martes, 28 de julio de 2009

The sale of a lifetime

Qué creativo se vuelve el ser humano en el dolor…
Como Jasper Joffe, un artista británico abandonado por su novia y su galerista, que no ha tenido mejor ocurrencia que vender “toda su vida” en una exposición y empezar de cero otra vez.
Claro que no puede vender los recuerdos, si fuera tan fácil el mercado quedaría saturado en segundos.
Jasper ansía cambiar por completo y “renacer”. Desprenderse de todo y quedarse con lo puesto, literalmente.
No es que me guste su obra, de hecho no me gusta en absoluto, pero la idea me dejó pensando esta mañana mientras masticaba mis baybiscuits con dulce de leche.
Es absurdo imaginar que se puede empezar de nuevo tras sufrir un despojo semejante. Todos los afectos, las emociones, alegrías y tristezas, decepciones, fantasías… la vida entera traducida en objetos que son símbolos, hijos, expresiones de la voluntad o el sentimiento… todo rematado al mejor postor como trapos viejos carentes de interés.
No podría vivir sin mis objetos preciados y no es que peque de materialista, el valor es netamente afectivo, mis cosas no tienen precio, se trate del Jaeger-Le Coultre o del disfraz de Blancanieves o del cassette de Flashdance.
Imagino un testamento en el cual legar sabiamente cada objeto a quien más sabría apreciarlo, una forma de permanecer, de alimentar el recuerdo.
Sé muy bien a quien dejar mi piano, las zapatillas de punta, la colección de agujas de crochet y el
vestido de novia. Incluso sé quién cuidaría de la gata y una-que-yo-sé mataría por el abanico andaluz de la abuela.
La pregunta del millón es a quién dejar éste, mi tesoro, el baúl de mis secretos… Alguien capaz de entender sin prejuzgar, que sepa cuánto me importa, que pueda leer entre líneas las cosas que no sé cómo decir. Alguien que sea merecedor.
Él sabe, yo sé… digan lo que digan, no puedo pensar en nadie más.

domingo, 26 de julio de 2009

Doble filo

El tiempo se nutre de la ansiedad de la espera.

Su mirada es azul y turbulenta como el océano en movimiento. Tiene la palabra inteligente, la ironía sutil, las manos expresivas como las de una bailarina o un mimo.
De un vistazo es capaz de sondear los más recónditos pensamientos. Sabe lo que quiere, no hay obstáculo que se interponga en su camino, no importa cuán inalcanzable parezca la meta.
Los sentimientos no le incumben, es probable que carezca de ellos casi por completo.
Su esencia es tan inquietante como hipnótica. Inútil resistirse.

Sin embargo, esencia y presencia no articulan la misma melodía. No hay punto de confluencia que entrecruce nuestros destinos más allá de una elaborada seducción epistolar.
El caballero de las palabras bonitas se ha rendido al fin. Con ironía no carente de frustración, ha dicho claramente que no insistirá más.
Me alivia comprobar que ha levantado el asedio, mas temo haberlo ofendido con tan delicado desdén y que esta tregua sea sólo el inicio de una guerra despiadada y brutal.
Correré el riego si es necesario. Mis murallas son inexpugnables para él, ahora y siempre.

NO CONTINUARA (Espero…)

viernes, 24 de julio de 2009

Dime con quién sueñas...

Necesito un gurú de los sueños, alguien capaz de interpretar mi locura y desmadejarla hasta la más minuciosa comprensión.
Las imágenes no se han borrado del todo aunque pierden nitidez con el paso de las horas. Hay sueños casi indelebles, algo distorsionados después de darlos vuelta del derecho y del revés en busca de un sentido más o menos racional.
El último fue un sueño original con elementos repetidos. Muy vívido, muy real. Esto es más o menos lo que recuerdo:

Una casa que no-es-mi-casa. Camino por un pasillo de la planta alta, hay puertas entreabiertas a los costados pero no les presto atención. Entro en el dormitorio del fondo. Es media tarde, el viento arremolina las cortinas, el cielo se ve opaco como el plomo.
Desde el balcón observo un jardín descuidado donde corretea una docena de patos. Algunos tienen corbata. Los graznidos ensordecen el aire.
Cierro la ventana y miro la hora. Un auto destartalado se detiene al otro lado de la calle. Mujeres y niños van bajando uno tras otro, algunos entran en la casa y no me resulta extraño, los esperaba, aunque no sé quiénes son.

Aquí experimento un “blanco” total, quizá desperté y volví a dormir. Luego la escena cambia radicalmente.

Tengo una criatura en brazos. Es una niña. No se parece mucho a mí pero que es mi hija. Tiene un ojo azul y otro negro, este último un poco más grande, las pestañas son larguísimas y se curvan con elegancia. Me mira y sonríe desbordante de alegría. No tendrá más de dos meses y ya sabe dar
besos.
Mamá entra en la habitación para llevarse a la niña pero me rehúso, es mía.
Estoy otra vez en el pasillo de aquella casa. Mi perro revolotea con ánimo juguetón y mamá le acaricia la cabeza. Pero, cuando retira la mano, veo una araña abriéndose paso entre el espeso pelaje. Intento quitársela y entonces la araña crece, multiplica asombrosamente su tamaño.
Retrocedo espantada. La niña continúa riendo y me mira con su ojo negro cada vez más grande, mamá no es mamá, está extrañamente desfigurada, y la araña adquiere el aspecto de un pequeño monstruo de carey con patas mecánicas.

Eso es todo. Me sorprende la facilidad con que puedo evocar los detalles, dudo mucho que las imágenes se borren del todo y eso es lo más preocupante.
En fin… Si alguien pudiera echar algo de luz sobre este atolladero, de seguro dormiría más tranquila.

domingo, 19 de julio de 2009

Digas lo que digas

Es más fuerte que yo. Indudablemente carezco del don de cerrar-la-boca-a-tiempo lo cual, sumado a la diabólica trilogía obsesión-capricho-desubicación, me convierte en un instrumento muy peligroso, sobre todo para mí misma.
Un poquitito de agua estancada y cultivo un pantano apestoso lleno de mugre y porquerías mohosas, trago barro, trago y escupo, y no lo puedo disimular.
A veces pienso que estoy por lograrlo, espero calladita a que alguien más lo diga y entonces ¡zas! con una fuerza involuntaria, de pronto respiro hondo y hago estragos.
Ni siquiera se trata de recopilar información, no hay esfuerzo ni estrategia ni nada que valga la pena. Es lisa y llanamente la incapacidad de callar, así se trate de combatir una injusticia, castigar la inoperancia o sencillamente llevar la contraria.
“Todo lo que diga podrá ser usado en su contra…”
Y lo peor es que lo digo a destiempo, como hoy.

viernes, 17 de julio de 2009

Malos pasos

Esta mañana bajé de la cama con la sensación de estar bailando sobre carbones encendidos, mis pies de hada como empanadas salteñas recién salidas del horno. Diosssss…
No me pasaba desde que era muy niña y ya, en aquel entonces, mamá decía que era una afección de “gente vieja”. Durante un tiempo temí que pudiera tratarse de una degeneración acelerada de mi precoz humanidad, una extraña descomposición de los tejidos sin causa ni remedio, quizá una suerte de metamorfosis capaz de convertirme en un alien colorado y picoso. Soñaba con amputaciones y sillas de ruedas, el dedo
gordo flotando en un frasco con formol en el laboratorio de un médico loco y mamá tratando de arreglar el desastre con alguna de sus pomaditas.
El recuerdo me sobresaltó como un chasquibum en las pantorrillas... Más o menos doce años, sentada frente al televisor con los pies en alto, de vez en cuando cedía a la tentación de rascarme con voracidad los deditos enrojecidos e inflamados. Me vi con prístina claridad, como si fuera ayer, enfundada en el horroroso pantalón de corderoy azul -regalo de tía Titina- y el pullover “bouclé” que tejí a regañadientes sólo porque a mamá le en-can-ta-ba la lana que, para mi desgracia, era rosa y peluda y picaba como una parvada de jejenes furiosos. Todo me picaba en esos días…

-¡Dejá de rascarte!
-Me pica.
-Si te rascás es peor.
-Ufffffa… ¿Cuándo se van los sambayones?
-Sabañones, sa-ba-ño-nes… Tené paciencia y ponete las medias que te vas a resfriar.
-“/&%$3%@ …TAMADRE!
-¡Te escuché!


Sabañones. No conozco a nadie que los haya padecido, o será que es un secreto inconfesable… como los juanetes. La gente no dice que los tiene pero se les nota en el andar, al fruncir el ceño en un acceso de dolor que intenta pasar desapercibido.

Como sea, no debe haber peor pesadilla que caminar el invierno con los pies entumecidos, hinchados, los dedos rojos como tomatitos y una picazón épica.
No sé si podré calzar otra vez mis sensuales stilettos… de momento, no hay manera. Por estos días mi vida se refugia entre pantuflas y baños tibios de agua salada. Evito rascarme para no agravar las cosas pero ya me dan ganas de apelar a los grandes recursos y cortar por lo sano.
Como el cuento de los zapatitos rojos, no el que le cuentan a los niños pequeños sino la versión original, la escapada de la tortuosa imaginación de Andersen, cuando la muchacha suplica al verdugo le perdone la vida y éste, en un acto de magnanimidad, le corta los pies para que pueda dejar de bailar.
En fin… Salvando las distancias, es una alternativa que no hay que descartar a la ligera.

martes, 14 de julio de 2009

Jaque a la Dama


-Leyendo tus líneas me encontré con una sensación particular: el contraste con los prejuicios que me he inventado sobre vos, desde que te miro sin ser visto...
-¿Qué prejuicios?
-Tímida, aristocrática, fría, desconfiada, cerebral, maniatada, altiva... Hasta acá, como verás, nada original.
-…
-Pero el prejuicio principal, que proviene de cómo te veía en el contexto mundo-gestos-canto-pasos era el de “fuego acorralado entre las murallas de un pergamino luminoso” ... Mi capisci?

¡Faaaaaaaa!

(Ahora mueven las blancas…)