Pocas personas merecen el privilegio de escribir desde la cama, sin escalas, sin ropa. Y me consta que soy una de ellas. Especialmente hoy, después de una jornada por demás agotadora, nada mejor que un baño tibio y acurrucarme en el abrazo del toallón más mullido a escribir lo que se me antoje, poco importa la hora pues el cansancio pesa menos entre las sábanas.
Me compraría todas las cosas malcriadoras imaginables, de hecho lo intenté pero me detuve después de la segunda caja de alfajores y arremetí contra las ofertas de decoración. Diría que nada (casi nada) me tienta tanto como la sección “bazar” del supermercado. Podría pernoctar al pié de la góndola sin terminar de decidirme entre el florerito zen, las bolas de ratán o la cortina de baño estilo Psicosis. Sin embargo, esta vez revolví todo y no compré nada, no sé qué me pasa que perdí la compulsión.
Para rematar la jornada –y sólo porque me invitaron y prácticamente obligaron- fui a la clase de yoga con mi querida amiga comemilanesitasdesoja y fue la cosa más insensata que hice en los últimos 30 años. Al tercer Ommmm melodramático del esperpento que da la clase se me escapó la carcajada y es que últimamente no me contengo, sufro la incontinencia de la risa. Es obvio que el Om Shanti no me calza pero mi amiga, lejos de comprenderlo, persiste en su empeño de “convertirme” a las práctica
s de la meditación oriental y quiere que ensayemos otra vez la postura del saltamontes pero es tarde y a mí me duele la espalda y sólo pienso en un gran choripán chorreando chimichurri.
Al fin logro escapar del Pranayama y de la loca vegetariana que me despide entonando “el mantra para abrir el tercer ojo”. I could have died… Too much for just one day. Que nos dejen en paz, a mí y mi-ser-interior ¡que lo tiró de las patas! Quiero dormir despatarrada con mi bombacha de lunares amarillos, llena de pensamientos pecaminosos, nada de mantras ni martinfierros, I need to rest.
Me compraría todas las cosas malcriadoras imaginables, de hecho lo intenté pero me detuve después de la segunda caja de alfajores y arremetí contra las ofertas de decoración. Diría que nada (casi nada) me tienta tanto como la sección “bazar” del supermercado. Podría pernoctar al pié de la góndola sin terminar de decidirme entre el florerito zen, las bolas de ratán o la cortina de baño estilo Psicosis. Sin embargo, esta vez revolví todo y no compré nada, no sé qué me pasa que perdí la compulsión.
Para rematar la jornada –y sólo porque me invitaron y prácticamente obligaron- fui a la clase de yoga con mi querida amiga comemilanesitasdesoja y fue la cosa más insensata que hice en los últimos 30 años. Al tercer Ommmm melodramático del esperpento que da la clase se me escapó la carcajada y es que últimamente no me contengo, sufro la incontinencia de la risa. Es obvio que el Om Shanti no me calza pero mi amiga, lejos de comprenderlo, persiste en su empeño de “convertirme” a las práctica
s de la meditación oriental y quiere que ensayemos otra vez la postura del saltamontes pero es tarde y a mí me duele la espalda y sólo pienso en un gran choripán chorreando chimichurri.Al fin logro escapar del Pranayama y de la loca vegetariana que me despide entonando “el mantra para abrir el tercer ojo”. I could have died… Too much for just one day. Que nos dejen en paz, a mí y mi-ser-interior ¡que lo tiró de las patas! Quiero dormir despatarrada con mi bombacha de lunares amarillos, llena de pensamientos pecaminosos, nada de mantras ni martinfierros, I need to rest.







