Extraño al Hombre… Pero más, mucho más extraño al Amigo.
Es lo malo de soñar todas las noches. O soñar es la consecuencia. O simplemente la forma inconsciente (¿inocente?) de liberar, de liberarse. El sueño no reconoce principios, se ríe de la moral, se ríe de uno mismo. A veces llora, también.
Parecía tan real que me dio miedo. Su voz tal como la recuerdo, su voz fue lo primero que conocí de él, no sé si se lo dije alguna vez. Su voz y esa mirada que me paraliza, que mira dentro de mí y después duda. O no duda, sólo está asustado. O duda porque está terriblemente asustado.
Me besó y fue el beso más lindo y más largo que recuerdo. No quería despertar, temerosa de moverme y estropearlo todo. Porque el soñador sabe que el sueño es sueño y que al más leve roce se evapora la ilusión y todo se torna prosaico y concreto, demasiado concreto.
No sé qué dijo, me hablaba al oído pero no podía pensar. Al fin desperté. Me quedé en la cama mirando el techo con los ojos abiertos de par en par, vacía, sin ganas.
Es que no logro evocar los buenos momentos, todo se confunde en una niebla opaca mezcla de bronca, tristeza, amor, angustia, a veces decepción... Cada vez que lucho con el recuerdo, lo único que escucho dentro de mi cabeza son gritos y nunca antes lo había oído gritar, nunca como esa vez. No puedo olvidar ni una sola de sus palabras, nunca nadie me lastimó tanto y, sin embargo, una y otra vez vuelvo a él, aunque no quiera y me resista.
Por momentos pienso en todas las cosas que nos perdimos de compartir, buenas y malas, pero sobre todo buenas pues éste ha sido –a pesar de todo- un buen año.
Quizá debía ser así… “Es el destino”, dirán algunos, los que nunca se comprometen. Pero yo no creo en eso.
Es lo malo de soñar todas las noches. O soñar es la consecuencia. O simplemente la forma inconsciente (¿inocente?) de liberar, de liberarse. El sueño no reconoce principios, se ríe de la moral, se ríe de uno mismo. A veces llora, también.
Parecía tan real que me dio miedo. Su voz tal como la recuerdo, su voz fue lo primero que conocí de él, no sé si se lo dije alguna vez. Su voz y esa mirada que me paraliza, que mira dentro de mí y después duda. O no duda, sólo está asustado. O duda porque está terriblemente asustado.
Me besó y fue el beso más lindo y más largo que recuerdo. No quería despertar, temerosa de moverme y estropearlo todo. Porque el soñador sabe que el sueño es sueño y que al más leve roce se evapora la ilusión y todo se torna prosaico y concreto, demasiado concreto.

Es que no logro evocar los buenos momentos, todo se confunde en una niebla opaca mezcla de bronca, tristeza, amor, angustia, a veces decepción... Cada vez que lucho con el recuerdo, lo único que escucho dentro de mi cabeza son gritos y nunca antes lo había oído gritar, nunca como esa vez. No puedo olvidar ni una sola de sus palabras, nunca nadie me lastimó tanto y, sin embargo, una y otra vez vuelvo a él, aunque no quiera y me resista.
Por momentos pienso en todas las cosas que nos perdimos de compartir, buenas y malas, pero sobre todo buenas pues éste ha sido –a pesar de todo- un buen año.
Quizá debía ser así… “Es el destino”, dirán algunos, los que nunca se comprometen. Pero yo no creo en eso.