sábado, 16 de junio de 2012

Ajuste de cuentas

Me obsesiona el cocinero ése del microondas, el de Utilísima. Sí, veo Utilísima y es una de las pocas cosas que no me avergüenzan aunque tampoco es cuestión de andar por la vida gritándolo a los cuatro vientos. El tipo tiene la desfachatez de cocinar torta frita en microondas y sólo por eso lo sentaría yo en la silla eléctrica hasta que los huevos se le hagan omelette.

Pero no estoy enojada por eso. Tampoco porque fracasó mi masa bomba y no podré sorprender mañana a mi papá con su postre favorito. Estoy furiosa conmigo misma y con el diablillo de la curiosidad que me llevó de las narices a desenterrar cosas que creía olvidadas y ahora estoy dale-que-dale tejiendo un intríngulis que temo me haga perder la compostura de manera irreparable.

Jamás te cruces en mi camino. A vos te digo, ¡chirusa manochanta! A vos que un día osaste meter el dedo en mi torta. ¡A vos! Sueño que la estrangulo con mis propias manos mientras le canto de una sola vez la verdad de la milanesa y lo disfruto tanto... Vas a desear no haber escuchado mi nombre, vas a pedir que te trague la tierra.

Sabelo, te la tengo jurada. Y de ésta no te salvan ni las 108 reencarnaciones de Buda.