su rutinaria cotidianeidad.

En días como estos ansío ser hombre. Los hombres no saben lo que es sufrir, no se hinchan, no sangran, si acaso padecen algún mal menor lo hacen público inmediatamente, se lamentan sin vergüenza en voz bien alta y solicitan cuidados especiales sumando así adeptos a su circo del dolor. Los hombres y esa extraña filosofía de vestuario que las mujeres jamás entenderemos…

Menstruation is life.
Menstruation is pain.
Menstruation is only the beginning.

domingo, 16 de octubre de 2011

Madre hay una sola

Todo lo que siempre necesité saber, lo aprendí de mi Madre:



-Mi madre me enseñó a APRECIAR UN TRABAJO BIEN HECHO:

"Si se van a matar, háganlo afuera. ¡Acabo de terminar de limpiar!"

-Mi madre me enseñó RELIGIÓN:
"Rezá para que esta mancha salga de la alfombra."

-Mi madre me enseñó RAZONAMIENTO:
"Porque yo lo digo, por eso... ¡¡¡¡y punto!!!!"

-Mi madre me enseñó PREVISIÓN:
"Asegurate de llevar ropa interior limpia, por si tenés un accidente."

-Mi madre me enseñó IRONÍA:
"Vos seguí llorando, y vas a ver como te doy una razón para que llores de verdad."

-Mi madre me enseñó a ser AHORRATIVO:
"Guardate las lágrimas para cuando yo me muera!!!"

-Mi madre me enseñó OSMOSIS:
"Cerrá la boca y comé!!!!!"

-Mi madre me enseñó CONTORSIONISMO:
"¡Mira la suciedad que tenés en la nuca, date vuelta!"

-Mi madre me enseñó FUERZA Y VOLUNTAD:
"Te vas a quedar sentado hasta que te comas todo."

-Mi madre me enseño METEOROLOGÍA:
"Parece que ha pasado un huracán por tu cuarto."

-Mi madre me enseñó VERACIDAD:
"¡¡Te he dicho un millón de veces que no seas exagerado!!"

-Mi madre me enseñó MODIFICACIÓN DE PATRONES DEL COMPORTAMIENTO:
"Dejá de actuar como tu padre!!!!!"

-Mi madre me enseñó habilidades como VENTRILOQUIA:
"No me rezongues, callate y contestame: ¿por qué lo hiciste?"

-Mi madre me enseñó LENGUAJE ENCRIPTADO:
"No me, no me.... que te, que te..."

-Mi madre me enseñó técnicas de ODONTOLOGÍA:
"Me volvés a contestar y te estampo los dientes contra la pared!!!"

-Mi madre me enseñó GEOGRAFÍA:
"¡Como sigan así los voy a mandar a uno a Jujuy y al otro a La Antártida!"

-Mi madre me enseñó BIOLOGÍA:
"¡Tenés menos cerebro que un mosquito!"

-Mi madre me enseñó LÓGICA:
"Mamá, ¿qué hay de comer?" "¡COMIDA!"

-Mi madre me enseñó RECTITUD:
"Te voy a enderezar de un tortazo!!!"

¡Gracias, MAMA! Es que... ¡Madre hay una sola!


LA IMAGEN DE MAMÁ

A los 4 años: "¡Mi mamá puede hacer cualquier cosa!"

A los 8 años: "¡Mi mamá sabe mucho! ¡Muchísimo!"

A los 12 años: "Mi mamá realmente no lo sabe todo...."

A los 14 años: "Naturalmente, mi madre no tiene ni idea sobre esto"

A los 16 años: "¿Mi madre? ¡Pero qué sabrá ella!"

A los 18 años: "¿Esa vieja? ¡Pero si se crió con los dinosaurios!"

A los 25 años: "Bueno, puede que mamá sepa algo del tema..."

A los 35 años: "Antes de decidir, me gustaría saber la opinión de mamá."

A los 45 años: "Seguro que mi madre me puede orientar"

A los 55 años: "¿Qué hubiera hecho mi madre en mi lugar?"

A los 65 años: "¡Ojalá pudiera hablar de esto con mi mamá!"

domingo, 25 de septiembre de 2011

Punto muerto

Enero, 1992

El cosmos es así… Lo que ayer fue, hoy no es más. Y mañana… mañana es sorpresa.


El tío Mario me llevó muy temprano a la academia de don Raúl. Hacía un calor de locos y tuvimos que esperar un buen rato estacionados al sol mientras la señora del Galaxy luchaba con el volante y los cambios y yo me preguntaba “¿por qué a mí?”.

Al tío se le había metido en la cabeza que tenía que aprender a manejar y, como para cimentar mi escaso interés, desplegaba estrategias imbatibles:

-Vos sacás el registro y yo te compro el auto.
-Pero, tío… ¿no puede ser un piano?
-¡¡¿Cómo?!! Si ya tenés 18…
-¡Ufa!

Don Raúl era petiso, tenía barba y bigotes y muy pocas pulgas.

“Entre al auto. ¡¿Pero qué hace?! ¿Usted no viene a manejar? Entonces siéntese al volante que de este lado voy yo. ¿Ve los pedales? El pié derecho en el freno. Preocúpese por lo que ve adelante, los de atrás que se arreglen y si viene un colectivo, déjelo pasar. ¡¿Qué espera?! ¡Arranque!”.

Y arranqué. Ese fue mi primer viaje turbulento por las calles de Avellaneda sentada al volante del doble comando, pidiendo por favor que los semáforos brillaran siempre verde esperanza para no tener que batallar con el embrague y la palanca de cambios que estaba más atorada que la espada del rey Arturo. Nos gritaban “cosas” pero don Raúl hacía como que no escuchaba. Dejé pasar a todos los colectivos, a todas las motos, los autos que tocaban bocina, una anciana y dos chicas que salían del colegio. Quería bajarme y salir corriendo, meterme en la cama, ahogarme con la almohada…

-Ponga la marcha atrás.
-¡¿Qué?!

Y había que estacionar ahí en la vereda nomás. Qué caballetes ni caballetes… a lo bestia, entre el camión de soda y un pobre tipo que dejó el auto para que yo se lo chocara.

Al cabo de infinitas maniobras y varios litros de transpiración, el Dodge quedó encastrado en diagonal, al árbol no le pasó nada y el chico de la bici, por suerte, tenía mejores reflejos que los míos. Don Raúl suspiró, me saludó con un lacónico “hasta la próxima” y se fue a atender otros asuntos. Y eso fue todo. Desde la primera clase tuve la certeza de que jamás lo lograría.



(En un auto como éste, no aprendí a manejar)

lunes, 19 de septiembre de 2011

Pisó un tomate y se mató

Pobre la modista… Uno sale a hacer las compras y termina en el hospital, si tiene suerte en pocos meses estará dando los primeros pasos en un andador,  con cuatro dientes menos y un miedo fóbico a los tomates.

A cualquiera le puede pasar. Yo no pisé ningún tomate pero, muy accidentalmente, el codo del dr. AC terminó incrustado en mi mandíbula y sonó tan fuerte que nos asustamos. Podría haber sido mortal y ahí lo quiero ver… escondiendo mis restos debajo de la cama, borrando las huellas, saltando al vacío desde la ventana del cuarto piso y huyendo de mi fantasma vengador por el resto de sus días. Desearía haber pisado el tomate.

Me reí de mi propia torpeza para restar gravedad al asunto hasta que vi que la cosa empezaba a hincharse como paperas. A falta de hielo, sostuve la botellita de agua mineral contra el cuello pero, aún así, avanzó la hinchazón. A la hora de dormir, apenas podía abrir la boca.

Desperté con una pelota de goma espuma atascada en la garganta. Dolía más al agacharme y, cuando el perro se abalanzó a los lengüetazos, creí morir. Soporté la tortura estoicamente sin recurrir al hielo que hiciera sospechar. Inclusive mastiqué el asado del domingo.

Por la noche luchaba contra el desmayo. Me encerré en el baño con una bolsa llena de cubitos y dejé que se congelara el cuello hasta la insensibilidad total. Dormí y soñé que
los Pitufos se trepaban a mi almohada y tejían guirnaldas en mi pelo. Era la gata que últimamente sufre delirios de peluquera. Por la mañana ya me sentía mejor.

AC ni se enteró.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Una novia con pies fríos

He notado con frecuencia que la sensación de frío es directamente proporcional a mi estado de mal humor. Por eso acepté la segunda frazada que me ofreció Ernest y me tapé hasta la nariz mientras él disparaba contra mis pelos rebeldes, evitando quejarme y hablar de cosas importantes.

Ya no protesto tanto y no ando contando los pelos en el espejo, sencillamente me resigno y lo dejo hacer cuando me revolea como a una muñeca de trapo de un lado a otro de la camilla. No rezongo más, a lo sumo lo miro con cara seria desde la oscuridad de los lentes protectores que son demasiado grandes para mi cabeza.

-¿Así estás cómoda?
-No…
-Tenés los pies helados...
-Sí…

Envuelve mis pies con varias vueltas de frazada y me cuenta una historia de juventud, de un amigo que ansiaba una “NOVIA CON PIES FRÍOS”. Es que, al parecer, los pies fríos son el indicador de una gran producción de estrógenos o sea que estaría uno en presencia de una mujer muy femenina, sexualmente muy deseable, recaliente, una auténtica perra. Por algo reza el dicho: “PIES FRIOS, CORAZÓN ARDIENTE”.

Y así siguió metiéndose en camisa de once varas explicando muy científicamente que es el sueño de todo hombre tener una NOVIA CON PIES FRIOS y yo escuchaba con atención sin hacer comentarios y cada tanto pegaba pataditas para desentumecer mis piecitos congelados.