miércoles, 28 de febrero de 2007

ME NIEGO



¿Qué parte no entendés de “no me interesa conocer a nadie por este medio”?
Me enferma la gente que no se ubica y sigue, dale que dale, como la gota que horada la piedra. Pero en parte es culpa de esa mal intencionada contradicción femenina, “no” pero en realidad “sí, sí quiero” y que ya el común de los hombres interpreta como “están todas locas”.
Sin excluirme, quiero aclarar que mi “no” esta vez es NO. Un NO rotundo, léase “¡no insistas más!”.
¿Decís que estás listo para lo que yo quiera? ¿Qué sabés lo que yo quiero?
Porque tal vez no sea una noche de sexo aburrido y convencional en un telo barato de Constitución, previa fugazetta de parados en Las Cuartetas y bondi porque si no ni para forros te alcanza…
Tal vez prefiero deleitarme con el Coro Monteverdi interpretando el “Dixit Dominus” de Haendel con dirección de Sir Eliot Gardiner, saboreando un Pommery a la luz de las velas, y después matarme en el king size con alguien que valga la pena.
Aprendé, gil de cuarta. O quedate con las tilingas a que estás acostumbrado.
Nada de vos despierta mi interés. ¡NADA!
Siempre digo que tengo un alto rango de tolerancia. Pero vos, nabo del orto… ¡me sacás!
Pasemos a otro tema.

martes, 27 de febrero de 2007

Si querés llorar, llorá

¿Cuántas veces en la vida habré llorado? ¿Cuántas veces con lágrimas injustificadas por una estupidez sin nombre? Porque llorar, llora cualquiera y de lágrimas estúpidas yo sé mucho.

Enumero lo que acuerdo:

- con ET
- inexplicablemente y a grito pelado con una canción del Mono nosecuanto (3 años)
- cuando me caí del triciclo y me sangraba la rodilla (5 años)
- con casi todos los capítulos de La familia Ingalls
- cuando me mandaron de campamento a Córdoba contra mi voluntad (13 años)
- cuando Ralph toca Nimrod para mí
- leyendo la primer carta de mi primer novio (18 años)
- en el acto de fin de curso de 7º grado
- el día que aprobé el ingreso Conservatorio y el día que lo abandoné
- con mi primera menstruación y todas las que siguieron
- cuando me saqué el vestido de novia, después de la fiesta
- con Estrellita Mía, La Extraña Dama, Celeste y Rosa de Lejos
- cuando se me rompió la videocasetera
- la vez que me hicieron la permanente y el pelo me quedo afro
- escuchando Nessum Dorma en versión de Pavarotti
- cuando me caí del altillo con el arbolito de Navidad (28 años)
- cada vez que peleo con H y gritamos, pero mucho más cuando se acerca despacito, me abraza y me dice al oído “No sé qué haría sin vos”

sábado, 24 de febrero de 2007

Le Trappe

Fue a la tierna edad de quince años. La Hermana Olvido, superiora y directora del colegio, organizó un retiro espiritual en un apacible monasterio de la Pcia. de Buenos Aires. Habíamos madrugado y rezado más de la cuenta y prometía ser un día largo, denso, pero al menos no teníamos clase. Y allí estábamos con Sofía y Magalí deambulando por los jardines floridos, un poco alejadas del grupo, aburridas, soñando en voz alta con amoríos de primavera, riendo de cosas tontas... Teníamos un plan, sólo faltaba el escondite.

-Está oscuro acá.
-Entremos antes de que se den cuenta.
-No veo nada. ¿Qué lugar es éste?
-Allá hay una ventana y entra un poco de luz. ¡Vamos!
-Maga, prestame la revista. ¿Hay fotos?
-Tomá. Leé vos, Meri. ¡En el medio hay una foto de una mina con dos tipos en bolas, miren! Ahora ya sé por qué mi hermano tarda tanto cuando va al baño…

Caminamos despacio hasta encontrar un poco de claridad, excitadas por el peligro y el descubrimiento de lo hasta ahora tímidamente imaginado. Pese a todas las precauciones, el eco de nuestros pasos retumbaba en el vacío de un espacio que nos pareció demasiado vasto.

-Pero no hay muchas fotos… ¿Dónde empiezo?
-No sé… ¡Acá! Apurate, leé.
-Dice …poco a poco empecé a tocarla mientras le quitaba la ropa, ella hacía lo mismo conmigo, hasta que estuvimos totalmente desnudos y nos quedamos abrazados, quietos, como queriendo disfrutar ese momento eternamente, pero mi erección y su excitación pedían más, así que le empecé a comer su cosita mientras ella me acariciaba donde podía…
-¿Qué “cosita”?
-¡La concha, boluda!
-¡Eh! ¿Qué le hace? Dejame ver…
-Después te digo. Vos, Meri, seguí leyendo.
-… le pregunté si quería que siguiera y respondió que sí, entonces de golpe la atravesé por completo, gritó de placer y de dolor. Me quedé quieto un momento para que se acostumbrara. Luego empecé a moverme, primero despacio y luego muy rápido hasta que ella tuvo su orgasmo y segundos más tarde…
-¿Qué fue ese ruido? ¡Shhh!
-No escucho nada… ¡Ay, sí!

Nos levantamos de un salto, temblando. Maga me apretaba el brazo con fuerza. Otro ruido, esta vez más fuerte. Perdimos el sentido de la orientación y empezamos a caminar hacia donde nos pareció que estaba la puerta. Oímos un murmullo, como algo que se deslizaba y entonces Sofía gritó. Más bien fue un alarido de terror y en seguida retumbó el crujido de sus rodillas contra el piso de piedra. Lloraba.
-¡Ayyy! ¡Trope-pe-cé con algo! ¡Hay a-a-alguien tirado en el pi-pi-so! ¡Me parece que está mu-muerto, chicaaaaass!
Corrimos hacia ella con desesperación y la levantamos como pudimos, arrastrándola hasta la salida. A nuestras espaldas crecía un rumor de pasos. El corazón me saltaba del pecho, las piernas no me respondían. ¿Dónde estábamos? Se me cayó la revista en el fragor de la carrera. Al fin vimos la luz de la tarde colándose por el marco de la puerta y escapamos sin dejar de correr hasta alejarnos lo más posible.

-¿Se puede saber dónde estaban? Sofía, ¿por qué te sangran las rodillas? ¿Y por qué están llorando? A ver quién empieza… y no quiero mentiras. Pintaba un interrogatorio tenaz, acusador. Y a nuestro alrededor se reunía un grupo cada vez más tupido de chicas curiosas.

-Herma-a-a-na Olvido… Como usted dijo que ha-a-a-bía que meditar en el sile-e-ncio… Bueno, nosotras caminamos un poco pa-pa-a-ra encontrar un lugar tranquilo y silencioso… Para me-e-e-ditar mejor…
-María, yo no les pedí que se alejaran.
-Pero, Herma-a-a-na Olvido, a nosotras nos pareció que donde está-a-a-bamos no había suficiente silencio…
-Y, si no es molestia, ¿a dónde fueron?
-Ahí… (Sofía señaló con el dedo todavía tembloroso)
-¿Ahí dónde? ¡¡¡Qué!!! ¿Se metieron en el claustro? ¿Están locas?
- No había na-a-a-die. Entramos porque esta-a-a-ba silencioso y…
-¡Me tienen harta con el silencio! Les dije que no se acercaran al claustro, ¿no ven que los monjes están rezando? ¡Qué vergüenza!
-Pero no había na-a-a-die...
-Sí que ha-a-a-bía. Yo pisé a “alguien”.
-Shhhh… ¡Callate, Sofía!
-¿Cómo? ¡Y dejen de llorar, de una vez! ¿Qué dijiste, Sofía?
-Bueno, noso-o-o-tras estábamos… “meditando” y entonces escucha-a-a-mos un ruido y nos asusta-a-a-mos y salimos corriendo. Y yo pisé a alguien y… estaba mu-mu-erto.
-¿Qué decís? Llamen a la Hermana Julia. ¡Pronto! Esta chica se está desangrando.

Y fue entonces que se abrió de par en par la puerta del claustro, por donde habíamos escapados hacía minutos, y ante nuestros ojos mudos de asombro desfiló una comitiva de hombres enfundados en toscas túnicas de color gris oscuro. Caminaban despacio y en silencio, mirando al piso.
-Pe-pero… ¿De dónde salieron? ¿Quiénes son?
-Magalí, son los monjes que estaban rezando cuando ustedes entraron al claustro. Acá no hay ningún muerto. Ellos rezan acostados en el piso y ustedes interrumpieron sus oraciones y hasta pisaron a uno. ¡Es inaudito! ¡No sé cómo voy a explicar esto! ¡Qué bochorno, Dios mío!

La revelación nos aturdió. Sólo entonces tomé conciencia de que había perdido la revista y ya no había forma de recuperarla. Nunca mencionamos el incidente porque una cosa era el castigo conocido por desobedecer las normas y otra muy distinta la vergüenza pública por pornografía y perversión. ¡Ni hablar de que se enteraran nuestros padres y los padres de nuestras amigas! ¡Nos iban a señalar con el dedo por los siglos de los siglos! Pacto de silencio, tácito e inmediato.
¿Me pareció a mí o uno de los monjes nos miraba raro, sonriendo como con… lascivia? Ya sabíamos dónde estaba la prueba del delito… Y adquirimos la certeza de que no nos delataría sin delatarse.

Por fin, la Hermana Olvido nos dejó en paz. Se alejó repitiendo sin cesar “¡qué vergüenza! ¡qué bochorno!”. Pero la Hermana Julia, pertrechada con su equipo de primeros auxilios, estaba dispuesta a llegar al fondo de la cuestión. Sofía soportó la tortura lenta del alcohol fino sobre la carne viva sin decir ni “mu”.
-Usted, Magalí, acláreme la cuestión. ¿Para qué se metieron en el claustro?
-No sabíamos que estaban los monjes rezando. Entramos y nos quedamos ahí.
-¿Y qué hicieron todo ese tiempo?
-Meditábamos.
-No me diga. Jejeje… ¿Y qué meditaban, María?
-Yo meditaba sobre mi vocación. Decidí que voy a ser monja de clausura y haré voto de silencio… desde ahora. ¡Ayyyyyy!
Me comí el más espantoso tirón de orejas de la historia. Todavía me duele. La Hermana Julia se desquitó con saña y maldad. Y a partir de ese día nos odió encarnizadamente.
Nunca más volví al monasterio. Sospecho que hombres acostumbrados a vivir en silencio y soledad durante décadas son capaces de reconocer a cualquier persona que hayan visto al menos unos minutos en su vida. Y estoy segura que uno que yo sé todavía debe conservar cierta revistita y sin duda nos reconocería en el acto.
No hay manera de describir lo que significó esa revista en nuestras hasta entonces insípidas vidas de niñas malcriadas. “Meditamos” mucho sobre eso…

viernes, 23 de febrero de 2007

Cual es mi lado del camino?

Cuando se acuestan la razón y el deseo, llueve sobre mojado.



Pocas cosas se mantienen en pie en este torbellino que es mi vida.
Si tengo suerte y confluyen los astros, encontraré alguien que me masajee desde la punta del pie hasta la coronilla. Despacio y con mimitos.
Alguien que me saque la bronca y me haga olvidar.
Quiero besos.
Quiero algo, alguien… que me tiente.

miércoles, 21 de febrero de 2007

FASO, paso

Ahí está un poco arrugado, solitario, pedacitos de tabaco asomando entre la caja y el celofán. Quedan seis. Me miran. Cierro el cajón con mezcla de triunfo, melancolía y enojo. Lo vuelvo a abrir. Lo vuelvo a cerrar. Y lo abro otra vez.
La sensación del cigarrillo entre los dedos me suena novedosa por lo lejano del recuerdo.
El primero a los 18, en la terraza, sola. Qué asco… El segundo no fue tan feo y el tercero ya era aceptable. Dos por día como mucho. Después cinco, diez… Hasta veinte o quizás treinta los días de furia.
Saco uno de la caja, lo hago girar entre los dedos. El tabaco está flojo y algunas partículas caen sobre la alfombra. Sonrío triste. El olor un poco rancio me trae recuerdos de noches agitadas, alcohol, “un piano desafinado y un manojo de palabras”…


Cigarrillo de bar, un cortado y a veces capuchino
Cigarrillo de stress laboral, muchos… demasiados
Cigarrillo post sexo
Cigarrillo de espera (el que espera desespera)
Cigarrillo cómplice de amigas que se cuentan un secreto
Cigarrillo éxtasis
Cigarrillo después de la cena
Cigarrillo ansiolítico
Cigarrillo de fiesta aburrida
Cigarrillo mangueado
Cigarrillo de bronca
Cigarrillo relax, haciendo aros de humo
Cigarrillo fashion, yo-sólo-fumo-importados
Cigarrillo mojado
Cigarrillo arrepentido
Cigarrillo solidario fumado a medias o en ronda
Cigarrillo promesa, “es el último pucho, no fumo más”



No sé bien qué hacer. Destruyo uno, lo aprieto fuerte, desmenuzándolo lentamente. Pero me entra culpa y lástima por los otros cinco que son como un símbolo, tan solitos y tentadores. Hace más de un año… Si fumo uno, no va a pasar nada, ¿no?

Diosssss ¡Que alguien me sacuda y me haga reaccionar!


Fumar es un placer genial, sensual.
Fumando espero al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales de alegres ventanales.
Mientras fumo, mi vida no consumo
porque flotando el humo me suelo adormecer...
Tendida en la chaisse longue soñar y amar...
Ver a mi amante solícito y galante,
sentir sus labios besar con besos sabios,
y el devaneo sentir con más deseos
cuando sus ojos veo, sedientos de pasión.
Por eso estando mi bien es mi fumar un edén.

martes, 20 de febrero de 2007

BASTANTE POR HOY

Hoy la hija mayor de mi marido cumple 15 años.
Me asombra tanto despliegue de regalos, saludos, corridas, preocupaciones… Mi suegra ya tenía guardada una “cadenita de oro con el nombre de la homenajeada grabado en la medalla” desde tiempo inmemorial y rompió las bolas hasta lograr que H pasara por su casa a buscar el regalo y la tarjeta. No se le ocurre pedir un remis y llevarlo personalmente, o mandarlo tipo encomienda si no quiere verle la cara a su ex nuera.
Of course, H encargó el consabido ramo de rosas, catorce de un color y una de otro porque se estila así. Pero cuando habló esta mañana con la hija, todavía las flores no habían llegado. Nervios, un cigarrillo atrás del otro. ¿Realmente es para tanto?
Tampoco llegaba el Ipod que compró en Internet. Lo que pasa es que siempre te acordás a último momento. ¡Jodete!
Lo único concreto y seguro es el regalo que le compré ayer y que nadie esperaba. Compromiso obligado con mi marido porque la hija no se merece ni mis saludos. Ya está, es todo lo que voy a hacer, suficiente. Y no es necesario sacar a ventilar los trapitos al sol, no importa que las hijas jamás me hayan saludado por mi cumpleaños y que después de tantos años ni me saluden siquiera si el padre no está ahí presente amenazando y controlando.
Parece que los quince de la hija hacen más ruido que la caída del muro de Berlín.
Pero yo estoy ajena a todo. No quiero saber de flores, fiestas, cadenitas, Ipods… nada.
Faltan 11 días para mis vacaciones. Tengo la mente en blanco.

lunes, 19 de febrero de 2007

El ranking de mis enamoramientos infantiles

I've got a crush on you, sweetie pie
All the day and night-time hear me sigh
I never had the least notion
That I could fall with so much emotion…



Tom Sawyer: Fue mi primer gran amor, a los ocho años. Mamá me regaló los libros de Mark Twain sin sospechar las consecuencias… Dormía abrazada a la almohada soñando que Tom me rescataba de la cueva de Joe el Indio, robábamos el tesoro y huíamos en la balsa de Jim hacia una isla desierta, nos dábamos muchos besos y teníamos hijitos y después volvíamos a vivir con tía Polly porque la extrañábamos y cocinaba muy rico.




Sandokan: Si hay alguien que ves por la calle y decís “Es Sandokan”, ese es Kabir Bedi. A principios de los ochenta daban la miniserie en canal 13, en míseros capítulos diarios de quince minutos. Y él era como lo imaginaba… Tan atractivo, viril, la mirada de águila, repartiendo diamantes del tamaño de una avellana y sus barcos vomitando artillería sobre las costas malayas. Ahhhh… Me acuerdo cuando tomó la pastilla para parecer muerto y lo lanzaron al mar amortajado, y su novia Mariana lloraba. Yo siempre era Mariana y cambiaba el final de la historia para casarme con él y vivir por siempre en Mompracem.


Enrique de Lagardere: Encontré la novela de Feval en la biblioteca de mi tío, junto a innumerables títulos de Dumas y Víctor Hugo. “Dejá eso, no es para vos. Cuando seas más grande podrás leerlo”. Fue suficiente para incitar mi curiosidad. Leía a escondidas y flasheaba como loca. Lagardere, le petit parisien, la primer espada de Francia, el vengador de Nevers… Estaba tan enamorado de Aurora que movió cielo y tierra para recuperar su nombre y fortuna. Al final se casaban y tenían un hijo. Pero a Enrique le tendían una emboscada y lo asesinaban. Lloré mucho. Pero cuando releo la historia todo vuelve a empezar y de nuevo brilla su espada bajo el sol del mediodía, y Lagardere es otra vez joven y hermoso y yo muero de amor.


BJ: Todas nos enamoramos de BJ. ¡Con ese camión e n ooooo r m e! Tenía muchas amigas y les daba piquitos a todas. La peor era la rubia tetona petisa que hablaba con vos de pito y se paseaba con shorcitos minúsculos y taco aguja y también manejaba un camión. BJ no le daba ni la hora, tipo no la tomaba en serio pero ella se notaba que le tenía ganas. Después de mucho navegar, encontré la canción (no puedo parar de cantarla): http://www.geocities.com/k_a_r_r/bj.html

El “lagarto” Brian (Invasión Extraterrestre): Creo que se llamaba Brian, el rubio que seducía a Robin, la embarazaba y después nacía la bebé rara, mitad humana, mitad alien. Qué horror cuando lo encerraron en esa pecera para matarlo con polvo rojo y se arrancaba la piel a jirones. Un desperdicio… Ella lo mató. Yo le hubiera dejado la careta puesta un rato más.



“Fas” (Brigada A): Éste sí que me pegó fuerte y ya no era tan nena. Siempre bien peinadito, ojos como de agua, sonrisa generosa, atlético, buena pilcha. Dirk Benedict… Faceman en realidad, latinizado “Fas” . En cada capítulo tenía una novia nueva. ¡Todas trolas! Ese hombre me e n a m o r ó. Sí, señor. Y no era un amor ideal, no, no, no. ¡Me re calentabas, nene! Con la excusa del blog, guardé la foto y la miro de a ratos y me da por imaginar no sé qué cosas… Pensar que ahora debe tener más de sesenta abriles…


Gustavo de “Tremendo”: Recuerdo esperas interminables frente al televisor aguantando las grasadas de Sábados de la Bondad sólo para saborear los escasos diez minutos que duraba la actuación de Tremendo. Dos canciones, tres a lo sumo si la platea femenina estallaba, como sucedía a menudo. Y ahí estaba él, con su flequillo al viento, bailando coreografías vergonzantes con los otros cuatro nabos. Me pregunto por qué moría por él… ¿Nadie se acuerda de Tremendo? Fui al cine a ver la película. Mejor no sigo…

Richard Chamberlain: Tenía trece años cuando vi por primera vez “El pájaro canta hasta morir”. Fue devastador. Me dio vuelta como un panqueque. Amé al padre Ralph hasta la médula. La de fantasías que habré alimentado con hombres en sotana… Después se comentó que era gay… Pero hago como que no me enteré.
La lista es larga. Tengo una nómina de destacados y cada tanto agrego alguno más que se cuela por alguna rendija de mi memoria: D’artagnan, Bo Duke, Daktari, Meteoro, Marcelo Marcote, MacGyver, Carlín, He-man, Pablito Ruiz (sí, el auténtico), El conde de Montecristo, Rambo, Dean Martin, Tarzan…
¡Salpicón de estrellas!

sábado, 17 de febrero de 2007

De culto



Hay voces, olores, sabores, tactos... que dejan en el alma huellas imborrables.

viernes, 16 de febrero de 2007

Tipo naaa….



Allá por mis pagos hay un shopping chiquito, caro y exclusivo, a la medida de los típicos habitantes de barrio privado. Ropa de marca, joyas, artículos de golf, deco, resto, bistró… Si te aburrís al lado está el spa, pero si olvidaste pagar la membresía a principio de año, todo cuesta el triple.

H: Me dio hambre. ¿Si en vez de tomar un helado comemos algo acá?
M: ¿Te parece? Nos van a matar, tiene pinta de caro.

Pero mi marido ya había ocupado mesa afuera, en el deck, y prendía con el encendedor una velita minúscula que prometía apagarse al primer soplo de viento.
Muy lindo el lugar, la verdad. Ambiente cálido, comida rica, trato amable y solícito.
Y entonces llegaron ellas: las teens. Pero no teens cualquiera, de esas que te encontrás en el Once comprando remeritas de modal todo por dos pesos, o las que salen en patota del boliche cumbiancha y se clavan litros de cerveza en el cordón de la vereda, o las nenas de mamá que ahora mueren por Arjona y en el fotolog firman “te kiero demassssss”…
No, no, no. Estos cuatro engendros menores de edad obviamente escapados de algún country pedorro, celulares último modelo, extensión sin límites de tarjeta dorada, ropa de diseño y zapatos importados se instalaron en la mesa más cercana y, cual auténticas princesas destronadas, encararon al pobre mozo desvalido convirtiéndolo literalmente en su esclavo de turno.

-Nos vamos a sentar acá. Por favor, armame una mesa para cuatro. Acercá esa mesita que está allá y la ponés acá. No, mejor de este lado. ¿Por qué acá no? No, no interrumpe el paso. Mirá, la gente puede pasar igual. Ponela acá como te dije. ¿Viste que se puede? Bueno, traeme la carta y cambiá el cenicero que está sucio.
-¿No podés apagar esa luz que me da justo en la cabeza? ¿Por qué no? Decile al metre que venga y yo le explico.
-Chicas, ¿y si nos sentamos del otro lado? Acá el viento me despeina.
-No, porque allá estamos muy lejos y no vemos a los que pasan.

¡Una vez que salgo a ventilar la peluca y cuatro pendejas endemoniadas me vienen a cagar la noche!

Media hora dando vueltas a la carta y otra más interrogando al mozo (medalla de oro a la paciencia) sobre la elaboración de cada plato. “La crema de peperoni no es picante, ¿no? Y… sí, es un poco picante. ¿Esta pasta “papardelle” es casera? Sí… ¿Cómo es? Este… ¿Los tortellini pueden ser de ricota pero sin nuez? No, la nuez ya está en el relleno. Pero a mí no me gusta la nuez. Y los spaghetti que estén bien al dente”.
Nos trajeron la comida en el preciso momento en que se apagaba la velita. Mala señal. La cena iba a caer pesada.

-Melu, ¿sabés quién estaba el viernes en la fiesta de Paqui? ¡Cande! Siiiiii, la vi histeriqueando en la barra.
-¿Cande histeriqueando? Naaaa…
-¿Saben algo de Biancu? Le mandé un mensajito pero no me contestó. A ver, acá recibí uno… No, no es Biancu. Es Chechu. ¿Le digo que estamos acá?
-No, gord, seguro que viene con el boludo del novio.
-Bueno, les sigo contando. Me mandó un mensaje de texto ayer a la mañana que decía: “No me molesta que me llames”. Pero yo no le contesté ni lo llamé. Y no me escribió más. ¿Qué hago? ¿Lo llamo?
-No viene la comida… ¡Mozo! Disculpame, ¿sabés si va a demorar mucho? ¿Me cambiás el cenicero, plissss?
-¿Ustedes creen que me va a llamar?
-Papá me regaló un Ipod para llevar a Punta.
-Pero ¿no tenías uno?
-Sí, pero se me rompió. Tipo, naaa... se cayó en la pileta de la quinta y se ahogó.
Casi me ahogo yo con el vino.
H: Pedite un postre.
M: No, dejá… Tomamos un café y nos vamos.
¡La reconcha de la lora, pendejas del orto, paren de parlotearrrrrrr! No quiero saber cuántos mensajitos recibiste, ni quién es Chechu ni el boludo del novio, ni dónde mierda se te cayó el Ipod puto ese, ni que tu papá que debe ser un recontra tarado mental te compró uno nuevo para que lo lleves a Punta Caca!!!! ¡Basta! ¡Me hartan!
Los padres gastan fortunas para darles la mejor educación, bancan los mejores colegios, bilingüe, trilingüe, que sé yo… Y estas infradotadas, pedazo de mamertas, tienen el vocabulario reducido a “tipo naaa”, “plisss, gord”, “oa ¿co tas? ¿to bem?”
¿Pero qué es esto? Esta muestra de inútiles ¿es acaso el futuro que nos merecemos?
Mucho cuidado. El Apocalipsis está aquí.

jueves, 15 de febrero de 2007

Mientras espero...

The time is right
Your perfume fills my head
The stars get red
And oh the night's so blue
And then I go and spoil it all
By saying something stupid
Like I love you
I love you...


Otra charla larga… La intimidad va creciendo rápido.
Esta vez hay intercambio de información precisa: dar para recibir.
Y disfrutamos compartir el secreto.
Al final, despedida obligada y una tímida invitación a su nueva casa.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Revelaciones


Le prometí que no contaría nada y cumplí. Porque según él nadie sabe, excepto algunos amigos y su familia. Pero si lo cuento acá, bajo el velo del anonimato total… no estaré rompiendo mi promesa ni traicionando su confianza. Quiero que sepa que me importa mucho.

-“A vos te pasa algo”. Eso me dijiste la semana pasada porque me viste mal. Y yo te dije que algún día te iba a contar. Bueno… pero contar es “dar” y cuando uno da quiere también “recibir”. Así que yo te voy a “dar” para después “recibir”.

(El “te voy a dar” me sonó raro en él por lo obvio, pero me preocupa qué querrá “recibir”. Eso todavía no lo descifré. Me intriga tanto misterio).

-Me separé hace dos semanas. Te pido que no cuentes nada porque acá nadie lo sabe, yo prefiero que se enteren por mi esposa y no por mí. Ella ni siquiera sabe dónde estoy viviendo. Le dije que estaba momentáneamente en la casa de un amigo pero no es cierto. Alquilé un departamento y estoy solo.
-¿Solo solo? ¿O estás en otra relación?
-Solo.
-¿Por qué me estás contando esto a mí?
-¿Por qué…? Bueno… Porque me parece que en todo este tiempo nos fuimos conociendo y se generó confianza entre nosotros... y porque tenemos buen feeling. Vos me contaste algunas cosas y yo otras… Por eso.
-¿Y tus hijos qué dicen?
-Eso es lo más difícil. El nene me pregunta si me voy porque no los quiero más, y yo le expliqué que mamá y papá se quieren mucho pero que no pueden seguir viviendo juntos y por eso me voy. Me partió el alma… La nena encima cumple 15 este año.
-Bueno, pero a veces la distancia ayuda a aclarar las cosas. Tomate un tiempo para saber qué es lo querés para tu vida.
-Lo que pasa es que en mi matrimonio lo que se murió es… cómo decirlo… el “amor erótico”. Ante requerimientos de ella yo ya no puedo responder de ninguna manera. (Léase: no se le para). Y si me separé es porque no quiero más esto: esposa, amantes…
-¿Tenías amantes?
-Y sí… Si no, ¿cómo aguantaba? Son 18 años de matrimonio. Mirá, lo mejor en estos casos, cuando se pudre todo, es traer un tercero a la cama. Y si es mujer, mejor. No, pero no me mal entiendas. Porque el cuerpo de la mujer es mucho más lindo y estético que el del hombre y a nadie le gusta más el cuerpo de una mujer que a otra mujer. Y es una manera nueva e interesante de disfrutar del sexo. Así hizo mi hermano y ahora le va bárbaro. Aunque te parezca extraño, muchas parejas recurren a esto.
-Bueno, no sé. No se da en todos los casos. Tiene que haber mucha confianza… En una pareja la pasión no dura toda la vida. Al principio lo hacés todos los días, después una vez por semana, una vez por mes y cuando ya es sólo en Navidad, la cosa no da para más. Pero al mismo tiempo que la pasión se va diluyendo, ganás otras cosas. Crece el amor, la amistad, la comprensión… El tema es elegir si te quedás con el paquete “esposa-amantes” o si tenés la valentía de seguir solo y buscar la verdadera felicidad.

(No quise indagar sobre las “amantes”. No me gustan los hombres que alardean de sus mujeres y pluralizan “amantes” cuando en realidad ninguna pasa de la categoría de “fato”. Aunque alguien que yo sé se enoje y diga que esa es “mi” visión de las cosas).

-Te voy a prestar este libro cuando lo termine. Seguro te va a gustar.
-¿Ah sí? ¿De qué trata?
-Es la historia de un hombre casado que tiene amantes de turno y un día su mujer desaparece. No se sabe si es un secuestro, si está muerta o en peligro. Él cree que lo abandonó. Y un día empieza a buscarla.
-Me gusta. Prestámelo cuando quieras.
-¿Tu secretaria tampoco sabe?
-No.
-¿Y cómo hacen? ¿Actúan para que no se de cuenta? ¿Como si no hubiera pasado nada?
-Y… sí. Te repito, prefiero que lo cuente mi esposa cuando a ella le parezca.
-Bueno, gracias por depositarme tu confianza.
-Gracias por escucharme… y por tu afecto.

martes, 13 de febrero de 2007

10 things you should know about me:


1) no puedo evitar pasar el dedo por cualquier superficie buscando roña

2) soy compradora compulsiva de tampones y caramelos strong mint

3) hablo sola… y me contesto

4) siento predilección por las causas perdidas

5) colecciono toneladas de muestras gratis de shampoo

6) adoro el sol y los panqueques de manzana

7) una vez me robé un libro de la biblioteca del colegio (dos, en realidad)

8) los hombres desnudos y con medias no me van

9) me fascinan los ilusionistas, pero ninguno tanto como Tu Sam

10) tengo un don especial para escuchar confesiones (así dicen)

Ah, y también quiero ser una chica Almodóvar.

lunes, 12 de febrero de 2007

¡MASCALZONE!

Tenía 40 años cuando llegó y 39 vividos en Italia. Pero se autoproclamaba porteño y decía que su corazón estuvo siempre acá. ¿Siempre cuando? me pregunto yo. Volvió para quedarse. Se llevaba el mundo por delante con sus modales europeos, celular de última generación, porque yo trabajé para tal compañía y fui jefe de ventas y tenía un presupuesto de gastos muy abultado para viajar al Congo Belga si era necesario, y la vida en Europa es muy distinta, primer mundo, tecnología, acá voy a hacer un desastre con mi experiencia… Lo escuchamos sonriendo con condescendencia. Corría el año 2002… ¿Para qué carajo volviste si allá estabas tan bien?
Al mes estaba de capa caída. Lo fletaron de cuanta empresa visitó y hasta tuvo que devolver el celular que nunca había pagado. Nos dio lástima y le ofrecimos ayuda.
Tenía una novia cubana, muy atractiva, bien chévere. Ella era manicura, trabajaba de sol a sol por unos pocos pesos y él ni aportaba. Mi marido seguía ayudándolo aunque yo no estaba de acuerdo. “Estás manteniendo a un vago. Si le seguís prestando, nunca va a buscarse un laburo. ¿No ves que es un caradura?”.
Para ahorrarse el boleto de colectivo caminaba desde Retiro hasta La Boca, el nudo de la corbata deshecho, el traje arrugado y un olor a chivo que no se rendía ni ante el Poett concentrado. Por eso no pasaba las entrevistas. Nadie quería recibirlo porque apestaba.
Después supimos que no podía volver a Italia porque la cubana no tenía derecho de residencia y no podían casarse porque él ya estaba casado y el divorcio “bien gracias”. Pero acá se declaró “soltero” y se casaron como Dios manda. Así que además de vago mantenido, resultó bígamo. Una joyita el tano.
Un buen día mi marido perdió la paciencia y con mucha amabilidad y altura lo mandó a freír churros. “Mira, no podés seguir así. Buscate un trabajo, algo tenés que hacer. Te mantienen tus viejos y tu mujer que gana una miseria. Por lo que me debés a mí, no te preocupes, pagámelo como puedas cuando consigas algo, no hay apuro”. Y mucho apuro no tuvo porque nos pateó más de dos años.
Al cabo de un tiempo supimos que estaba trabajando y, según los padres, ganaba bien y tenía un buen puesto, decían que era la mano derecha de los dueños y viajaba por el mundo de acá para allá. Pagó lo que nos debía en comodísimas cuotas y no volvimos a saber de él hasta ayer.
Confieso que me recorrió un escalofrío al oír otra vez su voz cascada. Por suerte no olía a pescado podrido. Media hora escuchándolo pacientemente para convencernos de que sigue siendo el mismo dolobu de siempre, desagradecido y soberbio. A veces la gente se olvida del que le tiende una mano en momentos difíciles.
-¿Cómo está tu mujer? Me imagino que ahora no la harás trabajar, debe estar como una reina.
-Ah, no, bueno… Ella sigue en la peluquería pero ahora le pagan mejor y recibe más propinas.
¡No-lo-puedo-creer, pedazo de subnormal maloliente!
Qué distinto de nuestros abuelos italianos que vinieron a esta tierra "con una mano atrás y otra adelante", dispuestos a abrirse camino de la nada, laburando sin descanso por un futuro mejor. Y este atorrante, sinvergüenza, vividor, sorete… que explota a la mujer, se olvida rápido y fácil de la ayuda recibida en tiempos de necesidad y se cree el empleado del mes porque es un tuerto entre ciegos…
Me das asco. Ojalá no vuelvas a cruzarte en mi camino nunca más porque te escupo.
¡Tano bruto y engreído!

viernes, 9 de febrero de 2007

Olor a limpio




Estoy re caliente con Pelusa, la señora que trabaja en casa.
¿Cómo le explico por enésima vez que vacíe los estantes de la cocina para limpiarlos, que no alcanza con pasar el trapito alrededor del especiero y dejar que la mugre acumulada se convierta en esa cosa informe que es como una telita pringosa y asquerosa que si pasás el dedo te quedás pegado? O que no es posible limpiar los pisos de toooooda la casa sin cambiar el agua del balde que más bien parece petróleo… ¿Tengo cara de tonta, Pelusa?
¿Para qué me pediste un plumero nuevo? ¿Para colgarte las plumas en la cabeza y bailar la danza de la lluvia? Por lo menos, hacé que parezca usado… Para darme el gusto, nomás.
¿Y el limpiahornos? Caminé como loca, desesperada, preguntando a amas de casa muuuy experimentadas qué corno es un limpiahornos. Todo porque vos me lo pediste. Y orgullosa lo compré y te lo entregué como si de un trofeo se tratara. “¡Pelu, lo conseguí! Es éste ¿no?” Lo observaste minuciosamente con tu parsimonia provinciana, sopesándolo como si certificaras calidad Iso 9000… “Sí, niña. Es éste”. Y ahí está el limpiahornos con su sello de seguridad i n t a c t o desde Navidad!!!
Antes tenía por la limpieza una dosis razonable de neurosis, ahora soy una perfecta maniática. Y cuando me enojo lo suficiente como para decirle que tal vez debería tomarse unas vacaciones prolongadas, la muy turra me declara la guerra y demuestra que puede emular a la mujer biónica cuando se lo propone. Entonces en ese breve lapso, que no pasa de una semana o dos, la casa brilla por donde se la mire, me desmayo del olor a lavandina que tarda días en evaporarse y Pelusa parece una sílfide danzando con la aspiradora, saca a relucir absolutamente t-o-d-o-s los productos que le compro sin que me los pida y me mira con un dejo de altivez, orgullo herido…
“Niña, yo que la conozco desde que era una cría y usted a veces me trata tan mal, me hace trabajar a mis años…”
Dejate de joder, Pelu, al final venís a casa a romper las bolas y los electrodomésticos.
Pero sabés que en el fondo te quiero. No sé por qué. O sí. Tal vez porque hacés esas empanadas únicas, tan ricas y jugosas que no puedo parar de comerlas una tras otra… O porque me mimás cuando estoy triste y me cuidás mejor que un perro guardián. O porque al final me tengo que pelear con alguien y para eso estás vos que me entendés y me dejás hablando sola cuando es necesario y me obligás a pedirte perdón si se me va la mano y porque a fin de cuentas mi vida sin vos no sería la misma.
Pero eso sí. Escuchame bien porque te lo digo por última vez. Si mañana no limpiás como te dije los azulejos de la cocina ¡te hago tragar el limpiahornos y te vas bailando la chacarera con el lampazo en el orto!

miércoles, 7 de febrero de 2007

¡Atenti, pebeta!


Cuando estés en la vereda y te fiche un bacanazo,
vos hacete la chitrula y no te le deschavés;
que no manye que estás lista al primer tiro de lazo
y que por un par de leones bien planchados te perdés.

Cuando vengas para el centro, caminá junando el suelo,
arrastrando los fanguyos y arrimada a la pared,
como si ya no tuvieras ilusiones ni consuelo,
pues, si no, dicen los giles que te han echao a perder.

Si ves unos guantes patito, ¡rajales!;
a un par de polainas, ¡rajales también!
A esos sobretodos con catorce ojales no les des bolilla,
porque te perdés; a esos bigotitos de catorce líneas
que en vez de bigote son un espinel...
¡atenti, pebeta!, seguí mi consejo:
yo soy zorro viejo y te quiero bien.

Abajate la pollera por donde nace el tobillo,
dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí,
comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos
y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.
Tomá leche con vainillas o chocolate con churros,
aunque estés en el momento propiamente del vermut.
Después comprate un bufoso y, cachando al primer turro,
por amores contrariados le hacés perder la salud.


A buen entendedor...

lunes, 5 de febrero de 2007

Always kiss me goodnight

Volvió con alfajores caseros, toallones mojados del último día de playa, la canasta del mate sucia de arena, el pelo oliendo a tabaco y sal, con hambre de comidita casera y muchas, muchas, muchas ganas de hacer el amor.



sábado, 3 de febrero de 2007

Stand by me

Quince minutos pasan de las nueve de la noche. El calor es agobiante pero estoica prendo el fuego y voy poniendo la carne al asador. Pinta bien.
Escucho el auto de Maga, mi guardián perruno ladra desaforado hasta lograr ser el centro de atención y ahora las tres nos confundimos en un mar de besos y abrazos…

¿Cómo estás? ¡Qué linda está la casa! Maga, ¿qué es esa bolita naranja que tenés en el pelo? Uy… ¡no me digas que es puré de zapallo! Sofi, estás más flaca. Vos también. ¡Te quedaron bárbaras las lolas!

Hoy es noche de brujas con escobas voladoras, champán, velas y chusmerío.

Magalí le endosó los chicos al marido; Sofía está contenta, por una vez, de no dormir en brazos de su amante de turno y H está de viaje, lejos. Somos tres féminas libres y disponibles. Como en los viejos tiempos, antes de que la vida nos barriera el brillo de pendejas cool.

-Me olvidé de contarles… El otro día la vi a la Hermana Hermelinda.
-¿Viva?
-¡Sí, boluda! ¡Jajaja! Hermelinda es el dinosaurio vivo de Susana Giménez.
-Yo hace mil que no voy por el colegio. El año pasado me perdí la misa de egresadas y cumplíamos 15 años…
-Fueron las de siempre. Las Eugenias, Silvia, Flavia, Majo… Me enteré que Lalita está trabajando en la tele. De no creer, ¿no?
-¿Se acuerdan cuando nos metimos en el claustro? Todavía tengo marcados los dedos de la Hermana Julia en la oreja.
-Che… No puedo abrir el vino. ¿Qué hacemos?

Llamado de urgencia al soltero codiciado del barrio que en minutos apareció en su descapotable ultra moderno, munido de un exclusivo destapador de diseño italiano. Coqueteo discreto porque tengo una reputación que cuidar, un par de copas y no sabés cuánto te agradezco, nos salvaste, sos un divino, nos vemos mañana en el gym.
Comimos para el campeonato y nos tomamos hasta el agua del perro.
Hacía mucho tiempo que no pasábamos una noche “solas”.
-Menta, hacete unas caipi que te salen ricas.
Caipirinha con mucho azúcar y música de Beth Carvalho, Zeca Pagodinho y Gilberto Gil, el sonido fuerte porque hoy quiero festejar.
No hay nada como nadar desnudas a la luz de la luna. Nadamos, bailamos, sacamos fotos y renovamos nuestro pacto de amistad eterna descorchando un tequila reposado que nos quemó hasta el ombligo.

-Mariela se casó.
-¿Mariela G? ¡No jodas! ¿Cuándo? ¿Con quién?
-Sí… Parece mentira, pero lo sé de buena fuente. Con quién no sé, un nardo como ella seguramente. ¿Saben algo de Patricia?
-¿Mariela se casó y yo sigo soltera????
-Tranqui, Sofi. Imaginate lo que debe ser el marido. Mejor seguí así que estás bárbara.

Retazos de conciencia que vienen y se van. El alcohol no alcanza a disipar esa satisfacción maléfica de viejas brujas chusmas y locas. Y con el tiempo nos ponemos peor. Mucho peor.
-Cantemos algo.
-¿Qué? Nos van a echar del country. Son las tres de la mañana y están todos durmiendo.
-Dale. Cantemos…
When the night has come
And the land is dark
And the moon is the only light we see
No I won't be afraid, No I won't be afraid
Just as long as you stand, stand by me
And darling, darling stand by me
Oh, now, now, stand by me
Stand by me, stand by me.

viernes, 2 de febrero de 2007

Trátame suavemente

Acostada en la cama, desnuda, la tele prendida. No me importa quién se va de Gran Hermano, ni con quién se peleó Wanda Nara, ni el tiramisú gigante de Iliana Calabró…
No puedo dormir. Y no voy a tomar nada de lo que quiera recetarme mi doc. No, no, no.
Me miro en el espejo que tiene tres hojas y mi figura se reproduce en varios planos. Imágenes que son como hilachas. Me divierte. Como cuando jugaba a mirarme en el espejo del zaguán, gigantesco y yo tan chiquita, medias blancas con pompón y kickers. A veces me disfrazaba con las pelucas de la tía, algún pañuelo a lunares larguísimo que arrastraba a modo de boa plumosa, tacos muy altos y collares con ruido y brillo, soñando ser una estrella de la revista nacional. Me gustaba pensar que algún día tendría unas lolas fabulosas y piernas esculturales.
Entonces mamá rompía el hechizo y traía la merienda: chocolatada y buñuelos de manzana. Y llovía. Siempre que llovía, mamá hacía buñuelos de manzana.
Me encanta ver llover, sentada en el marco de la ventana, la nariz pegada al vidrio y los pies descalzos, tarareando una romanza de Ropartz.
No puedo dormir. Debe ser porque estoy ovulando. Considero masturbarme, pero decido que ahora no. Sería más fácil si estuvieras conmigo. Con vos todo es más fácil. Y yo soy generosa y me entrego bien.
Tengo hambre. Bajo a buscar helado. Lo saboreo en la cama mientras sigo haciendo zapping. Parece que al final una tal Marianela quedó nominada.
Estoy tentada de correr las cortinas y pasearme en bolas delante de la ventana. Fantaseo con que mi casa es La Casa y los de afuera me miran, me espían y saben lo que hago. ¿Me habrán visto cogiendo? Ahora sí tengo ganas de un buen autosexo. Voy a correr las cortinas y dejaré la tele prendida, bajita.