Qué creativo se vuelve el ser humano en el dolor…
Como Jasper Joffe, un artista británico abandonado por su novia y su galerista, que no ha tenido mejor ocurrencia que vender “toda su vida” en una exposición y empezar de cero otra vez.
Claro que no puede vender los recuerdos, si fuera tan fácil el mercado quedaría saturado en segundos.
Jasper ansía cambiar por completo y “renacer”. Desprenderse de todo y quedarse con lo puesto, literalmente.
No es que me guste su obra, de hecho no me gusta en absoluto, pero la idea me dejó pensando esta mañana mientras masticaba mis baybiscuits con dulce de leche.
Es absurdo imaginar que se puede empezar de nuevo tras sufrir un despojo semejante. Todos los afectos, las emociones, alegrías y tristezas, decepciones, fantasías… la vida entera traducida en objetos que son símbolos, hijos, expresiones de la voluntad o el sentimiento… todo rematado al mejor postor como trapos viejos carentes de interés.
No podría vivir sin mis objetos preciados y no es que peque de materialista, el valor es netamente afectivo, mis cosas no tienen precio, se trate del Jaeger-Le Coultre o del disfraz de Blancanieves o del cassette de Flashdance.
Imagino un testamento en el cual legar sabiamente cada objeto a quien más sabría apreciarlo, una forma de permanecer, de alimentar el recuerdo.
Sé muy bien a quien dejar mi piano, las zapatillas de punta, la colección de agujas de crochet y el
vestido de novia. Incluso sé quién cuidaría de la gata y una-que-yo-sé mataría por el abanico andaluz de la abuela.
La pregunta del millón es a quién dejar éste, mi tesoro, el baúl de mis secretos… Alguien capaz de entender sin prejuzgar, que sepa cuánto me importa, que pueda leer entre líneas las cosas que no sé cómo decir. Alguien que sea merecedor.
Él sabe, yo sé… digan lo que digan, no puedo pensar en nadie más.
Como Jasper Joffe, un artista británico abandonado por su novia y su galerista, que no ha tenido mejor ocurrencia que vender “toda su vida” en una exposición y empezar de cero otra vez.

Jasper ansía cambiar por completo y “renacer”. Desprenderse de todo y quedarse con lo puesto, literalmente.
No es que me guste su obra, de hecho no me gusta en absoluto, pero la idea me dejó pensando esta mañana mientras masticaba mis baybiscuits con dulce de leche.
Es absurdo imaginar que se puede empezar de nuevo tras sufrir un despojo semejante. Todos los afectos, las emociones, alegrías y tristezas, decepciones, fantasías… la vida entera traducida en objetos que son símbolos, hijos, expresiones de la voluntad o el sentimiento… todo rematado al mejor postor como trapos viejos carentes de interés.
No podría vivir sin mis objetos preciados y no es que peque de materialista, el valor es netamente afectivo, mis cosas no tienen precio, se trate del Jaeger-Le Coultre o del disfraz de Blancanieves o del cassette de Flashdance.
Imagino un testamento en el cual legar sabiamente cada objeto a quien más sabría apreciarlo, una forma de permanecer, de alimentar el recuerdo.
Sé muy bien a quien dejar mi piano, las zapatillas de punta, la colección de agujas de crochet y el

La pregunta del millón es a quién dejar éste, mi tesoro, el baúl de mis secretos… Alguien capaz de entender sin prejuzgar, que sepa cuánto me importa, que pueda leer entre líneas las cosas que no sé cómo decir. Alguien que sea merecedor.
Él sabe, yo sé… digan lo que digan, no puedo pensar en nadie más.