sábado, 31 de marzo de 2007

Historias de peluquería

I am not my hair

Cada vez que voy a la peluquería llueve y la humedad me hace pelota el brushing. Estoy dos horas para hacerme el manicure y cuando meto la mano en la cartera para sacar la tarjeta, el celular o las llaves ¡zas!, resulta que el esmalte no estaba seco todavía y la uña queda más rayada que pelota de gato.
Pero no me quejo. Me molesta la gente quejosa.
Como Mrs. Psicótica que entró vociferando “que cómo puede ser que tarden tanto en atenderme, si en la peluquería de enfrente tengo a todo el mundo a disposición, y a ver que está haciendo la masajista que no aparece y dónde están las revistas de cortes y espero que esta vez por lo menos me sirvan un café”.
Se notó el cambio de humor, como un vapor pesado y astringente que hace arder los ojos y la nariz. Ah, no… ¡destaparon el amoníaco!
-¿Qué tal Amanda, cómo le va, tanto tiempo? Qué alegría tenerla por acá.
(¿Cuándo se va a cansar de venir esta vieja de mierrrda?)
Le pidió a Clarita que le hiciera las raíces.
-Clarita, ¿qué me pusiste? Me arde una barbaridad.
-Te puse lo mismo de siempre, mamita.
-Pero me arde. ¿No escuchás que me arde?
-Bueno, aguantá, mami, que ahora te lavo.
(Ojalá te quedes pelada y al rojo vivo, conchuda del orrrto).
Amilcar va y viene con bigudíes en la mano. Cuando le sugerí tímidamente cambiar mi color, respondió con esa sabiduría de peluquero amanerado: “Te hago un castaño suave porque más oscuro, nena, te va a quedar como el tuges”.
En el otro extremo del salón hay una chica como de 12 años con una melena rubia espectacularmente larga y natural. “Il sogno del coiffeur”. La están planchando para una fiesta. Parecería un querubín de Rubens si no fuera porque abre y cierra la boca con ritmo desganado dejando entrever un ensalivado chicle de banana.
Me gusta espiar por el espejo mientras me cortan el pelo.
Mrs. Psicótica finalmente paga la cuenta, previo control minucioso, calculadora en mano. “Che, decime una cosa… La ampollita ésa que me pusieron vale $2 y a mí me la cobran $8. ¿Cómo puede ser? ¡Qué caro el lavado! ¿Por qué no me avisaron? Me lavaba en casa… ¡Acá te arrancan la cabeza!”
Risas y suspiros de satisfacción cuando por fin saluda de mala gana y se va dando un portazo.
-¿Dónde se metió la recepcionista? ¡Querida, está sonando el teléfono!
Y parece que la que llama es la dueña. “El ojo del amo, engorda el ganado”, dicen.
Con el objeto de controlar si están todos en sus puestos, los hace llamar aleatoriamente y siempre emboca a alguno. El marido hace las veces de tesorero, aunque casi nunca está en el local. Tiene un aspecto raro, mitad metrosexual, mitad heavy metal en decadencia. El auténtico forro que salió de la nada y ahora lo mantiene la mujer y encima se la cree.
Por sobre el ruido del secador escucho infinidad de pequeñas conversaciones entremezcladas. Historias de permanentes, tinturas, ruleros y baños de crema.
Me despido de todos con un beso y alguna propina que los pone sonrientes.
“Bueno, chicos, que tengan buen fin de semana. ¡Nos vemos pronto!”
La última imagen que se graba en mi retina es la de Amílcar prácticamente arrodillado a los pies del angelito-come-chicle reclamando en cuatro idiomas que le quiere comprar el pelo para hacer extensiones.

jueves, 29 de marzo de 2007

BoluSex

Haciendo zapping descubrí un programa educativo de Playboy conducido por una rubia descerebrada que habla el mal llamado “español neutro” (¿Neutro por qué? ¿Hay chino neutro? ¿Esperanto neutro?), pero por lo menos se nota que tiene buena vista para leer los carteles que le pone la producción.
Mientras otra rubia con menos luces todavía se masturbaba sobre la cama en el centro del estudio (léase “área de trabajos prácticos”), la conductora contestaba preguntas del público:
-Román nos escribe desde Santa Cruz de la Sierra con esta inquietud: “Cogiendo 6 o 7 veces por día, ¿puede ser que me duela la p…?”. Quiero explicarle a Román que el sexo nunca es perjudicial para la salud (!!!!). Pero manteniendo un alto número de relaciones sexuales diarias, sí, es posible experimentar algún tipo de dolor o malestar en el pene u otras partes del cuerpo (???). Querido Román, felicitaciones por el alto rendimiento, pero le sugiero reducir la frecuencia de sus relaciones sexuales.
Pensé que éste era el especial “Boluda Total” de Playboy pero parece que el programa va en serio. Después mostraron cómo tener sexo altamente placentero con piercings. Paso, no me excita nada nada la gente agujereada y me aterran las perforaciones alejadas de las orejas. Hablando de eso, odio, me repugna, me espanta que me metan la lengua en la oreja. Habiendo tantos lugares interesantes, ¿por qué esa fascinación de hurgar adentro de las orejas? No tengo enterrado el tesoro del pirata Morgan, por más que insistan no van a encontrar nada. He llegado a huir de la cama aterrada al sentir mis orejas húmedas y en peligro.
-Ahora vamos a enseñarles cómo colocar un profiláctico con la boca, técnica que resulta especialmente placentera para el hombre. Recuerden que el pene tiene que estar muy erecto para que el profiláctico pueda ser colocado correctamente.
La minita que se masturbaba ahora tiene compañía, aunque no se la ve muy contenta. Sí, la asustó el tamaño y los ímpetus un tanto brutales del robusto ejemplar que le tocó en suerte. Pobre. ¿Me parece a mí o la cara se le está poniendo violeta? ¿No se dan cuenta que se está ahogando? ¡Soltale la cabeza, tarado, la vas a desnucar!
Al final no sé si logró ponerle el forro al Neandertal ése. Me impresiona tanto realismo. Tengo ganas de vomitar. Esto de las clases especiales Bolusex, ABsex o como mierda se llame, definitivamente es para estómagos entrenados.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Si pudiera escapar...


Todo se construye y se destruye
tan rápidamente
que no puedo dejar de sonreir.


Andreíta es la vecina nueva de la cuadra. Casada, dos hijos, como de treinta y cinco. De tan simpática se vuelve insoportable. No concibo esa gente extremadamente sociable que NECESITA saludar a todo el mundo como si fueran amigos de toda la vida y habla hasta por los codos, sonsacando hábilmente los dimes y diretes como parte de un teléfono roto interminable.
Sin mencionar que desde que pisó el country, le está sacando el jugo a todo: cancha de tenis, pileta, gym, hockey, etc. Le encanta estar en todas y, por sobre todas las cosas, “participar”. Precisamente algo que detesto.
A pesar de ser tan diferentes, por alguna razón misteriosa, le caí bien. Muy bien, al parecer. Como el dicho “los opuestos se atraen”. La boba se las ingenia para ir al gimnasio en el horario en que yo voy, pese a que he tratado de cambiar las horas cuantas veces me fue posible para evitar el encuentro. No importa lo que haga, Andreíta es mi sombra.
Ella alquila desde hace un año y aún no ha podido vender su depto de Flores para comprar la casa que añora en este barrio verde puto. Yo espero pacientemente a que un día me diga: “Chau, me mudo”. Pero no llega el momento. Y hoy me dio la noticia que no esperaba escuchar: “Por suerte pudimos alquilar el depto y con eso nos bancamos otro año más acá. ¿No es maravilloso? ¡Seguimos siendo vecinas!” Ay, sí… Qué emoción. Es triste mi destino.
También hizo buenas migas con los vecinos de al lado. Tanto así que ambos compartían el sueño de tener un perro y no vieron mejor cosa que comprar los cachorros al por mayor para reducir costos, obviamente con proyecto de reproducción y venta a mediano plazo. Así fue que cada uno adquirió un golden, macho y hembra respectivamente, y ahora hasta comparten el cerco electrónico, algo nunca visto. Mucha vida de country pero no-tengo-con-qué…
A: María, ¿jugás al tenis?
Sopeso la respuesta. Si le digo que sí, va a querer que vaya a jugar con ella, aunque podría decirle que ya tengo pareja y arriesgarme a que averigüe y descubra que no es cierto y al final quedo como una tarada. Si le digo que no, va a insistir (y yo sé cuán pesada puede llegar a ser) para que juguemos juntas y probablemente hasta sugiera que paguemos las clases de tenis onda 2x1.
M: Mirá, la verdad que ahora no estoy jugando porque tengo poco tiempo para entrenar. Además no me gusta el profesor que contrataron acá. Prefiero el gym.
A: Pero podemos entrenar juntas aunque sea media hora dos veces por semana. (Me lo temía). Vos llegás casi a la misma hora que yo de trabajar. Te llamo o te toco el timbre y vamos. Dale, nena, a vos te tengo que ir a buscar para que hagamos algo juntas.
Ese “algo juntas” me sonó amenazador.
M: Bueno, veo… En realidad no me quiero comprometer…
A: Ya está arreglado. El martes te llamo y vamos a jugar. Ah, ¿podés comprar vos las fichas para iluminar la cancha? ¡Yo compro la próxima!
Lisa y llanamente… me cagó.

lunes, 26 de marzo de 2007

Like guardian angels

A las tres nos encanta patrullar… Como en las películas y si es con disfraces extravagantes, mucho mejor. Tras años y años entregadas a esta labor que, me atrevería a afirmar, constituye un verdadero apostolado, llegamos a la conclusión de que el espionaje es terapéutico pero a la larga se vuelve adictivo y envicia. Y la abstinencia nos suele poner paranoicas.

La primera víctima fue Roberto, el chico del que me enamoré locamente cuando tenía nueve años. Lo seguimos varias cuadras, desde el club hasta su casa, y lo sorprendimos haciendo pis en el umbral del vecino. Cuando nos vio, apuntó el chorro hacia nosotras y huimos gritando y riendo a carcajadas. Dijo que éramos unas taradas…

El día del examen final de Química en tercer año, Magalí se quemó el cerebro sugiriendo que “tal vez podríamos” revisar la cartera de la profesora en busca del codiciado temario. Ojos brillantes de emoción ante el peligro. Faltaban cuatro horas para rendir. Dos chicas hacían de campana en la entrada de la sala de profesores. Teníamos unos cinco minutos, el tiempo que Moreira se demoraba haciendo un café y arreglándose las medias “multifilamento y con raya atrás”. Agazapadas corrimos hasta la cartera que colgaba solitaria de una silla. El cierre estaba trabado pero cedió. Tumulto de papeles, agenda, notas varias, dónde corno está el temario y… oh my God! Una carta más bien extensa, algo confusa y borroneada… ¡del amante desconocido e iletrado de Moreira! Entonces era cierto… Maga temblaba de emoción: “…me encanta esa bonvachita de encage mi amor, no savés como me calienta…” El corazón nos latía a lo loco. El temario seguía missing pero con la cartita nos dimos por satisfechas. Los dioses nos escucharon. Ruido de pasos cada vez más cerca y mis uñas clavándose en el brazo de Magalí. La arranqué de un tirón y salimos corriendo. “¿Qué tal, profesora? Qué calor que hace. Más que un café, le vendría bien un daikiri… y un puchito también".

Pero no siempre salíamos incólumes.
Como aquella noche en el auto de Maga, las ventanillas empañadas por el frío y una botella de tequila para mitigar la espera… Él no llegaba. Empezábamos a dudar. Al fin lo vimos doblar la esquina abrazado a una rubia tambaleante y risueña. Sofía se escondía bajo el tapado un poco grande. Se veía ridícula con la peluca de rulos, los lentes oscuros y el lunar dibujado a un lado de la boca.
-Sofi, ¿para qué es el lunar?
-Es un “tach”.
-¿Un touch de qué?
-No sé, un “tach”.
No la reconoció hasta que la naba tropezó con el escalón y cayó literalmente a sus pies, la peluca torcida y los lentes resbalando sobre la nariz. Demasiado tequila. La rubia-tarada miraba con ingenuidad, la pregunta obvia en los labios. Pero entonces Maga puso en marcha el auto, “¡vamos, vamos!”. Sofía emprendió la carrera sin decir palabra y sólo atiné a sujetarla fuerte y cerrar la puerta lo más rápido posible. Todo me daba vueltas. Sofi lloraba y al rato empezó a vomitar. En el trayecto perdió la peluca.
“¿Por qué me hizo esto? Es un hijo de p… ¡Yo sabía! ¡Yo sabía!”
“Calmate, Sofi, no vale la pena”.
Y entonces redoblaba el llanto. “¿Dónde está la botella?”
Soy-un-winner ni abrió la boca. Nos miró sorprendido pero no le importó. Como en un flash vi que entraba al edificio mientras la rubia nos seguía con la mirada, sonriendo incrédula.
Dormimos las tres en casa. Hizo falta mucho alcohol para ahuyentar las penas pero al fin nos ganaron la risa y el sueño.

-Che, la semana que viene patrullamos a mi jefe. Dicen que anda haciendo estragos en los puteríos de Recoleta.
-Dale, Meri. Yo llevo la filmadora.
-Si nos disfrazamos de gatos ¿es muy obvio? Tengo unas medias de red d-i-v-i-n-a-s.
-Cortala, Sofi. Mejor, disfrazate de perra y ponete un bozal.

domingo, 25 de marzo de 2007

Setenta balcones y ninguna flor

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave...
¡Setenta balcones y ninguna flor!

Porque me conmovió.
Porque alegró mi día.
Porque era lo que esperaba.
Porque tenemos mucho en común.
Porque se lo merece.

sábado, 24 de marzo de 2007

We live in a beautiful world

Un secreto es un secreto. Sagrado. Si no, preguntale a la mamerta esa que reincorporaron a La Casa y anduvo buchoneando cosas “del afuera” que tenía prohibido divulgar. “Ay, chicos, no puedo contar, no me obliguen… (pero me encantaría que vieran mi tapa de Playboy y lo que facturé desde que salí de La Casa, porque yo salí primera y me llamaron de todos los programas, boliches…)”.
Qué vida miserable la de los Gran Hermano… Encerrados en esa caja hermética… La gorda Marianela engullendo a cuatro manos canapés con chocolate en rama, Jessica yo-no-fui Osito haciéndole un pete al cara-de-degenerado-falso-rufián de Jonathan, el trolo (¿cómo se llama?) que anda hace días “que si - que no” como La Parrala, el ex convicto con su vocabulario florido exigiendo paradójicamente que se aplique justicia (me permito una sonrisa), y los demás… Los demás sencillamente no merecen comentario.
Los miro y me siento tonta cantando bajito “Estoy verde, no me dejan salir”. Porque ¿quién querría salir? Si tienen comida, chupi, joda… todo gratis y en abundancia. No laburan, no marcan tarjeta, no tienen que llevar plata a casa, no les preocupa llegar a fin de mes, no se queman las pestañas estudiando…
El problema más grave oscila entre “quién se comió el último pedazo de torta de la fiesta de compromiso” y “a ver, Producción, si me traen otro vestido que éste no da ni para ir a comprar papas a la feria”.
En medio de este puterío insalubre, lo que realmente extraño es la voz de Solita anunciando el clásico: “Estás nominado”. Ahhh, eran otras épocas.
Rial… no me llega.

viernes, 23 de marzo de 2007

Take it easy

Que si vengo, que no voy
Que si estoy, que me pierdo…

Esta es la traducción literal de la discusión sostenida con mi marido en el día de ayer, referente a la fiestita de 15 de la hija que, por si no lo saben, tendrá lugar el próximo 4 de abril en un elegante salón de zona sur.
H: Vos fuiste la primera en saber cuándo y dónde era la fiesta…
M: ¿Cómo no voy a ser la primera si pagamos todo nosotros y te ocupaste vos de buscar el salón?
H: Bueno… sí, pero ese no es el punto. Mi hija te invitó, quiere que vayas.
M: ¡Tu hija no me invitó un carajo! VOS querés que vaya y me parece lógico. Si tengo que ir será por vos, porque soy tu esposa y corresponde, no por tu hija que es una mal educada incapaz de levantar el teléfono y decir “Gracias por el regalo que me hiciste”. ¿No te parece vergonzoso?
H: Pero tiene 15 años…
M: ¿Me estás diciendo que la educación es una cuestión de edad? Mirá, yo no quiero amargarle la noche a nadie, ni cagarles la fiestita. Si querés invitar a mi mejor amiga para que haga bulto, hacelo. Pero no me metas en el medio. Yo no voy a convencer a nadie ni me importa quién va o no va.
H: Bueno, me tienen harto con las idas y vueltas. Lo que yo quiero es confirmar si van para armar las mesas y listo.
M: Ocupate. ¿O esperás que lo haga yo? A mí me tiene sin cuidado. Ya sabés lo que pienso.
H: No entiendo por qué cambiaste de idea. Dijiste que no ibas (yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo) y te entendí perfectamente. Acepto que no quieras ir al cumpleaños de 15 de mi hija. Pero ahora cambiaste de opinión…
M: ¿Me estás cargando? ¿Quién cambió de opinión? Vos metés en el diome a mi mejor amiga como elemento de presión y ella no quiere ir a la fiesta si yo no voy. ¿A vos te parece que me divierte esta situación? Arreglate con ella y a mí me dejan de joder. Yo NUNCA quise ir a la fiesta de tu hija y no veo la hora de que pase todo para que se hable de otra cosa.
H: Bueno, no vengas. No hablemos más del tema.
M: No, no voy. Porque no me gustan las invitaciones de compromiso sabiendo que uno va a decir que NO. Evidentemente mi presencia incomoda a más de uno porque veo que ahora, ante la duda, se quieren matar. Lo que me extraña es que tu mamá, que siempre mete la nariz en todo, no se haya molestado en preguntarme por qué no quiero ir a la fiesta. Se ve que no le importa. Yo soy de la familia cuando les conviene. Son todos iguales.
H: ¿Qué tiene que ver mi vieja? ¿Ahora tiene la culpa ella?
M: Tu mamá es la que siempre teje los hilos de la telaraña…


Doce horas más tarde:

H: Amor… ¿Querés venir a la fiesta?
M: Grrrrrr….

jueves, 22 de marzo de 2007

POLA


A lo largo de casi cuarenta años, desde 1950, miles de chicas desfilaron por el aula de música de la Srta. Pola. El piano, ya completamente desvencijado, tocaba solo la marcha de San Lorenzo.
Pola era hija de un prestigioso cantante de ópera. Nunca se casó y hasta el último día conservó ese aire de majestad que le era tan propio. Una mujer con clase. Y no era ninguna vieja tarada. Ella sabía bien lo difícil que resultaba descubrir un talento entre tanta pendeja mediocre y, claro, no se hacía ilusiones. Como encontrar una aguja en un pajar. Por eso sus clases no destacaban en originalidad ni exigencia. Le importaba un joraca si vocalizábamos bien o mal, mientras no le pifiáramos al Himno…
Una sola vez la vi realmente entusiasmada con una obrita del repertorio nacional que decía “No me tiren con la tapa de la olla, porque se abolla, porque se abolla…” Estaba obsesionada con la afinación de los agudos. Nos tuvo un año entero ensayando a tres voces “la olla que se abolla”, hasta que consideró que sonaba bastante decente.
Yo la admiraba en silencio.
Cuando supo que había iniciado estudios serios de música, empezó a mirarme de otro modo. Diría que con respeto. Un día me llamó aparte y, sin decir nada, se sentó al piano a tocar fragmentos de las Polonesas de Chopin y me pidió que individualizara las secciones (ABA). Es un ejercicio que siempre me gustó. Creo que lo hice bien porque me premió con un pedacito de la Marcha Turca de Mozart y un nocturno de Beethoven. Y desde ese día Pola se convirtió en mi madrina musical. Quería saber qué obras estudiaba, quiénes eran mis profesores en el Conservatorio, en qué coro cantaba… en fin, ella quería estar al tanto de todo. Estaba bueno porque además me regalaba entradas para conciertos y gracias a ella pisé el Colón por primera vez.
También conocí al padre de Pola. Si ella estaba entrada en años, él era un fósil. Pese a todo conservaba un vozarrón potente y lo demostró en los primeros compases del Tuba Mirum. Me miró de arriba abajo y dijo: “Seguime”. Y empezó con las vocalizaciones, cada vez más agudo hasta que vio que se me anquilosaba la garganta. “Muy bien, muy bien. Falta técnica, pero está muy bien”. Después tomamos té con bizcochitos mientras desempolvaba fotos de cuando cantaba como solista en el Colón y contaba cientos de anécdotas maravillosas con olor a humedad y gloria.
Una auténtica familia de artistas.
Según se comentaba por ahí, Pola había sido una renombrada concertista en sus años mozos. El piano del colegio no la ayudaba, pero yo veía cómo sus dedos bailaban sobre el teclado con agilidad y destreza.
Me siento tan orgullosa de haber sido su alumna predilecta que hoy no puedo obviar este pequeño y humilde homenaje.
¡Gracias, Pola, por descubrir y fomentar mi vocación!

miércoles, 21 de marzo de 2007

lunes, 19 de marzo de 2007

Los hombres y sus miserias



Podría caer en los lugares comunes y decir que me seduce la mirada, los modales de buen caballero, la sonrisa, una charla inteligente…
Sí, todo eso me gusta y mucho. ¿A quién no? También podría decir que el tamaño no importa. ¡Qué va! ¿A quién queremos engañar? No es lo mismo un chisito que un termo Lumilagro...
Pero a la hora de elegir un hombre no hay que restarle importancia a aquellas cosas intolerables que te cierran el estómago y te hacen huir desesperada, arrepentida y con ganas de cosértela. Como descubrir que coge como un toro pero también transpira como tal y no hay au de parfum que pueda con él.
O que el domingo a la tarde cuando podrían pasear de la mano mirando el río, haciéndose mimitos y proyectando cosas lindas, te dice “Abrime otra cerveza, mi negra, que está por empezar el segundo tiempo” y lo ves despatarrado en el sillón del living, con la picadita a medio terminar, el cenicero desbordado y la tele a todo lo que da transmitiendo el imperdible “Olimpo-Platense”…
Los calzoncillos sucios son causal de divorcio. Onda que le armás el bolsito con la prueba del delito incluida y le decís: “Mi amor, volvé con tu mamá que es incondicional y te quiere así como sos”.
Otra cosa insoportable son los pelos en la bañadera y ni hablar cuando quedan adheridos al toallón. Si a nosotras se nos cayeran toneladas de pelos como a ellos, no necesitaríamos depilarnos… ¡NUNCA!
También hay desatenciones irreparables como cuando olvidan fechas clave, tienen mal aliento, no bajan la tapa del inodoro y encima mojan donde no deben, o simplemente no se dan por aludidos ante el femenino reclamo “Amor, mirá que esta noche le dejo los chicos a mi mamá”. “Ah, bárbaro. Lo invité a Carlitos a cenar. Preparate algo rico”.
Está el hombre superado al que no le importa el qué dirán y ni se toma la molestia de mirarse al espejo para comprobar que está absolutamente impresentable, el langa de los ochenta que cree que la campera de jean y corderito es lo más y el que anda por la vida con el escarbadientes de Minguito hurgando en las profundidades para sacar la hilachita de asado del día anterior que no lo deja dormir.
Y cuidado si les decís algo. Son capaces de ofenderse, pobres seres incomprendidos. Por eso, mucho cuidado. A no dejarse engañar y si, pese a todo seguís adelante, hacé honor al dicho “Si te gusta el durazno, bancate la pelusa”.
Anyway… al final a mí un hombre me compra con After Eights, vacaciones en una playa paradisíaca y un buen polvo antes de dormir. Lo demás es negociable.

sábado, 17 de marzo de 2007

A veces es preciso cerrar la boca

Hola, Gabi!!
¿Cómo andás?
No sabés lo que me pasó. Esta vez metí la pata mal.
Resulta que el jueves me quedé hablando un rato con esa chica, Verónica, que tenía turno antes que yo. Salió el tema porque me contaba de las hijas que son divinas y se portan bárbaro, me preguntó en qué country vivía, si tengo hijos y le dije que no, que mi marido es divorciado y tiene dos hijas, etc. O sea, el resumen hipersintético de mi historia oficial.
Hablamos 5 minutos y, como me cayó bárbaro, le di un panorama (ya no me sale cerrar la boca a tiempo): que no tengo onda con las hijas, etc. No sé si llegué a contarle del cumpleaños de 15, no me acuerdo pero espero que no.
Lo que pasa es que después le conté a mi marido que había una mina como de cuarenta, alta, mona, que vive en el Barrio L, tiene dos hijas y se llama Verónica. Y él, después de preguntarme con insistencia cómo era físicamente, me dice: "Me parece que Verónica es la amiga de mi ex que se mudó hace un año y pico al Barrio L. Eran compañeras de trabajo, muy amigas, las hijas se llaman C y J y juegan siempre con mis hijas".
Te juro, Gabi, casi me desmayo. Porque no puedo creer que habiendo tantas mujeres en el planeta me vengo a topar justo con una amiga, muy amiga, de la ex de H. Obvio, me debe haber reconocido en seguida por lo poco que le conté. Seguramente hasta la habrán invitado a la fiesta.
Ahora te digo, ni me imaginé. Son el día y la noche. Verónica es súper elegante, fina, linda. La otra es un bagayo, con el pelo de escoba, gorda y resentida.¿Será la misma persona? Si es, estoy en el horno.
Me carcome la duda, si le habrá preguntado al doc por mí y qué le puede haber dicho él que es medio bocón. Me da miedo.
A mi marido le conté la versión parcial, editada, para no herir susceptibilidades. Se mata de risa y yo quisiera enterrarme viva.
Ahora cuando la ex se entere que voy al cirujano plástico le va a enchufar otra demanda de aumento de cuota alimentaria y nos embarga la camioneta.
Plissss, ayudame a averiguar si Verónica es realmente la persona de la que hablamos.
Después veo qué hago. Seguramente le diré "Mira, sabés que mi marido te conoce, qué casualidad, qué chico es el mundo". Y listo. ¿Que te parece? Me imagino cómo te estarás riendo de todo esto. La verdad que yo también, a pesar de todo. Estoy acostumbrada a mis metidas de pata, es como un don: “el don de la desubicación”.
Te mando un beso grande.
Buen fin de semana!!
Menta.

viernes, 16 de marzo de 2007

Procuro olvidarte

Me cansé de esperar.
No me sirven de nada tus miradas, tus frases seductoras, tus mensajes intencionados… ¿Para qué? ¿Con qué propósito? No te entiendo. No me gustan los hombres que no se definen. Ya no sé qué estás esperando y a esta altura no me importa. No valés tanto como creía. Me ilusioné pensando que eras alguien que nunca serás.
Te separaste. Me parece bárbaro. Aplaudo a tu ex que por fin se libró del tipo que vivió cagándola durante más de quince años sin siquiera guardar las apariencias por respeto a la única persona que decís te ama incondicionalmente. No sé cómo aguantó. Pobre, me da lástima. Y vos también me das lástima.
Tanto egocentrismo es más de lo que puedo tolerar.
No estoy enojada. Lo que siento es decepción… y tristeza. Pero nada en esta vida es eterno y sospecho que más temprano que tarde se me va a pasar. Deseo con ansias que otra vez salga el sol.
Que tengas suerte.

jueves, 15 de marzo de 2007

Fair Play

Es un hecho: el equipo de fútbol del country está en la lona. No sólo porque quedaron últimos en la tabla. ¡No tienen plata! No hay recauda: de los veintipico anotados sólo diez pagan la cuota y el resto se hacen los sotas. Están endeudados hasta la peluca con la Liga, el entrenador quiere aumento pero ni siquiera cobró los dos últimos meses y no hay ni para comprar pelotas. El año pasado mandaron hacer camisetas nuevas y como no podían bancarlas con el fondo de reserva porque no hay fondo de nada, cada jugador contribuyó pagando la suya. Muchos abandonaron el equipo pero consideran que la camiseta les pertenece y se niegan a devolverla porque ya forma parte de su guardarropas particular. Conclusión: éste va a ser un team multicolor porque sólo quedan ocho camisetas y los demás no pueden jugar desnudos, así que cada cual llevará la que más le guste.
El tesorero es uno de los vecinos más longevos y populares del country. Lástima que de administración no entiende un joraca y cree que da lo mismo entregar un recibo que una servilleta manchada con salsa de tomate donde reza “Fulano pagó la cuota de octubre”. Con la buena intención no alcanza, acá se necesita mano dura. ¿Y en quién delegan la noble función de perseguir deudores escurridizos y administrar las escasas finanzas de este equipo en decadencia? En mi dorima. Claro que cuenta con la asistencia del francamente insoportable vecino de al lado, ese que nació en Mataderos pero desde que se mudó al country se las da de J.R. apañado por una esposa histérica que sólo compra en Patio Bullrich “porque los demás shoppings son grasas” y cuando el jardinero toca el timbre para cobrar se hace negar a través de la mucama: “la señora no lo puede atender”. No… Si en este conventillo de lujo hay de todo y para todos...
El equipo de fútbol está para atrás. Y no ayuda mucho que el sábado alguno que otro llegue tarde al partido, con un litro de tinto encima porque “había asado y qué se le va a hacer…” y no pueda ni jugar parado mientras el resto del equipo lo putea hasta que finalmente se ofende y se va tambaleando a dormir la mona. El que no está lesionado tiene el orgullo herido porque lo dejan en el banco, entonces dice “yo no juego más” y es una cuota menos y una camiseta perdida porque ni amaga devolverla.
Pero ahora H va a poner orden. Le tengo fe. No tiene la menor noción de contabilidad pero para eso estoy yo que soy la tesorera encubierta. Y si este año no salen campeones, me mudo a otro country. (Como que me llamo Clotilde).

miércoles, 14 de marzo de 2007

DE VUELTA

El retorno siempre es complicado.
Lo primero que hice después de una semana de caipirinhas con sabor a vacaciones descontroladas, fue preparar unos ricos mates. No hay como el olor a yerba mate para sentirse otra vez en casa. Obvio que a las cuatro y media de la mañana, en ayunas, después de un vuelo largo y cansador, no resultó la mejor opción.
Volver… Cómo cuesta.
Tengo pila de trabajo atrasado y no sé por dónde empezar.
El perro también volvió del pensionado, “el jardín” como le decimos cariñosamente. Pensé que se me iba a tirar encima y a lamerme de arriba a abajo como es habitual luego de nuestras separaciones. Ni me miró. Corrió derechito a pelearse con la gata y a marcar territorio.
Por suerte no se incendió la casa. Días atrás estalló literalmente la central eléctrica de la casa de al lado y tuvimos desfile de bomberos, matafuegos y corrió algún que otro Valium para calmar los ánimos alterados. Afortunadamente no pasó a mayores y muchos siguen creyendo que esa noche al vecino se le ocurrió por algún motivo desconocido lanzar a la atmósfera coloridos y potentes fuegos artificiales.
Se me da por mirar con nostalgia los granitos de arena que quedaron en el fondo de la valija. Se terminaron las vacaciones. Y sospecho que este va a ser un año agitado.

viernes, 9 de marzo de 2007

O Brasil do meu amor

Não pense que meu coração é de papel.


La arena me quema los pies pero la sensación es relajante. Es lindo caminar en la arena. Y mojarse con la espuma de ese mar turquesa, tibio.
Tengo una fuerte sensación de extrañar cosas.
Creo que ya es hora de volver.

Vem Sambar

Noite de encanto e baile

Hoy a la noche fuimos a un pequeño pueblito a ver un espectáculo de Axe y Capoeira, con orquesta y bailarines del lugar. Es increíble la sensación de movimiento que te invade al arrancar la batucada. Imposible no entregarse al vértigo de ese ritmo vigoroso, apasionado, caliente.



Me encantan las bahianas con sus vestidos blancos repletos de volados. Los bailarines de capoeira son lo más. Vi un par de turistas alucinadas, siguiendo sus complicados y peligrosos saltos con los ojos desencajados, preguntándose si podrían trasladar el espectáculo a la habitación, onda room service completito.
El personaje de la noche es sin duda este trava divino que nos obligó a bailar hasta caer exhaustos al ritmo salvaje del Axe.

Una noche mágica.

martes, 6 de marzo de 2007

Chuva na praia

Es increíble como de pronto el cielo azul impecable se convierte en una única y amenazadora nube arrepollada, y en cuestión de segundos: el diluvio universal. Cuando a duras penas hemos logrado reunir nuestros petates para huir en desbandada… ¡el milagro! La nube desaparece como por arte de magia y el sol arde con renovada intensidad. Este fenómeno se repite a diario, dicen. Y ya lo estoy comprobando.


La historia del día es que, caminando por la arena húmeda como me recomendaron para fortalecer mi paz mental y aclarar las ideas, sin querer porque no lo vi, pisé un cangrejo que probablemente tampoco me vio y no tenía intención de quedar atrapado bajo mi pie.


¡Ay, qué dolor! Susto e incredulidad al ver esa cosa amarilla regordeta apretándome fuerte. Lo revoleé de una patada. No fue mi intención hacerle más daño del que él me hizo. En realidad, fue más por susto que por venganza. Sucedió todo tan rápido que decenas de turistas imbéciles corrieron sin aliento con la cámara digital siempre lista para inmortalizar el recuerdo y llegaron tarde.
-Hey, look at this! It’s a crab!
Y sí, nabo. Una cacerola no es. YO lo pisé, es mío. Pero me empujaron y ya se estaban sacando fotos con el pobre cangrejito. Uno llamó a la esposa y se acostaron los dos en la arena poniendo cara de “en el nuevo continente descubrimos un cangrejo”, después vinieron otros y como el bichito asustado quería escapar trataban de dirigirlo con un palito y me pareció que lo lastimaban. No pude impedirlo. Al final H se lo llevó lejos y lo puso a salvo pese a las protestas de toda esa banda de ignorantes que porque vienen de vacaciones a la tierra de los sudacas creen que tienen derechos de explotación sobre cualquier cosa que les parezca exótica.

Encontramos también aguas vivas de colores que parecen profilácticos usados.
Y rescatamos a un calamar bebé que estaba perdido en la playa.

lunes, 5 de marzo de 2007

Acontece

Acabo de tener un sueño ultra erótico y me desperté en el momento preciso. Sospecho que ya no podré volver a dormir.

El calor me tiene mal. Por la ventana se ve la piscina iluminada, un retazo de mar que se confunde con el cielo y enormes palmeras de un verde oscuro y lustroso. Me gustan las palmeras. Y también las plantas tropicales de hojas grandes, húmedas. Se respira humedad.
Hoy una señora me acosó en la playa queriendo hacerme probar las bondades de la baba de caracol. “No, obrigada”, pero ella insistía gesticulando ridículamente. A toda costa quería embadurnarme la cara con esa pasta asquerosa y a mí se acababa la paciencia y la cordialidad de turista ingenua. Gracias a Dios se dio por vencida. Pero me puteó en dialecto africano y probablemente me haya echado un gualicho.
Me parece que me voy a castigar con esa botellita de ron que vi en el frigobar. Si tengo suerte, en un rato estaré otra vez en los brazos de Morfeo.

sábado, 3 de marzo de 2007

O meu lugar está aqui

E quero que você venha comigo.


Costó pero aquí estoy. ¡Al fin!
Tuvimos que volver a casa de urgencia porque al hacer el check-in H se dio cuenta de que su cédula estaba vencida. Oh shit! Mientras lo esperaba emprendí mi ruta favorita, léase peregrinación por el free shop. Es peligroso cuando a uno le sobra el tiempo y hay verdes en el bolsillo y todo es tan tentador…
Me despaché un vino blanco bien frappé apenas subimos al avión. Me lo merecía.
Prometía ser un vuelo largo and so uncomfortable… Menos mal que un libro regordete me esperaba en el fondo de la cartera.
Como nada es eterno en esta vida, finalmente pisamos la tierra de mis desvelos.
Brasil, o pais mais grande do mundo.
Transpiro felicidad… aparte que hace un calor de la hostia y estoy pensando en quedarme en bombacha acá mismo en el aeropuerto.


-¡Flaca! ¿Sos vos?
¿Y éste quién es? Qué cara conocida. Pero si es… No, no puede ser. ¡Sí! Es Gonzalo. ¡El Gonchi! Después de tantos años…
-¡N-o l-o p-u-e-d-o c-r-e-e-r! Mirá donde nos venimos a encontrar. Si no nos vemos desde hace 10 años. ¡Qué casualidad!
-¿Qué hacés, flaca? Estas igual. Te vi cuando bajaste del avion pero “no te reconocí vestida”. ¡Jajajajajaja!
Ay, Dios. Ahora no. Cómo le explico a mi marido que ya puso cara de lo-voy-a-cagar-a-trompadas que éste era uno de los tantos chascarrillos de mis dulces compañeritos de facultad. ¡Qué tiempos aquellos!
-Ejem… Gonchi, seguís tan boludo como siempre. Te presento a mi marido.
Saludo de compromiso, “cara de orto” y “no se dónde meterme” se dieron la mano y yo pensaba ¿por qué no me habré cruzado con la Hna. Resignación en vez de este tarado?
-Bueno, me voy. Ahí me espera mi señora, mi suegra y los mellizos. Es un quilombo viajar así. ¡Chau, flaca! ¡Nos vemos!
(Espero que no).
-Chau. ¡Suerte!
Bueno, ahora me toca explicar lo inexplicable y apaciguar el mal humor de mi marido. Menos mal que ya vino la combi a buscarnos y el día está espectacular.

viernes, 2 de marzo de 2007

Primer día de clases


H está como loco comprando útiles escolares para las hijas. La ex le anticipó la listita hace unos días y él, para variar, se acordó un poco tarde. Papel glacé, ojalillos, carpetas (vi que compró una con dibujos de “El extraño mundo de Jack” y me dio celos), mochila Barbie con carrito, fibras y pinturitas y… ¡una canopla de dos pisos con imán y cajoncitos! En mis años de colegio había unas canoplas espectaculares de Kitty y Frutillitas pero mi mamá no quería saber nada de comprarme una porque eran muy caras y no le parecían prácticas. Así que me mandaba con esas cartucheras horribles de tela escocesa y cierre eminentemente prácticas pero tan démodé.

El recuerdo de mi primer día de clases es una mañana nublada en un patio grande lleno de chicas uniformadas, mamá sonriéndome desde lejos, el himno nacional susurrado entre bostezos y un dolor nuevo y punzante de “qué estoy haciendo en este lugar”. Encima tenía que quedarme a comer en el colegio porque mis papás trabajaban y no me podían cuidar, así que volvía a casa después de las cinco de la tarde.

Ya sabía leer y escribir antes de empezar primer grado. Mamá me enseñó cuando vio que mi hiperactividad hacía peligrar su paz física y mental. Entonces me ponía a hacer tarea y pasaba horas llenando renglones con “Aes” despatarradas y leyendo el libro “Upa” que ya me sabía de memoria.

De primer grado no me acuerdo mucho. Pero en segundo teníamos a la Hna. Resignación que nos obligaba a calcar. Por ese entonces mi vida estaba envuelta en papel de calcar. Una vez me retó porque calqué un mapa de la Argentina y me olvidé la provincia de Tucumán. Nos trataba mal la Hna. Resignación, como si hubiéramos nacido para cagarle la vida.

Al principio, las monjas me daban miedo.

La Hna. Asunta gritaba tan fuerte con esa voz de trueno que nadie osaba mirarla a los ojos. La Hna. Antonia chistaba desde lugares insospechados si alguien se atrevía a arrancar una mísera flor de sus codiciados canteros. La Hna. Rita que estaba un poco pirada, repartía estampitas en los corredores y organizaba colectas de boletos capicúa para cambiarlos por sillas de ruedas. De la Hna. Teresita, devenida en bondadosa viejita achacosa que no pasaba del metro veinte y por las tardes se sentaba a tejer pilas de escarpines para los huerfanitos, decían que había sido una severa profesora de historia y que las alumnas temblaban de sólo verla abrir la puerta del aula.

La más amorfa era la Hna. Hermelinda, la portera. Ya era vieja cuando empecé el colegio. Una vez se accidentó y le enyesaron un brazo dejándoselo extendido hacia delante, el codo doblado a la altura de la cara. Una posición no tan incómoda para ella como para quienes tenían la desgracia de toparse en su camino y ser literalmente noqueados con su violento revés.

La Hna. Salvación de los Pobres atendía el comedor y nos daba la merienda. Una vez me intoxiqué con unas medialunas de grasa que alguien (el anticristo) había donado al colegio. Tuvieron que darme dos inyecciones. También me hacía mal el mate cocido, de modo que mamá tuvo que pedir explícitamente que no me obligaran a tomarlo. Fue peor el remedio que la enfermedad porque la Hna. Salvación se plantaba a mi lado con una taza de leche hirviendo con nata y no me dejaba tranquila “hasta ver el fondo”.

Estaba bueno pasar la tarde en el colegio. Te enterabas de… “cosas”.

jueves, 1 de marzo de 2007

Too much noise...

Ayer fue la despedida de la colonia de vacaciones que organiza el country cada año. Hubo show musical, juegos, actuación, fotos y suelta de globos.
Como no tenían donde conectar los equipos de sonido (en realidad, un amplificador y un micrófono), usaron el único enchufe disponible del gimnasio. Para mi desilusión, cuando quise encender la cinta para mis veinte minutos diarios de marcha rápida, noté que un cable nuevo y largo, muy largo, salía por la ventana en dirección a la multitud de niños, padres y profesores reunidos para empezar el show. Esta vez, abdominales y sentadillas al ritmo de “El Bombón Asesino” y “La Gallina Turuleca”, en ese orden.
Hay una profesora de no más de 18 años que no es precisamente una beldad, pero tiene un cuerpazo digno de envidia. Resulta patético cómo los decentísimos padres de familia le miran el culo a la pobre piba, perdiendo la vergüenza con cada lata de cerveza extra. Y sí… cuando el marido las mantiene, ellas se callan la boca.
¡Pero será posible estos pendejos malcriados por qué no se van a joder a otra parte!
Tuve la tentación de boicotear el espectáculo desenchufando el susodicho cable, pero ya está tan difundida mi reputación de h de p inadaptada que temo no lograr nuevos reconocimientos.
“Chau, linda, hasta mañana”. ¡A la marosca! Pensé que el bañero se había ido, pero no. Ahora me mira con otros ojos y todos los días pasa por el gym y me saluda. O le caigo simpática o me quiere garchar, o las dos cosas. Diossss. No se salva nadie.
Pasada una hora entiendo que el show estará llegando a su fin. ¡Ay no! A veces, es preferible cerrar los ojos y no ver... ¿La que se disfrazó de Lisa Simpson es mi vecina de al lado? ¿La misma que gime y grita desaforada cuando viene el novio a coger? Mi doc le puso tetas nuevas (las necesitaba) y desde entonces está hecha una bestia sexual.
¡Por fin soltaron los globos!
Aplauso, medalla y beso. ¡Será hasta la próxima!