miércoles, 8 de octubre de 2008

Back pain

Me pasé de rosca con el gimnasio y ahora me duele la espalda como si me estuvieran empalando en un cactus al rojo vivo.
El dolor es soledad, por más que te hagan masajes y mimitos, el dolor no se comparte, está ahí, te apresa, te oprime… Me desespera esta necesidad de comunicarme y ser contenida, aliviada, liberada. Todas mis heridas abandónicas afloran cuando me enfrento al dolor.
Me arrastro hasta la cama como el náufrago buscando tierra firme, un paraíso acolchado que promete curvaturas aceptables, el relax.
Intento todas las posiciones imaginables, aún las inventadas por mí, acostada
de lado, masajitos circulares en el omóplato, boca abajo me ahogo, boca arriba duele más, cuidado con la cintura… Respiro hondo y por momentos el dolor hace un impasse pero retorna con violencia, pulsátil, como si me reprochara el deshacerme de él.
La espalda grita, se queja, me estiro y respiro pero es peor, huelo horrible, a eucalipto concentrado, la piel pegajosa por culpa de ese ungüento verdoso que quema y no cura… ¡necesito dormir y olvidar!
Es de noche, me imagino en tus brazos, no hay dolor, o quizá otros dolores casi placenteros, los masajes se trocan en caricias y se confunden en el aire los olores del sexo.
Por fin logro relajarme, ya no duele tanto.
Olvidé correr las cortinas.

martes, 7 de octubre de 2008

De amor y de sombra

Hoy es el aniversario de casados de mi mamá y mi papá. Mamá ya no está, pero él sigue evocando el recuerdo como si no hubieran transcurrido los años.
A eso llamo yo “amor verdadero”, el que no se desvanece con el paso del tiempo, es imperecedero, sólido, resiste cataclismos, se retroalimenta sistemáticamente y no deja lugar a dudas ni mentiras ni decepciones.
Claro que ellos tenían sus peleas, como todo matrimonio hecho y derecho. Y una vez mamá, en medio de una batahola infernal donde volaron platos y cacerolas, lo echó de casa a grito pelado. Papá se fue, llegó hasta la esquina y ahí se quedó parado, esperando. A los cinco minutos, mamá dijo que lo fuéramos a buscar… y volvió.
Se casaron un sábado a la noche. Había cuatro curas en el altar, el quinto llegó tarde y fue
derecho al salón… cuando llegaron, ya tenía la boca llena de saladitos.
El vestido de novia estaba íntegramente bordado en cristales, el escote un poco cerrado para mi gusto, y el tul que bajaba desde la cabeza medía casi quince metros. Era hermosa mamá.
Estaban un poco tristes porque semanas atrás había muerto la que sería madrina de bodas. En homenaje, mamá dijo que la primera hija mujer llevaría su nombre que no es “Menta”, por supuesto, sino un bonito nombre español.
Un año más tarde, el mismo día, a la misma hora y en el mismo sitio, me bautizaron. Fue en la cripta de la Parroquia, donde está la Virgen de los Niños y los esqueletos enmohecidos de los fundadores. No sé por qué eligieron ese lugar, daba lo mismo el castillo de Drácula.
Me bautizó el padre A que llegó a vivir casi un siglo y al fin, para tranquilidad de todos los que tuvimos la dicha de conocerlo, descansa en paz. Mamá organizó la gran festichola y, a juzgar por las fotos, parece que engulleron a lo bestia y yo ni enterada.
Pensar que papá sigue recordando el aniversario como si hubiera sido ayer, como si ni siquiera la muerte pudiera destruir un vínculo tan sagrado. En cambio yo no puedo decir lo mismo, en menos de un mes estaré esparciendo las cenizas de mi matrimonio por el balcón de mi nuevo hogar.
Todavía fantaseo (algunas veces) con ese amor incondicional que me haga sentir única, libre, plena, un amor como el de Homero y Morticia, sin penas ni llantos ni rencores, un amor para toda la vida y quizás para después también.
Tiempo al tiempo…

lunes, 6 de octubre de 2008

Debut y despedida

Parece que el concierto del Diocle se hace nomás.
Hubo algún que otro contratiempo financiero, nada del otro mundo, sencillamente las arcas están vacías y cundió el pánico cuando la tesorera anunció la debacle apenas comenzado el ensayo.
Por ahora, esperamos con dudas la donación desinteresada del Fondo para las Artes que promete fechas pero evita mencionar importes. De concretarse, será un milagro capaz de devolvernos la fe en las causas perdidas.
Pero eso no es todo. Se viene el Primera Vista con obra sorpresa y ensayo en tiempo record, bajo los arcos de piedra de alguna fría iglesia de Buenos Aires. Vendrán los que “leen” y los que no, los que sólo hacen bulto y los que mueren por cantar aunque más no sea el Arroz con Leche.
Y este año el maestro S nos ha premiado con un regalo del cielo, la obra “señuelo”, como él la
llama, la que atraerá público suficiente para despertar la envidia de sus pares y el regocijo de las masas cantarinas.
La “niña bonita” es ni más ni menos que la Misa en Sol de Schubert, que tranquilamente podría haber sumado unos gramos más en mi archivo de partituras si no fuera porque es ésta la primera obra sinfónico-coral que tuve el honor de cantar en mi corta vida.
Sí, señor… el debut.

Octubre de 1991
El profesor A, titular de la cátedra de Práctica Coral, dejó de lado el programa oficial para dedicarse exclusivamente al ensayo de la Misa. Órdenes de arriba… que ciertamente le convenían, no sólo porque evitaba la monotonía de las clases que no hacían sino adormilar su aristocrático talento, sino porque el concierto de Schubert constituía un hito en la historia del Conservatorio: la despedida (y jubilación obligada) del afamado director Don Rudolf Van der M, y su desenvolvimiento natural en el inminente nombramiento del nuevo Jefe de la carrera, puesto que hacía rato le venían prometiendo al profesor A.
Un cambio de fichas… Claro que el candidato adolecía del carisma y el “ángel” del viejo director, pero estaba escrito que las cosas debían ser así.
Van der M era la versión paleozoica de Alfred (el mayordomo de Batman), flaco como una batuta, frágil como el cristal, silencioso como el aleteo de las moscas.
Dirigió los últimos ensayos previos al concierto. Coro, orquesta y solistas del Conservatorio,
alumnos avanzados, principiantes y algunos simplemente entusiastas. “¡Todas las voces, todas!” recreando con pasión la curiosa homofonía de esta missa brevis que un Schubert muy jovencito plasmó para nuestro especial deleite. Tres joli !
Vaya si lo hicieron laburar esa noche, literalmente se ganó el retiro con el sudor de su frente. Tres horas de espectáculo donde el anciano profesor se lució con sonatas y cuartetos, perdió unos kilos que evidentemente no le sobraban y se ganó el aplauso cerrado de un público afectuoso que seguía pidiendo más.
La Misa en Sol fue el plato fuerte. Un debut inolvidable de la mano de un prestigioso maestro por quien guardo profunda y sincera admiración.

sábado, 4 de octubre de 2008

Make-up

La última clase de Maquillaje explotó en un haz de colores brillantes, pestañas postizas y mucho polvo volátil que me hizo toser como la gran siete.
Me gusta pintar. No importa qué ni cómo, me relaja, me transporta, adoro pintar. En esto debo admitir que heredé el talento de papá que es un dibujante consumado, sólo que su especialidad es tan técnica que me desespera, en cambio lo mío
está más cerca de las acuarelas y los óleos… y ahora de la purpurina y las sombras perladas.
Todavía conservo la carpeta de Plástica, repleta de hojas Nro. 5 amarillentas por el paso del tiempo. Fueron dos largos años con una profesora que creíamos francesa y resultó un fiasco: tenía dislalia. Pero era tan culta y exigente que aprendí todo lo que quería saber y más también.
La vez que se despachó con la técnica del vitreaux y hubo que recortar a mano pedacitos minúsculos de papeles de colores (nos tenía prohibido el papel glacé) y pegarlos con plasticola a distancia de un milímetro uno de otro sobre el complejo
dibujo que nos mandó a hacer sin explicarnos cómo seguía la historieta… Y cuando le dimos a la tinta china, con pluma y tintero y borrones incluidos… Y cuando nos enseñó a estampar con moldes de papa y casi sufro un ataque de nervios al tercer intento porque las cutículas me quedaron teñidas de azul ultramar y el papel se arrugó con el almidón y empecé a despotricar como una poseída y a lanzar cosas por los aires hasta que rompí el florero Murano de mamá y la cosa se puso bien negra…
Ahora miro los trabajos y me parecen aún más difíciles y bellos. Es evidente que le erré feo a la Facultad, lo mío transitaba por otros carriles.
Papá me regaló esos magníficos acrílicos de marca importante, con la valijita de madera y un set de pinceles de marta sedosos como la cabellera de un unicornio bebé. Hicimos grandes cosas juntos, aunque durante un tiempo preferí la carbonilla y más tarde las aguadas. Y después abandoné todo, los acrílicos se
secaron pero los pinceles están intactos, me dediqué a otras cosas, pisoteé la etapa más colorida de mi vida adolescente.
Pero nunca es tarde. Heme aquí envuelta en una bruma de sombras iridiscentes y labiales explosivos, una suerte de reivindicación. Y lo mejor es que me gusta… me gusta mucho.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Voyeur

-¿Abriste?
-Sí.
-¿No tenés miedo?
-Sí.
-¿Y entonces?
-Quería probar…
-¿Qué cosa?
-Quién me visita.
-¿Y?
-Lo que esperaba…

No soporto el encierro, es por eso que cada tanto abro el arcón y dejo que se ventile, corro el riesgo, cueste lo que cueste. Y es llamativo descubrir lo raras que pueden resultar algunas visitas… Gente que busca gente, experiencias, amor, respuestas, secretos, consuelo, sexo, información, venganza o simplemente pasar el tiempo.
Es tan lindo meter la nariz en la vida ajena, espiar por la cerradura las intimidades de un Don Nadie, develar el misterio, sorprender la mentira y el secreto bien guardado, observar sin ser visto…
La experiencia dice que en este intrincado cyber-mundo se tejen todo tipo de relaciones. Si hay consenso cruzan al plano real, se concretan, permiten el diálogo cara a cara, el juego de los sentidos, o simplemente se autodestruyen porque ya no es lo mismo, porque se rompió la magia, porque no era tan necesario verse y tocarse, porque el placer era precisamente permanecer oculto y a salvo.
Pero lo gracioso es que nadie está verdaderamente oculto, ni a salvo. Y, como dicen por ahí… “la curiosidad mató al gato”.



Para vos que andás metiendo el dedo en mi torta, que nutrís tu vida chata y pobre de emociones con mis peligrosos secretitos, que te regodeás maliciosamente en mi pesar y te corroe la envidia con cada estallido de felicidad que me coloca por un rato en el pedestal de los afortunados… que te quede claro:

Sé quién sos.
Sé lo que hiciste el verano pasado.
Sé cómo encontrarte.

No sabés con quién te metiste.

martes, 30 de septiembre de 2008

Retazos de historia

Acabo de desempolvar una joya que me tiene atrapada sin salida, como poseída, vuelvo las páginas y es todo tan vívido que se me pone la piel de pollo al evocar el sangriento Buenos Aires de 1828, donde “caudillos y gauchos, gobernantes y doctores respiran esa atmósfera en la que el aire de la época pasa con un lúgubre silbido; violencia que nivela a unos a y otros, al patrón de la estancia y al pampa que arrasa la estancia, a la autoridad, con sus exacciones y hierros, y a ese apaleado y con miedo de las ánimas y comedor de asado y pobre y haragán y nostálgico y bárbaro y generoso y desgarrado pueblo de la campaña argentina del siglo pasado”.
Vimos la película a instancias de la profesora de Historia que, contrariando los prejuicios moralistas de la Hna. Olvido, se empacó en que “Camila” retrataba a la perfección el panorama trágico de una sociedad inmersa en la violencia, el odio y el resentimiento, que niega a la mujer la menor posibilidad de realización propia, quería mostrarnos el galope aterrador de los mazorqueros, el crimen de Barranca Yaco, la mirada gélida del Restaurador…

¡Viva la Confederación Argentina!
¡Mueran los salvajes unitarios!


Lejos de todo eso, las quinceañeras sólo teníamos ojos para Imanol y ansiábamos ser “Camila”, el cabello negro y la piel de amapola, mujer y amante, renunciar a todo por la dicha de un amor prohibido.
Hace muchos años de aquello pero siento aún la frescura del recuerdo, en especial la mueca patética de la Hna. Olvido esperando que alguien cortara las escenas “subidas de tono” que ella juzgaba aberrantes y a mí me parecían de una belleza excitante.
Encontré la historia original sepultada bajo una pila de libros vetustos. La rescaté, olfateé las páginas amarillentas y me absorbió sin que me diera cuenta.
La película no dice nada del fogoso romance entre el caudillo Ramírez y la Delfina -supuesta hija ilegítima del virrey de Brasil- que peleaba en el frente al lado de su amado, sabía empuñar el fusil y el abanico y le robó el novio a la pobre infeliz que cosía y descosía alforzas esperando que el
prometido hiciera honor a su palabra y la liberara de la soltería de una vez y para siempre.
Tampoco se refiere mucho a la Perichona que fue amante de Liniers y que, según dicen, era tan bella como atorranta.
La cosa es que no logro despegarme de mi nuevo tesorito que me descubre a cada instante ignorados pasajes de nuestra tan vapuleada historia nacional. Ahora me intriga Lavalle “con su leyenda romántica poblada de mujeres arrastradas a pasiones insensatas”; Manuelita, “de cálida belleza criolla y suntuosos cabellos divididos en dos negras alas”; y él… el villano de la historia, el justiciero, el dictador:

“Poseía, como un don natural, la facultad de imponerse, las condiciones autoritarias para despertar al mismo tiempo el entusiasmo y la obsecuencia (…) Inspira terror, mira y hace temblar, se sienta a la larga mesa, en la cabecera del país, una extraña tensión se apodera de todos, los ojos fijos en su enorme figura con un arreador en el puño, nadie se atreve a hablar hasta que da la señal, es el momento de prorrumpir en vivas, de vaciar las copas, de que bailen los candombes, que se toque el violón.”

Pasajes extraídos de “Una sombra donde sueña Camila O’Gorman”, de Enrique Molina.